Richard Hatchett, epidemiólogo: “El riesgo de que haya una pandemia es hoy mayor que en 2019”
El director ejecutivo de la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias advierte del peligro de la inteligencia artificial y el biodiseño para la salud global y aboga por dialogar e informar a quienes recelan de las vacunas


El mundo no está hoy mejor preparado para una pandemia que antes de la covid-19. Al contrario, el riesgo es mayor. Con esta advertencia, Richard Hatchett, director ejecutivo de la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), resume el momento actual de la salud global. El epidemiólogo estadounidense acaba de pasar por Madrid para presentar la nueva estrategia de esta alianza internacional, creada en 2017 para acelerar el desarrollo de vacunas frente a amenazas infecciosas emergentes. Su organización impulsa, entre otros objetivos, la llamada misión de los 100 días: reducir a poco más de tres meses el desarrollo de vacunas frente a un nuevo patógeno.
Desde la capital de España, uno de los países que financian la CEPI y de los pocos gobiernos que mantienen su compromiso con la salud global en un contexto de recortes, Hatchett defiende que invertir ahora en preparación no es una opción, sino una necesidad estratégica: no hacerlo equivale a “acumular una deuda” que se pagará con más muertes, mayor impacto económico y crisis más largas cuando llegue la próxima pandemia, que considera “inevitable”.
Pregunta. ¿Cree probable que haya una nueva pandemia?
Respuesta. Después de la pandemia de covid-19, necesitamos reflexionar sobre la naturaleza de las amenazas de enfermedades infecciosas a las que nos enfrentamos. El riesgo de que haya una nueva pandemia es hoy mayor que en 2019 por muchas razones.
P. ¿Por cuáles?
R. En la pandemia hubo grandes debates sobre el origen del virus SARS-CoV-2: si era un virus surgido de forma natural, si podría haber pasado por un laboratorio o haberse liberado por accidente. Esa controversia no se ha resuelto y, personalmente, no estoy seguro de que alguna vez se resuelva, pero todos esos escenarios eran plausibles. Debemos estar preparados tanto para enfermedades que surgen de forma natural como para la posibilidad de accidentes o fugas a medida que aumenta el número de laboratorios de alta contención en el mundo. Y, por desgracia, la Inteligencia Artificial y las herramientas de biodiseño potencialmente pueden ser mal utilizadas.
P. ¿De qué manera?
R. Quizás no hoy, pero en un futuro la IA y las herramientas de biodiseño serán cada vez más potentes y podrían usarse para diseñar nuevas amenazas contra la salud. Y debemos asegurarnos de tener las herramientas adecuadas para poder afrontarlo. Así que, por muchas razones, creo que la urgencia del trabajo que hace la CEPI es incluso mayor que antes.
P. ¿Teme que los recortes en salud global que está realizando Estados Unidos y otras potencias europeas afecten a la preparación ante una futura pandemia?
R. Los recortes en preparación ante emergencias sanitarias y la infradotación de recursos progresiva y sistémica en salud pública, y, sobre todo, en vigilancia de enfermedades infecciosas en todo el mundo, están erosionando nuestra capacidad de preparación ante una posible pandemia. Entiendo que estamos en un periodo con muchas crisis al mismo tiempo y que el espacio fiscal que los gobiernos tienen para asignar fondos a este tipo de trabajo es cada vez más limitado. Pero es importante recordar que la seguridad sanitaria afecta a la seguridad nacional y a la seguridad económica.
La IA será cada vez más potente y podría usarse para diseñar nuevas amenazas contra la salud
P. No invertir en salud global puede salir caro.
R. Eso es. Reducir la financiación ahora porque hay otros problemas supondrá que la catástrofe, cuando llegue, será peor. Todo lo que no se invierte ahora genera una deuda que habrá que pagar, con intereses, cuando llegue la próxima crisis. Y es inevitable: llegarán crisis por enfermedades infecciosas. La falta de preparación significará que morirán más personas, los costes económicos serán mayores el impacto social será mayor y probablemente la epidemia o pandemia durará más.
P. En ese contexto, el acuerdo internacional sobre pandemias se ha presentado como un hito. ¿Qué puede cambiar realmente?
R. Es muy importante, tanto por su contenido como por su valor simbólico. Reconoce que las amenazas sanitarias trascienden las fronteras y las tensiones políticas. Pero el verdadero trabajo empieza cuando el acuerdo se implemente: se trata de construir capacidades reales y de reforzar la colaboración entre países.
