Así construye África su independencia sanitaria tras el fiasco de la covid: vacunas, ciencia y leyes
El desarrollo íntegro en Sudáfrica de la primera vacuna africana contra el cólera es un hito que consolida la hoja de ruta en marcha en el continente para romper su dependencia del exterior de productos médicos esenciales


Cuando Sudáfrica anunció el pasado noviembre que iniciaba los ensayos clínicos de la primera vacuna contra el cólera 100% africana, ese titular significaba mucho más allá que un avance científico concreto. Era un hito en un continente obligado a importar el 99% de las vacunas que necesita y donde esta enfermedad afectó hasta noviembre de 2025 a más de 308.000 personas en 23 países y causó unas 7.000 muertes —el peor brote de los últimos 25 años, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) en África—. O más bien el primer paso hacia una ambición mayor: romper con la dependencia exterior y construir una verdadera soberanía sanitaria africana.
La innovación llegaba, además, en un momento especialmente sensible para la salud global. La pandemia de covid-19 evidenció la fragilidad de las cadenas de suministros mundiales y la enorme dependencia de África de productos médicos esenciales. Hoy, con la financiación al desarrollo y la salud global sometida a drásticos recortes, los avances en producción local son una respuesta política y estructural a un modelo de financiación cada vez más incierto.
“En un mundo pospandemia, vimos cómo África y su población quedaban al final de la cola para recibir vacunas críticas que salvan vidas, lo que llevó a que la Unión Africana hiciera un llamamiento a la soberanía vacunal para el continente y se marcara como objetivo que en 2040 el 60% de las vacunas que necesita África provengan de fabricantes africanos”, explica en una entrevista con este diario Farrah Losper, directora comercial de Biovac, la empresa sudafricana que acaba de recibir la aprobación de la Autoridad Reguladora de Productos Sanitarios de Sudáfrica para comenzar la primera fase de ensayos de su vacuna oral contra el cólera.
En un mundo pospandemia, vimos cómo África y su población quedaban al final de la cola para recibir vacunas críticas que salvan vidas
Hasta ahora, la escasa producción africana se había limitado casi exclusivamente a las últimas fases del proceso —el llamado fill and finish o “rellena y termina”—, utilizando principios activos importados. La fórmula dejaba intacta la dependencia estructural del continente frente a un mercado global dominado por unos pocos fabricantes. “No basta con envasar vacunas, hay que producir también los ingredientes”, subraya Losper. La inmunización contra el cólera de Biovac rompe por primera vez ese esquema: se fabrica íntegramente en Sudáfrica, desde la innovación hasta los ensayos clínicos y la aprobación regulatoria.
Pero este salto no es un caso aislado, sino parte de una hoja de ruta continental. Según los planes coordinados por los CDC de África, la OMS y otros socios internacionales, al menos tres fabricantes —Biovac y Aspen en Sudáfrica, y el Instituto Pasteur Dakar en Senegal— estarán en condiciones de producir ocho vacunas con precalificación de la OMS para 2030, destinadas a los programas de inmunización infantil.
“De ellas, al menos tres incluyen ya la producción del principio activo en África: la vacuna oral contra el cólera de Biovac y, en Senegal, las de fiebre amarilla y sarampión y rubéola, mientras que las otras cinco son vacunas esenciales del calendario infantil, aunque aún no incluyen fabricación completa del principio activo”, explica Losper, que también preside el Consejo de Administración de la Iniciativa Africana para la Fabricación de Vacunas (AVMI).
Otros países como Ghana, Nigeria, Ruanda, Egipto, Zambia y Etiopía se preparan para seguir el mismo camino. “Todos ellos están trabajando en su capacidad de fabricación de vacunas de diferentes formas”, explica en una entrevista telefónica el doctor Kwasi A. Nyarko, experto en regulación sanitaria y producción biofarmacéutica y coordinador de la Secretaría del Foro Africano de Regulación de Vacunas (AVAREF). “El nivel de producción no es significativamente mayor que antes de la pandemia, pero se están dando pasos positivos”, destaca.

