Lorenzo Villoresi, perfumista: “Hoy parece que en vez de soplar el viento para impulsarnos hacia delante, nos tira hacia atrás. Pero la creatividad va más allá”
Villoresi, perfumista y filósofo, siempre se ha mantenido independiente y libre. Acaba de presentar en Pitti Fragranze su primera creación en siete años
![Retrato de Lorenzo Villoresi en su estudio en Florencia. “Creamos fragancias para permanecer. A veces nos sorprenden. Por ejemplo, hace mucho creamos un perfume sobre el pachulí [Patchouli, 1996] que vendió muy poco. Pero algunas celebridades como Nicole Kidman lo apreciaron y de repente su popularidad creció”, confiesa el nariz.](https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/UGEZ5B6GR5HGZISIQ374OGGCKI.jpg?auth=96e19d139a0712cc0a3a6ab26fc8dfb6fd855d204889ddd8e075dcfc29575154&width=414)

Muchas de las plantas que decoran el jardín del palacete de Lorenzo Villoresi (Florencia, 69 años) en su ciudad natal no son meramente decorativas, sino que forman parte del recorrido del museo que se ubica en el sótano del edificio. Están colocadas en grandes macetas que permiten moverlas según reclame el tiempo atmosférico, como ya hacían los Médici en el Renacimiento. El propio Villoresi se crio en una villa a las afueras de la ciudad, entre huertos, hierbas aromáticas, parterres de lavanda o grandes naranjos. Ahora recrea algunos de esos aromas para que las nuevas generaciones puedan experimentar, explica en una de las regias salas de este edificio de la orilla izquierda del Arno, que es también la sede de su compañía. “Todo empezó porque hicimos una enciclopedia de unos 70 fascículos sobre el mundo del perfume y nos ganamos fama de expertos. Así que la gente empezó a buscarnos para pedir información”, recuerda. De aquella experiencia nació el museo: “Los niños sienten mucho respeto por los olores; les alegran, les resultan interesantes, les importan. Para ellos tienen un gran impacto emocional”.

La juventud es el hilo conductor de su última creación, Teti. Los mitos son una inspiración inagotable para el italiano, que en esta ocasión se fija en la nereida Tetis. Pero más allá de ser madre de Aquiles, lo que a Villoresi le interesa es su posición etérea, sin relación con ningún momento histórico concreto. Esa noción escapista es el punto de partida sobre el que construye una composición colorida y vibrante, pero sin notas rápidamente identificables. Un jugo embotellado en llamativos frascos fucsias que acapararon atención en el expositor que la firma preparó para la última edición de Pitti Fragranze, la feria de perfumería artística que se celebra cada año en la ciudad. Había expectación: Teti es el primer lanzamiento de la casa desde 2018. Porque el italiano es un privilegiado que puede permitirse hacer las cosas a su manera.
Su marca homónima es de las pocas que se mantienen independientes en un panorama dominado por grandes conglomerados, todos a la caza y captura (vía desembolsos millonarios) de firmas nicho. Controla, en una inusual integración vertical, hasta la producción de los jugos. Todo le coloca en una posición que le posibilita ir por libre, crear cuando le apetece y proponer nuevos caminos creativos, como cuando en el 2000 ideó su título más icónico, Teint de Neige, un delicado floral tan evocador como aplicarse polvos de maquillaje con una borla de plumas. “Las grandes marcas realizan estudios de mercado antes de lanzar un perfume porque no pueden permitirse gastar millones en algo que no vaya a funcionar. El resultado es que por lo general no hacen nada nuevo. No es todo exactamente igual, pero sí similar. Solo los pequeños fabricantes podemos permitirnos crear una fragancia que no guste a todos”.

Villoresi llegó al mundo del perfume tras una formación poco ortodoxa. Estudió filosofía antigua, lo que le llevó a viajar frecuentemente por Oriente Próximo. “A principios de los ochenta era una zona muy rica en aromas. Egipto era el principal productor mundial de jazmín y de aquella época conservo recuerdos muy fragantes. Entonces empecé a mezclar cosas y en el 89 una amiga de una amiga de una marca de Roma me dijo que buscaban a alguien que pudiera producir popurrís, velas aromáticas y fragancias para el hogar. Yo estaba entonces haciendo pruebas, así que empezamos a colaborar”. La amiga se llamaba Maria Grazia Chiuri y la marca, Fendi.
Su visión descentralizada le ha permitido encontrar otros ángulos y perspectivas con las que contar sus historias olfativas. ¿El momento mágico? Cuando da con la nota que armoniza, “cuando una combinación resuena como una copa de cristal. Cuando de repente funciona lo puedes sentir”, confiesa este insólito perfumista que no pierde el pulso creativo. “Hoy parece que en vez de soplar el viento para impulsarnos hacia delante, nos tira hacia atrás. Pero la creatividad es algo que va más allá. Es como un deseo que uno debe satisfacer porque no sencillamente puede no hacerlo. A mí las cosas que aún tengo por crear me siguen viniendo a la cabeza y a veces llaman a la puerta con tanta insistencia que tengo que dejar lo que esté haciendo para atenderlas”.
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