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“No quiero hablar de sofocos”: la menopausia abandona la sombra buscando los aspectos positivos (porque los hay)

Aunque la visibilización de la menopausia ha traído consigo lo que algunos expertos llaman menowashing, es fundamental señalar los avances y los aspectos positivos que esta etapa trae consigo para muchas mujeres

Westend61 (Getty Images/Westend61)

“No quiero hablar de sofocos ni de cosas que se pueden leer en otro lado… ¡Cuántos mensajes negativos!”, dijo la aclamada ginecóloga y obstetra Marimer Pérez a SModa cuando confesó estar harta de que los medios solo pusieran el foco en los puntos negativos de la menopausia. “Hay aspectos que pensé en tratar con mi psicólogo que la menopausia me ha resuelto. Las cosas te empiezan a importar mucho menos”, aseguró la autora de No me sueltes: Historias reales de una obstetra(Lunwerg Editores, 2025).

Afortunadamente, tras haber estado sumidas en el silencio y la invisibilidad, la perimenopausia y la menopausia están saliendo a la luz con cantidad de perfiles en redes y celebridades hablando de lo que les ocurre durante estas fases de la vida. Sin embargo, al mismo tiempo la industria está sacando partido del creciente interés por esas etapas que si antes eran silenciadas, ahora son vistas como una irresistible oportunidad de negocio. Millones de mujeres están siendo explotadas por la “fiebre del oro de la menopausia”, y muchos expertos aseguran que empresas, celebridades e influencers se aprovechan de la escasez de información fiable sobre el tema. Y al hacerlo, imponen cierta presión en cantidad de mujeres.

Es el caso de Clara Montagut, ilustradora, artista y educadora, que en sus redes sociales alzaba la voz con unos stories. “Estoy feliz de tener visibilidad en todas las etapas de nuestras vidas, de que dejemos de ser invisibles y hablemos de ello todo el rato. Pero ojo con el bombardeo”, advertía. “Chicas en peri y menopausia, ¿no os parece que tanto bombardeo de entrenamiento, suplementación y couching agobia un poco? Volvemos a caer en el consumismo y la presión sobre nuestros cuerpos y nuestros bolsillos. El sofocowashing es el nuevo pinkwashing”, decía. Al contactar con ella, comenta a SModa que las mujeres, a partir de cierta edad, comienzan a ser invisibles para casi todo(s)… Menos para el marketing. “Pasamos de la presión del tampaxa la del Clearblue, y ahora a la del magnesio. Somos visibles, pero seguimos siendo imperfectas para los ojos de los demás. Ya no por estar perfectas, sino por hacernos responsables de no envejecer sanas”, comenta.

“No me da ni el sueldo ni las horas del día para tostar el sésamo antes de triturarlo, para hacer ejercicios de fuerza (de tener un entrenador personal, ni hablamos), para poner a remojar la chía, para hacerte el pastillero con más cápsulas de colores que el de mi octogenaria madre, la melatonina para el insomnio, para andar los 10.000 pasos diarios, tomar el sol 10 minutos diarios, cuidar mi salud mental con meditación y terapia, cocer los huesos una hora para hacer caldo de colágeno… Me da ansiedad solo de escribirlo”, dice con humor.

Es aquí donde la doctora Cristina Urzaiz, ginecóloga de Clínica Premium Marbella, asegura que hay que valorar a la menopausia en su justa medida. “Es maravilloso que se visibilice, se normalice y se sepa que tenemos muchas herramientas para mantener y mejorar la calidad de vida de la mujer, pero no puede ser usada para otros fines, aprovechando el miedo y la incertidumbre que puede inspirar”, explica.

Porque en paralelo a este cambio de narrativa ha surgido un fenómeno que algunos expertos llaman menowashing. Alude a la tendencia de marcas, personas y empresas de apropiarse del discurso sobre la menopausia para lucrarse, conviviendo así el interés por romper el tabú con una creciente estrategia comercial que ve en esta etapa una oportunidad de negocio.

Las cifras lo reflejan con claridad. El mercado global de productos y servicios asociados a la menopausia —que incluye desde cosmética y suplementos hasta aplicaciones digitales y tecnología médica— alcanzó los 16.900 millones de dólares en 2023 y, según previsiones del sector, podría superar los 24.400 millones en 2030. Este crecimiento responde en parte al envejecimiento de la población, pero también al renovado interés de las marcas por dirigirse a mujeres que, pese a tener un notable poder adquisitivo, durante años quedaron fuera del radar de muchas industrias del bienestar y la salud.

