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Demanda a Jo Malone por colaborar con Zara: el culebrón con desplantes públicos que agita al sector de la belleza

El grupo Estée Lauder ha demandado a la perfumista Jo Malone por su trabajo para Zara, firma con la que lleva colaborando siete años. Malone, que vendió su marca homónima en 1999 a Lauder, ha respondido con un vídeo en Instagram. Y Zara, fiel a su filosofía, guarda silencio

La empresaria Jo Malone posando con su condecoración CBE en el palacio de Buckingham en 2018. La distinción le fue concedida por sus servicios a la economia británica.JONATHAN BRADY (AFP via Getty Images)

Probablemente sea un signo de los tiempos, pero hoy las acciones legales no se circunscriben al trabajo de los abogados, sino que se defienden y difunden en redes sociales. Y aquí, donde manda la viralidad, el relato comunitario parece valer incluso más que cualquier sentencia jurídica. La última en probar suerte para llevarse la razón en la plaza pública digital ha sido la perfumista Jo Malone, que esta semana compartía un vídeo en su cuenta de Instagram defendiéndose de la demanda con la que el grupo Estée Lauder la desafiaba el pasado mes de marzo. A ella y a la matriz británica de Zara.

“Mi nombre es Jo Malone, soy la persona, creadora de fragancias, emprendedora, superviviente de cáncer, persona”, explicaba la inglesa ante sus 117.000 seguidores desde su residencia en Dubái. “Estoy segura de que muchos os enterasteis hace varias semanas de que el grupo Estée Lauder inició un procedimiento ante el Tribunal Superior contra mí. En este momento estoy muy sorprendida y triste. Este procedimiento no es solo contra mí, es también contra Zara. La razón es mi trabajo creativo con Zara”. La firma del grupo Inditex confirma por mail que no hará declaraciones sobre el asunto.

La creativa comenzó a trabajar con la cadena del grupo Inditex en 2019 y desde entonces ha lanzado diversas fragancias superventas para la marca, pero la queja del grupo Lauder se centra concretamente en una colaboración que aterrizó el pasado otoño. Se trata de una reedición aún a la venta, con algunos de los jugos más buscados de Malone para Zara; solo que esta vez los productos se promocionan con el mensaje “Creado por Jo Malone CBE, fundadora de Jo Loves”, añadiendo al Jo Malone (propiedad de Estée Lauder) el título de Comandante de la Orden del Imperio Británico (CBE por sus siglas en inglés) que recibió en 2018 de manos del entonces príncipe de Gales, hoy Carlos III. La creativa defiende que ese título basta para hacer ver que la que compone los perfumes es Malone la persona, la galardonada; no la marca.

“Dejadme llevaros un poco atrás”, proseguía Malone, “hace siete años empecé a trabajar con Zara, se me acercaron. No se acercaron a una compañía, no se acercaron a una marca, no se acercaron a un logo. Se acercaron a mí, Jo Malone, la persona. Me pidieron trabajar con ellos y crear bellas fragancias que cualquiera en el mundo pudiera llevar”. Apelaba a la democratización de los productos de la que hizo bandera la firma del grupo Inditex, pero no recordaba que la historia se remonta más atrás en el tiempo, al menos hasta 1999, cuando vendió su compañía homónima —y con ello, los derechos sobre su propio nombre— al gigante estadounidense.

La inglesa Jo Malone en un acto promocional de su firma en Beverly Hills, en el año 2001.

Jo Malone, la mujer, ha llegado a lo más alto, pero no ha tenido una vida fácil. Nació y creció al sureste de Londres, en una familia desestructurada que tiraba adelante con ayudas sociales. Su padre les abandonó y su madre sufrió un derrame cerebral cuando Jo (cuyo nombre completo es Joanne Lesley Malone) era adolescente y tuvo que dejar el colegio para cuidarlas a ella y a su hermana pequeña. Empezó a trabajar como dependienta y pronto se estableció con su madre, como esteticista. Tenía un don y en los ochenta se convirtió en nombre recurrente entre la alta sociedad inglesa, llegando a trabajar para la princesa Diana o la reina Noor de Jordania.

Allí, entre tarros y aceites descubrió su desarrollado sentido del olfato y en 1994, en la cocina de su vivienda, dio forma a su casa de fragancias. Ideó aromas como Lime Basil & Mandarin o Amber & Lavender, que aún hoy siguen conectando con el público. La aventura fue un éxito rotundo, triunfó en su país y triunfó en Estados Unidos, con parada hasta en el programa de Oprah Winfrey. Y entonces, solo cinco años después de fundarla, vendió su marca a The Estée Lauder Companies (ELC) por una cifra que nunca transcendió. Poco después, con solo 38 años, le diagnosticaron un cáncer de mama que la tuvo apartada de la creación y a su vuelta nada fue igual. Se mantuvo al frente de la enseña hasta 2006, pero entonces salió del grupo. Un lustro después, cuando venció la cláusula de no competencia, fundó una nueva compañía, Jo Loves.

