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Alauda Ruiz de Azúa: “Se culpa a los jóvenes por creer que el pasado era mejor pero estos jóvenes son nuestros, han crecido en nuestro contexto social”

Una vez su padre le dijo que jamás dejase de hacer nada por miedo. Alauda Ruiz de Azúa le ha hecho caso. Alérgica a una visión del mundo binaria, tras contar la historia de una chica aspirante a monja, prepara una serie sobre OnlyFans

Alauda Ruiz de Azúa lleva traje de dos piezas de EMPORIO ARMANI y zapatos de piel de WEEKEND MAX MARA.

Ha hecho una de las películas más controvertidas (en el mejor sentido posible) del año que acaba de irse. En Los domingos, que ha logrado 13 nominaciones a los Goya (incluida la de mejor directora), Alauda Ruiz de Azúa (Barakaldo, 1978) se atreve a preguntarse qué pasa en la cabeza de una adolescente que decide meterse a monja. Pero es que antes osó a reconstruir el mundo de una familia marcada por un padre maltratador psicológico; y antes, se arriesgó a ponerse en la piel de una madre primeriza que de pronto no tiene que cuidar solo a su hijo, sino también a su propia progenitora: “A mí no me interesa el cine que te deja un marco de conversación muy restringido, donde simplemente puedes estar a favor o en contra de algo”. Quizá por eso, está llamada a ser una de las directoras españolas más importantes de nuestro tiempo.

Pregunta. Nacida en Barakaldo en 1978. ¿Se da cuenta de que se puede leer como una declaración de intenciones?

Respuesta. Ahora ya con la edad y la perspectiva me doy cuenta. Barakaldo, tradicionalmente de clase muy trabajadora, y el año de la Constitución, una generación que nace sin dictadura ya, pero que la arrastra.

P. ¿Y se ajusta de verdad a lo que viene a la mente de forma automática?

R. Siempre he estado un poco en el límite en el sentido de que mi casa era más clase media. Mi padre era médico de Osakidetza y mi madre, ama de casa. Luego cuando vine a estudiar a Madrid y empecé a relacionarme con otra gente pues pensé: igual no soy tan clase media [risas].

P. En Querer hay un retrato de las clases altas vascas...

R. En sitios pequeños como Bilbao, en la universidad, saliendo los veranos, conviven con mucha facilidad algunos estratos sociales, hay bastante mezcla. Luego he escrito y rodado mucho sobre la familia vasca porque es para mí algo muy orgánico, algo que visualizo muy bien porque entiendo los códigos por haberlos observado y pensado mucho.

P. ¿Por qué le da tantas vueltas a lo de la familia?

R. Durante mucho tiempo piensas que la realidad de tu familia es la normalidad de todas. Y un día de pronto tomé conciencia de que no. Ese descubrimiento fue lo que me llevó a observar y escribir.

P. ¿Y hubo un momento concreto que fuese detonante?

R. En alguna conversación di por normal algo y de pronto, por la cara de la otra persona, comprendí: igual eso que estás contando no es tan normal. Cada intimidad familiar es diferente.

P. Regresó a Barakaldo de nuevo. ¿Qué pasó ahí para que quisiera hacer cine?

R. Crecí en una casa donde se amaba la cultura. Se leía, nos llevaban al teatro y mi padre, en concreto, tenía mucha afición por lo cinematográfico. Falleció hace poco y he llegado a pensar que todo empezó porque de alguna manera las películas eran mi forma de estar cerca de él, de tener algo de lo que hablar. Era algo en lo que nos encontrábamos de una forma natural. Eso escaló a que era un sitio donde encontraba mi refugio.

P. Guioniza sus películas. En su proceso de creación, qué va primero: ¿historia o imágenes?

R. Siempre empiezo en la escritura. Y siempre abordo temas que me despiertan algo inquietante y me generan muchas preguntas. En Querer, el maltrato psicológico en un matrimonio, y en Los domingos, por qué una niña querría meterse a monja. Lo primero que suelo hacer es escribir mucho sobre mis primeras sensaciones, mis prejuicios, mis miedos. Ahí está el motor de todo, el porqué de que me quiera acercar a un tema.

P. ¿Y le ayuda haber encontrado una actriz como Nagore Aranburu? Tan pronto puede hacer de mujer maltratada como de madre superiora despótica, a la que mucha gente ha visto como un dechado de prudencia…

R. Nagore fue un descubrimiento para mí en Querer. Para un personaje tan complicado como la priora necesitaba alguien como de mucha finura y de mucha confianza, y entonces se lo propuse a ella. Yo creo que entendemos el proceso de interpretar de una manera bastante similar, en el sentido de que también lo bonito y lo interesante es poder acercarte a algo totalmente ajeno y entrar en su forma de ver el mundo.

P. Lo curioso de Los domingos es que muchos creyentes han dicho que es muy buen retrato de la fe, y los no creyentes, lo mismo, pero de lo terrible que puede ser la Iglesia. ¿Tiene usted opinión sobre la madre priora?

R. Ha habido lecturas muy distintas, algunas antagónicas, pero en general muy diversas, y ese es el regalo. Por eso me incomoda quien intente simplificar. Para mí lo que plantea la película es cómo se construye la vocación de esta chica. Y ahí juega lo familiar, pero también lo religioso. Para mí, la madre priora es parte de un engranaje religioso que uno, cuando ve la película, se puede cuestionar si se está aprovechando de la vulnerabilidad de la chica. ¿Este engranaje se puede llegar a aprovechar de la vulnerabilidad de esta chica o no? Lo que no es incompatible con sentir fe y tener sentimiento religioso.