“El problema no es que se venda, sino qué se vende y cómo se vende”, advierte Lucía Yturriaga, activista de la menopausia y fundadora de Womanhood, que considera que lo preocupante no es que existan marcas o productos dirigidos a mujeres en esta etapa, sino que algunas empresas intenten aprovecharse del desconocimiento, del malestar o de la ansiedad para colocar un marketing vacío. “Mucho envoltorio, mucho discurso oportunista y poca sustancia. Cambiar el color del packaging, poner palabras de moda en la etiqueta o lanzar una campaña supuestamente empática no basta si detrás no hay calidad, una formulación seria, evidencia o una respuesta real a lo que necesitamos. No necesitamos menos mercado: necesitamos más rigor, más calidad y menos oportunismo disfrazado de escucha”, dice la autora de Hace calor y soy yo (Grijalbo, 2026).

Los aspectos positivos

La Dra. Radharani Jiménez, autora de La perimenopausia existe (Grijalbo, 2026), lleva años centrada en mandar mensajes positivos sobre la menopausia, que ha de ser dejada de ver como una enfermedad para ser vista como un proceso natural. “Las mujeres necesitan conocer los cambios que implica el cese de la actividad de nuestros ovarios y la disminución de nuestras mal llamadas ‘hormonas sexuales’ más allá de dejar de tener reglas. El conocimiento es la única manera posible de empoderarnos. Hay muchas mujeres para las que su menopausia es la mejor etapa de sus vidas y gran parte de mi misión es que sea así para todas”, explica. Y asegura que para lograrlo, se necesitan herramientas. “Para que vivamos la menopausia con plenitud, la mayoría necesitamos apoyo, información, herramientas y algunos cambios en el estilo de vida. Si le dices a una mujer que apenas duerme, le duele todo el cuerpo, tiene sofocos y se siente triste que esta es la mejor etapa de su vida, pero no le ayudamos a resolver sus problemas, la haremos sentir aún peor. Por eso me dirijo con frecuencia a quienes sufren, porque necesitan sentirse escuchadas y validadas para recuperarse a ellas mismas”, comenta.

Yturriaga comenta que si faltan mensajes positivos quizás sea porque la mirada sobre el envejecimiento femenino sigue siendo paupérrima, mientras que lo habitual es situar en el terreno de la carencia a las mujeres que ya no están en edad fértil. “Creo que hacen falta más mensajes positivos, pero positivos de verdad, no cursis ni vacíos. Mensajes que no nieguen que puede haber síntomas ni dificultades, pero que tampoco presenten esta etapa como un hundimiento inevitable. Porque no lo es. El miedo muchas veces no viene solo de lo que pasa en el cuerpo, sino del relato cultural que hemos construido alrededor del envejecimiento, de la feminidad y del valor de las mujeres. Y ese relato, por suerte, también se puede cambiar”, dice esperanzada.

Afectada por una perimenopausia temprana, Naomi Watts lleva años luchando para romper tabúes sobre la menopausia. Autora de Me atrevo a contarlo: Todo lo que me habría gustado saber sobre la menopausia (Lunwerg, 2025), escribió para The Guardian un ensayo en el que compartió la opinión de una de sus amigas, la periodista Mariella Frostrup. “En la mediana edad, los hombres se compran motos o coches veloces. Las mujeres se doctoran”, aseguró. “Muchos hombres parecen bajar un poco el ritmo a esta edad y piensan en la jubilación y en empezar a jugar al golf. Y las mujeres parecemos volvernos mucho más decididas, ambiciosas y centradas a medida que baja nuestra oxitocina, perdemos el cariño por los niños pequeños y nuestros hijos se van de casa…Y esa es una oportunidad. Mientras los hombres bajan el ritmo y se van al campo de golf, ¡aquí estamos, listas para tomar el control!”, dice.

Ana Lombardía, sexóloga que imparte el curso online “Sexualidad y pareja en la perimenopausia y la menopausia”, quiere también compartir los aspectos positivos de estas fases. “Muchas mujeres afirman que, durante la menopausia, sufren un redescubrimiento de la sexualidad: se priorizan más, conocen más su cuerpo, se liberan de inseguridades con respecto a su aspecto y consiguen disfrutar más que antes. Esto puede sonar contradictorio con la idea que tenemos de la sexualidad de la mujer en menopausia, pero es importante desterrar ese mito”, asegura.