P. La CEPI ha impulsado la denominada “misión de los 100 días”, con el objetivo de desarrollar una nueva vacuna en ese plazo tras detectarse un nuevo patógeno. ¿Es realmente posible?
R. Durante la pandemia respondimos más rápido que nunca a una nueva amenaza: desarrollamos vacunas en 11 meses, escalamos su producción como nunca antes y las distribuimos globalmente a un ritmo sin precedentes. Pero aun así fue demasiado lento. No hemos establecido una misión de 10 días, y aunque la de 100 días es ambiciosa, creemos que es alcanzable si se hace mucho trabajo previo: preparar las plataformas de [producción de] vacunas, acelerar los procesos regulatorios, mejorar los ensayos clínicos, aumentar la capacidad industrial y tener mecanismos de detección y caracterización de amenazas mucho más rápidos.
P. ¿Hay avances recientes que le hagan pensar que es factible?
R. Un ejemplo es lo que ocurrió con el brote de fiebre del Valle del Rift el año pasado en Senegal y Mauritania. Llevábamos tiempo trabajando con Oxford en una vacuna para esta enfermedad, basada en la misma plataforma adenoviral que se usó durante la pandemia. El problema es que solo teníamos suficientes dosis para un ensayo clínico en Kenia, no para responder al brote. Por eso, transferimos la semilla maestra [el material biológico inicial a partir del cual se fabrican todas las dosis] al Serum Institute de India [el mayor fabricante de vacunas del mundo por volumen de dosis producidas y vendidas globalmente]. En solo 16 días produjeron 500.000 dosis. Después completaron el proceso de fill and finish [rellena y termina] y realizaron los controles necesarios, que llevaron aproximadamente otro mes, antes de enviar las dosis para los ensayos en Senegal y Mauritania. Este caso demuestra que, si los fabricantes tienen la tecnología instalada antes de una emergencia, enviarles el diseño de una nueva vacuna permite producir y escalar muchísimo más rápido.
Los recortes en preparación ante emergencias sanitarias están erosionando nuestra capacidad de preparación ante una posible pandemia
P. Una parte de su estrategia es fortalecer la autonomía científica y productiva en el Sur Global. ¿Qué avances están viendo?
R. África parte con desventajas, pero también cuenta con instituciones de gran nivel. Hay centros de excelencia en vigilancia genómica, como la Universidad de Redeemer en Nigeria o el grupo de Tulio de Oliveira en Sudáfrica, que identificó la variante ómicron. El potencial humano es enorme y, aunque todavía existen carencias, soy optimista a largo plazo. En la CEPI trabajamos para que nuestras inversiones aceleren estas capacidades de forma sostenible. Un buen ejemplo es la fiebre de Lassa [una enfermedad vírica aguda que se transmite por el contacto con orina o heces de roedores], en África Occidental: desde 2017 financiamos vacunas, la mayoría desarrolladas en el Norte Global, pero también estudios epidemiológicos que han permitido formar a epidemiólogos locales y preparar los ensayos clínicos. Ahora estamos ayudando a crear centros de ensayos clínicos gestionados por los propios países. Uno de ellos, en Nigeria, ha sido seleccionado por Novartis para un ensayo de fase 3 de una terapia para la anemia falciforme, lo que convierte esa capacidad en algo sostenible y útil más allá de las enfermedades infecciosas.
P. ¿El objetivo es que las vacunas se fabriquen en África?
R. Sí. Queremos por ejemplo, que en el futuro las vacunas contra la fiebre de Lassa se produzcan en África Occidental, como parte del impulso continental por lograr soberanía en fabricación. Y queremos replicar este modelo en África Central y Oriental y estudiamos cómo hacerlo también en el Sudeste Asiático. América Latina, que ya tiene más capacidad instalada, también puede beneficiarse de este enfoque.
P. ¿Cómo afrontar la desinformación y los movimientos antivacunas, especialmente en un contexto en el que se aspira a desarrollar vacunas en apenas 100 días?
R. La pérdida de confianza en la ciencia y en las instituciones es uno de los principales riesgos. La rapidez que exige la misión de los 100 días puede despertar preocupaciones legítimas: la gente puede preguntarse si estamos acortando pasos. Tenemos que reconocer esas inquietudes, comunicarnos con transparencia, explicar lo que sabemos y lo que no sabemos y cómo evoluciona el conocimiento científico. No podemos evitar que exista desinformación intencionada, pero sí podemos mantener un diálogo honesto con quienes tienen dudas y necesitan información fiable.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