Se lleva arrepintiendo casi desde entonces de haber vendido, como deja claro en cualquier entrevista. “No pensé en todas las implicaciones”, reconocía el año pasado en The Times sobre la venta una empresa que además llevaba su nombre. “Estaba tan ocupada creando que no pensaba en la parte de negocio. Y realmente cuando vendí a Lauder pensé que me quedaría trabajando allí para siempre”. En la misma pieza defendía su decisión de haberse mudado a Dubái y no pagar impuestos en su país, precisamente ella que había comprobado en su infancia la importancia del estado de bienestar: “Lo que sucede es que uno empieza a desilusionarse. Uno trabaja duro, paga sus impuestos, pero luego su hijo o su madre se enferman, los lleva al hospital y tiene que esperar tres días en una camilla”.

La pelea por un nombre y por un mercado muy jugoso

La relación entre Jo Malone, la mujer, y Jo Malone, la marca propiedad del conglomerado, nunca ha sido fácil. Pero hasta ahora no habían llegado a las manos de los tribunales. Lauder es dueño del nombre y la creativa, según los estadounidenses, no puede utilizarlo en ciertos contextos, incluido el marketing de fragancias. “El uso que hace la señora Malone del nombre ‘Jo Malone’ en relación con sus recientes proyectos comerciales va más allá del acuerdo legal y menoscaba el valor de marca único de Jo Malone London”, contaba en mayo un portavoz de Lauder a Reuters.

No es la primera mujer que se da cuenta de que no puede utilizar su nombre propio para sus nuevos proyectos, ni si quiera la primera dentro del grupo, dueño también de Bobbi Brown, maquilladora que ahora gestiona una nueva etiqueta, Jones Road Beauty. La historia es también bien conocida en el mundo de la moda, con una larga lista de diseñadores compuestos y sin nombre: de Jil Sander a Helmut Lang, John Galliano, Christian Lacroix, Halston…

Por su parte, ELC no atraviesa su mejor momento y Stéphane de La Faverie, su CEO (que dirige la compañía desde 2024), se encuentra en plenas negociaciones de una posible fusión con Puig. Además de Malone, en su cartera cuentan con otras etiquetas de perfumería nicho como Editions de Parfums Frederic Malle o Kilian, pero el sector nunca ha sido su fuerte. “La perfumería es la categoría de más rápido crecimiento en la industria de la belleza, pero las ventas netas de ELC se mantuvieron planas en el año fiscal 2025”, contaba Brennan Kilbane en The Business of Fashion el pasado mes de octubre. El sector, que creció en torno a un 7% anual entre 2022 y 2024 según la consultora McKinsey, se prevé que siga agrandándose al menos un 5% al año hasta 2030, empujado por un cambio en los gustos y en los hábitos o por la gran demanda de los más jóvenes.

La perfumería crece imparable, pero también lo hacen los dupes (término que alude a productos baratos que se parecen a otros de lujo). Y en este escenario los aromas de Zara se ofertan a un precio infinitamente menor: los frascos de 100 mililitros de la colaboración con Jo Loves, por ejemplo, están disponibles por 29,95 euros, mientras que una colonia con el mismo volumen en Jo Malone se puede comprar por 150 euros. Además, muchos de los jugos que Malone perfumista ha desarrollado para la marca española son para innumerables usuarios en redes sociales aromas similares a otros de lujo. Al igual que en moda, en perfumería Zara se sacude las críticas defendiendo que no copia, sino que trabaja con acordes inspirados en las tendencias globales que demanda el mercado. También como ha hecho en moda, la cadena española lleva varios años elevando su propuesta de belleza con productos de calidad empaquetados con todo tipo de aderezos que los elevan: de colecciones en colaboración con grandes nombres (como la maquilladora Diane Kendal, responsable de su línea de color o el peluquero Guido Palau, detrás de Zara Hair) a campañas con los mejores equipos. Siempre manteniendo un precio asequible.

“Me pasan muchas ideas por la cabeza”, proseguía en su vídeo Malone, “la primera, ¿hacia dónde voy desde aquí? ¿Quién podría ser? No puedo dejar de ser una persona. La segunda pregunta que me hago, y esta es la grande, es por qué ahora. No tiene sentido. Siete años con Zara. Así que, si estaba mal, hubiera estado mal desde el primer día. Pero nadie hizo nada sobre ello. Esa es la gran [pregunta] para mí, ¿por qué ahora? Y la tercera pregunta es ¿hacia dónde vamos? Si no puedo ser yo, quién voy a ser durante el resto de mi vida”. Pese a todo remataba con una llamada a la contención, o al menos con un último giro en el relato: “Si fuera necesario, defenderé mi posición en el tribual, aunque —porque esta es la persona que soy— espero que la sensatez prevalezca y que encontremos una nueva y diferente manera de poder trabajar en el mismo mercado”, añadía en su cuenta de Instagram, donde habitualmente comparte desde las historias detrás de sus creaciones, curiosidades entrañables o ideas para hacer layering, hasta momentos de su día a día (recetas de batidos, viajes, consejos para emprender o su vida en Dubái).

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