Indica que para muchas mujeres, el hecho de que la menor lubricación haga que la penetración sea una práctica menos atractiva para ellas ha hecho que se abran a otras que sí les reporten mayor placer, como la masturbación, el sexo oral y la estimulación de todo el cuerpo. “Para muchas, la menopausia trae el fin del coitocentrismo y con ello, unas formas de sentir placer que estaban relegadas a un segundo plano”, dice. Porque como asegura Anna Freixas en Nuestra Menopausia (Capitán Swing, 2024), “es posible sentirse más libre sexualmente a los 60 años que a los 25”.

Avances

Para comenzar, Urzaiz, quiere aplaudir los avances existentes, comenzando por la escucha y validación de los síntomas de una mujer cuando acude a consulta. “El acompañamiento para comprender y aceptar el cortejo sintomático en su contexto tanto vital como emocional y social y, por fin, el ofrecimiento de una terapia integral, personalizada y adaptada a cada mujer, son vitales”, asegura.

Lucía Yturriaga aclara que pese a que hay cantidad de avances, es preciso tener en cuenta que durante mucho tiempo se han minimizado el dolor, el insomnio, la niebla mental, la ansiedad, los sofocos o los cambios de ánimo como si fueran exageraciones, como si formar parte de la experiencia femenina implicara aguantarse. “Ahí ha habido un sesgo clarísimo: cultural, médico y social. A las mujeres se nos ha enseñado a tolerar mucho malestar y a pedir disculpas incluso cuando estamos mal. La buena noticia es que eso, poco a poco, está cambiando. Hoy hay más conversación, más información y también más conciencia de que la perimenopausia y la menopausia no tienen por qué vivirse desde la resignación”, dice antes de comentar que hay formas de mitigar muchos síntomas. “Lo importante es entender que no hay una única solución válida para todas, sino distintas herramientas según lo que le pase a cada mujer y cómo le afecte en su vida. Hay que cambiar el enfoque y dejar de preguntarnos si es normal sufrir y empezar a preguntarnos por qué seguimos tolerando que se sufra sin buscar alivio. Avanzar no es solo que se hable más del tema; avanzar es que una mujer pueda decir ‘esto me está afectando’ y no reciba condescendencia, sino escucha, información útil y opciones reales para encontrarse mejor. Porque una cosa es que el cuerpo cambie y otra muy distinta asumir que el sufrimiento es el peaje obligatorio. No lo es”, dice.

Asun Arias, farmacéutica especializada en salud femenina, mira esperanzada al futuro. “Nos encontramos en el camino correcto, que no es otro que conocer en profundidad los signos y síntomas que acontecen a la mujer en el climaterio. Es necesario conocerlos a nivel molecular, celular y clínico para poder crear suplementos, cosméticos y fármacos —como así se está haciendo— que ayuden a mejorar la calidad de vida de la mujer en esta etapa y convertirla en la mejor posible”, dice. “De este modo, aparecen suplementos que están ayudando a paliar los sofocos, la irritabilidad, el insomnio o el síndrome genitourinario, con resultados extraordinarios en muchas mujeres antes de llegar al fármaco, que también es otro gran aliado”, añade.

“Pienso que una de las mejores cosas que me han pasado en la vida ha sido la menopausia. Y estoy segura de que no soy la única”, escribe Rosa Montero en El País Semanal, donde comenta que los dolores que sufría cada menstruación, junto con “el miedo a un embarazo no deseado”, desaparecieron con la menopausia. “Estoy hasta las cejas de la patologización de lo femenino. Me revienta que procesos biológicos naturales sean convertidos socialmente en fragilidades y dolencias. Sin duda debe de haber mujeres que lo pasen mal, e incluso muy mal, durante la menopausia, pero estoy segura de que es un porcentaje minoritario, y de que sería aún más bajo si no nos sometiéramos dócilmente a la profecía autocumplida de esperar la menopausia con terror”, escribió Montero. Y por eso hemos querido recoger en este artículo los testimonios de diferentes expertas que hablen de algunas de las bondades de la menopausia y recalquen algo fundamental: que no existe una menopausia única. Para terminar, nada como recordar que en La mujer renovada (Salamandra, 2023), Louann Brizendine se refiere a la menopausia como ‘la renovación’, pues para ella, “esta fase es una ocasión para crecer en sabiduría, fortaleza y resiliencia. La renovación es un maravilloso portal que nos conduce a los mejores años de nuestra vida”.

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