En esta campaña nos tienen sordos y sin debates presidenciales
Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, los candidatos que puntean las encuestas en Colombia, han evitado asistir a debates, un escenario que demuestra el grado de sordera comunicativa que está permeando estas elecciones


En esta campaña presidencial se está imponiendo lo que Habermas llamó “la sordera comunicativa”, esa que impide el diálogo entre diferentes y suprime el debate para suplantarlo por eslogans que privilegian el algoritmo antes que la verdad.
Está tan acendrada la noción de que discutir con el que piensa distinto es un desgaste innecesario, que hasta los debates presidenciales se están poniendo en duda.
Nadie da un peso por esos escenarios. Iván Cepeda, el candidato de izquierda que va arriba en las encuestas, no ha ido a debates y prefiere sus discursos en las plazas. Paloma Valencia, que sí fue a debates antes de que ganara la consulta del Centro democrático, ahora dice que si Iván Cepeda no va, ella tampoco. A falta de debates, ambos han convertido el Congreso en un ring electoral, donde el debate ha sido reemplazado por sindicaciones de parte y parte.
De La Espriella no ha ido a ningún debate desde que lanzó su candidatura porque prefiere su formato en redes en el que un periodista fletado le hace preguntas que parecen sacadas del concurso del reinado de belleza.
Así como vamos, a los debates solo van a ir los candidatos que no pasan del 5 por ciento, un escenario preocupante que demuestra el grado de sordera comunicativa que está permeando esta campaña.
De todos, el formato que está imponiendo Abelardo De La Espriella es el más oprobioso porque sólo permite preguntas insulsas sin sustancia:
“Si usted tuviera que salvar a Colombia de una hecatombe, ¿por dónde comenzaría?”, “¿Nos puede decir cuáles son los tres platos típicos con los que iría a la fija? ¿el ajiaco pero no la changua? ¿Va a ser el primer presidente que usa los zapatos sin medias?
Las preguntas que abran una mínima ventana y que se atrevan a escrutar al candidato, están vetadas. Hace unos días el candidato se levantó muy molesto del set del programa de Melquisedeq Torres, un curtido periodista muy bien ranqueado en los corrillos de la derecha, porque el comunicador osó enumerar todas sus incoherencias. Al estilo Trump, se largó del programa, no sin antes darle al entrevistador una cátedra de periodismo.
Suprimir el debate, que permite el escrutinio de la opinión pública y la deliberación entre diferentes para caer en la moda de entrevistar a los candidatos presidenciales como si fueran reinas de belleza es un error que una democracia tan cascada como la colombiana no puede cometer.
Pero aquí no para esta historia. El candidato del petrismo, Iván Cepeda, también ha evitado hasta ahora los debates y ha dado muy pocas entrevistas. Cuando le pregunté por las razones que lo llevaron a tomar esa decisión, me dijo que no lo hacía porque huyera de la controversia de ideas sino porque desconfiaba de los medios y de su capacidad de desnudar las mentiras que la derecha le ha ido construyendo. A Iván Cepeda le montaron mentiras infames que han sido repicadas por varios medios. Primero hicieron rodar la farsa de que era el candidato de las Farc -sin importar que esa guerrilla ya no existe- y ahora le sumaron la patraña de que él es el asesino del senador Miguel Uribe. Como prueba de semejante acusación tan peligrosa y falsa, difundieron en las redes una foto en la que se ve a Cepeda al lado de Iván Márquez, actual jefe de la Segunda Marquetalia, la organización armada que fundó Márquez luego de que se salió del acuerdo de paz y que según la Fiscalía sería la autora del asesinato del senador Miguel Uribe.
La maldad se ve aún más cuando se monta una mentira sobre un hecho real: esa foto fue tomada luego de la firma de paz en la Habana y lo que evidencia es un momento histórico en el que se logró un acuerdo con la guerrilla de las Farc, un hecho que todavía sigue siendo negado por la derecha que quiere volver al poder. A pesar de que Cepeda no fue negociador si jugó en La Habana un papel importante de manera callada y sin protagonismos. La foto además, fue tomada antes de que se produjera el episodio del entrampamiento que fue fraguado por los enemigos del acuerdo. Esa mano negra que no quería la paz, pensaba que si Iván Márquez incumplía lo pactado, el proceso se derrumbaría. Márquez se devolvió a la guerra y contra todos los pronósticos, el acuerdo sobrevivió.
En lugar de contextualizar y de desvirtuar la patraña, varios medios le hicieron eco, se convirtieron en su caja de resonancia y empezaron a tratar a Iván Cepeda como si fuera el candidato de La Segunda Marquetalia y no el candidato del partido de izquierda más grande que ha tenido Colombia.
El candidato del Pacto Histórico tiene buenos argumentos para desconfiar de varios de los medios que va a hacer los debates, pero no puede negar la importancia en la deliberación pública. La única forma de desarmar esa infamia que le montaron es confrontar a los candidatos que la impulsaron y desnudar a los medios que se prestaron para ese engaño y el mejor escenario para hacer eso son los debates. Es allí, en la deliberación, donde se construyen argumentos y se derriban las fábulas. Pero además, la izquierda, que hoy está representada en el partido más grande del país, no se puede dar el lujo de hacerle el quite a la deliberación de las ideas porque eso es lo que ha hecho desde siempre la derecha. Hace ocho años Iván Duque se negó a ir a los debates con Petro en la segunda vuelta y hace cuatro Rodolfo Hernández repitió la misma historia con Gustavo Petro. La izquierda que ha sido víctima de esa práctica, no puede hoy terminar haciendo lo mismo.
El mensaje para los medios también es contundente porque han contribuido a la sordera comunicativa con su periodismo mediocre e indigno, que está siendo desplazado hasta por influencers como Westcol. No nos vendría mal una reflexión sobre la manera como los prejuicios han influido en el cubrimiento del gobierno Petro ni cómo estos vuelven a aparecer hoy por el hecho de que Iván Cepeda ha militado en el comunismo.
Pero también hay que hacerle una llamada de atención al candidato de la izquierda para que vaya a los debates, se dé a conocer ante los que le temen y tumbe (o afiance) los mitos que sobre él se han construido.
Habermas decía que la democracia no era un juego de identidades en pugna, sino un proceso deliberativo donde la fuerza del argumento debe prevalecer sobre la coacción. No hay democracia sin deliberación y sin deliberación no se puede cultivar la conciencia crítica.
Sea quien sea el próximo presidente, su triunfo debe ser producto de una campaña democrática, donde todos los candidatos puedan deliberar para que los votantes puedan formarse un juicio e ir a las urnas a votar impulsados por la razón y no por el odio.
En Colombia no hay ninguna ley que obligue a los candidatos a ir a los debates, (aunque ya hay una caminando en ese sentido en el congreso) y por lo tanto somos nosotros como sociedad los que tenemos que exigirle a los candidatos que sean serios y que vayan a los debates. En este país no nos podemos dar el lujo de volvernos sordos. De no escucharnos.
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