P. Y cuando salió el disco de Rosalía, con ella vestida de monja, ¿alucinó?

R. Sí, flipamos todos, claro. Pero bueno, fue una casualidad. Me han preguntado mucho si realmente hay giro católico o no. Creo que simplemente han coincidido dos cosas que han generado mucho interés porque artísticamente han gustado y han movido algo. Siempre digo que cuando estaba preparando el proyecto tenía la sensación de que estaba haciendo algo sobre un mundo que acababa, que no sobre un mundo que empezaba. Documentando la película me reuní con gente que hace catequesis que me dijo que cada vez se hacen menos comuniones y en las iglesias cada vez hay menos gente.

P. Si su padre viviese, ¿habría tenido con usted una discusión sobre la película?

R. Me hubiera dicho lo que pensaba, seguro, aunque no era un hombre muy hablador tampoco, la verdad. Sí recuerdo que cuando me vine a Madrid a estudiar cine y sentí vértigo me dijo: “Por miedo nunca dejes de hacer las cosas”.

P. Sergio del Molino ha dicho de usted: “Complica el punto de vista, destruye el maniqueísmo y coloca al espectador entre los dilemas crudos”. ¿Hay algún maniqueísmo que le haya costado mucho destruir?

R. Siempre intento buscar lo que es cuestionable de todos los personajes y lo que es entendible de todos los personajes. La incomodidad de mis películas viene de que muestra zonas ambiguas de todos los personajes.

P. ¿Cómo consiguió reflejar tan bien la violencia silenciosa de un maltratador psicológico?

R. Yo al investigar siempre busco patrones. En el caso de Querer es que la mayoría de las mujeres, si denuncian, tardan muchísimo en hacerlo. Entonces, no se puede falsear ese proceso, porque eso responde a algo muy humano, que es el miedo y el sometimiento. Igual que los procesos de discernimiento religioso, muchas veces el proceso de asumir el maltrato termina en ruptura familiar. Luego, además, yo siempre dejo margen al espectador. Muestro las escenas que a mí me parecen incómodas, inquietantes, cuestionables, que lanzan preguntas, pero dejo que tú como espectador saques tus conclusiones. Mis personajes no trabajan para una conclusión moral.

Ruiz de Azúa lleva top de punto negro de SPORTMAX, pantalón de cuero de WEEKEND MAX MARA y anillos 
de SUSMIE’S. Las gafas de ver son suyas.

P. Las abuelas y su papel como árbitros en las familias tienen mucha importancia en sus películas. ¿Es algo que tenga que ver con su vida real?

R. Las abuelas y las madres marcan muchísimo el tipo de vínculos afectivos y de jerarquías que se establecen en una familia. Mis abuelas eran distintas entre ellas. Una la que sigue la línea del amor, del cuidado, de no molestar y la otra, la línea dura, la de vamos a ser fuertes para no sufrir.

P. Está trabajando en un proyecto sobre OnlyFans. ¿Le ha llevado a cuestionarse su propia moral ver cómo tratan su sexualidad los jóvenes de nuestro tiempo?

R. Supongo que egoístamente, también como madre, quiero explorar esto porque es un mundo que como adulta me queda muy lejos, pero es el mundo y el futuro, que ya está aquí. Me interesa que me propongan una conversación y que me obliguen a pensar cómo me colocaría yo frente a las cosas. Y en el caso de las plataformas del estilo OnlyFans, es que están creciendo y en ellas hay muchos chicos y chicas que ganan mucho dinero, lo que les da una autonomía, una independencia, que si no, no tendrían, pero a la vez, perpetúan un sistema que se la quita. Luego es un asunto con mucho escaparate y mucha trastienda.

P. De las variadísimas amenazas que acechan a la juventud en el mundo de Trump, ¿cuál es la que más le preocupa?

R. Que no les hayamos dado herramientas o contexto para que generen su propio pensamiento crítico, para que sean capaces de analizar, de cuestionarse, de no dejarse embaucar por el ruido. Cuando eres joven todo es visceralidad y te falta perspectiva vital, y cuando ves el auge del populismo, del totalitarismo, del fascismo, te preocupas más.

P. ¿Y usted qué fórmula usa con su hijo?

R. Escuchar, antes que imponer: escuchar, preguntar. Conversar pensando, intentando entender también. A veces siento que es un poco injusto cuando a la gente joven ahora se la trata como si fuesen idiotas; se les culpa por creer que era mejor el pasado, cuando no lo era. Estos jóvenes son nuestros, no han nacido por generación espontánea, se han criado en nuestro contexto social.

P. ¿Cree que su obsesión por comprender muchos puntos de vista tiene que ver con ser vasca y haber vivido una juventud en un conflicto permanente?

R. Hombre, claro. Mi adolescencia y mi juventud coincidieron con el momento más duro de todo lo que pasó con ETA. Me ha tenido que marcar. No vives en un contexto social así tantos años, con toda esa violencia, todo a lo que estábamos expuestos, y sales completamente indemne. En concreto me hizo más escéptica en cuanto a cuestiones políticas de patria, de patriotismo. Me hizo más crítica, más analítica y más solitaria también, en el sentido de que me gusta ser independiente en mi pensamiento. Tiendo a cuestionar mucho los discursos colectivos.

P. Cuando usted abra ese melón en el cine…

R. Ya. Y yo de ese melón, además, creo que está muy bien que se hagan muchas películas porque todavía está muy reciente y no sé hasta qué punto, hemos acabado todavía ni de transitar, ni de reparar, ni de hablar. Cuantas más películas mejor. 

Ruiz de Azúa lleva top y falda de ADOLFO DOMÍNGUEZ.

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