Desde el ámbito internacional, la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias (CEPI) juega un papel clave en este proceso. “Nuestro objetivo es que las epidemias y pandemias dejen de ser una amenaza. Todo nuestro trabajo está orientado a acelerar el desarrollo de vacunas, especialmente en los países más afectados”, explica Amadou Sall, director de Programas Globales de la institución, en una entrevista por videollamada. “Hasta hace poco, solo una institución en África, el Instituto Pasteur de Dakar, tenía capacidad de fabricación de [vacunas] de principio a fin. Ahora estamos apoyando a otros, como Ruanda o Sudáfrica, para que también puedan hacerlo”.
Mucho más que vacunas
Sin embargo, la independencia sanitaria va mucho más allá de la existencia de fábricas con capacidad de producir vacunas. Requiere investigación, ensayos clínicos, personal cualificado, sistemas regulatorios sólidos, financiación sostenida y, sobre todo, mercados garantizados. “Aunque la capacidad y la producción de vacunas estén en el continente, lo que realmente necesitamos es avanzar para que África sea propietaria de sus propios activos, es decir, que nosotros desarrollemos las vacunas completamente”, puntualiza Losper. Y añade: “Ya tenemos redes sólidas de investigación y científicos muy fuertes, lo que necesitamos es financiación de alto riesgo para investigación y desarrollo”. De esa forma, continúa, “los africanos se convertirán en transferidores de tecnología del futuro”.
“Queremos más financiación nacional, más fabricación local y una gobernanza sólida. No queremos ser invitados al sistema global de salud. Queremos ser cocreadores”, resume en declaraciones a este diario Jean Kaseya, director del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de la Unión Africana.
Otro de los principales cuellos de botella es la regulación. Para que una vacuna pueda ser adquirida por organismos internacionales como Unicef —el mayor comprador mundial— necesita la precalificación de la OMS. Y para eso, los países deben contar con agencias reguladoras con un nivel de madurez suficiente. La OMS trabaja con gobiernos africanos para fortalecer sus sistemas regulatorios, evaluarlos, diseñar planes de mejora y elevar sus estándares. Pero ese proceso se ha visto afectado por los recortes de financiación en la salud global. “La OMS ahora tiene que hacer más con menos, y eso impacta directamente en los plazos”, advierte Losper.
Pero además de las fábricas y los reguladores, la producción no despega si no hay compradores. “Es un dilema clásico del huevo y la gallina”, explica Nyarko. “Para producir necesitas saber que habrá mercado; pero para que haya mercado, necesitas el producto precalificado”.
Necesitamos que los Estados miembros africanos compren a fabricantes africanos. Que Sudáfrica compre a Ghana y que Ghana compre a Nigeria. Que el continente se vea como un solo mercado localFarrah Losper, directora comercial de Biovac
Para romper ese círculo, Gavi (la Alianza para las Vacunas) lanzó en 2024 el Acelerador de Fabricantes de Vacunas Africanos (AVMA), un fondo de 1.200 millones de dólares (1.034 millones de euros), de los cuales 750 proceden de Team Europe (el bloque formado por la Comisión Europea y los países de la Unión Europea que coordina su ayuda internacional). Este instrumento ofrece incentivos financieros a los fabricantes africanos por cada vacuna precalificada y por cada dosis comprada por Unicef.
“Estos incentivos reducen nuestros costes de fabricación y nos permiten competir en precio”, explica Losper. “Pero el factor decisivo es el volumen. Necesitamos que los Estados miembros africanos compren a fabricantes africanos. Que Sudáfrica compre a Ghana y que Ghana compre a Nigeria. Que el continente se vea como un solo mercado local”. En esa línea, Unicef anunció recientemente que se comprometerá a adquirir al menos el 20% de sus vacunas a fabricantes africanos.
“Próxima pandemia”
El verdadero éxito no se medirá solo, según Nyarko, en porcentajes de vacunas producidas localmente. “No deberíamos ver las vacunas de forma aislada. La fabricación de vacunas es parte de la biofarmacia. Si desarrollamos este ecosistema, podremos producir también anticuerpos monoclonales, terapias avanzadas contra el cáncer, terapias génicas y celulares”, lo que ayudará a recorrer el camino hacia la independencia sanitaria del continente.
Ese salto tendría, a su vez, impactos sanitarios, científicos y económicos. “África posee la mayor diversidad genética del mundo, y muchas enfermedades tienen componentes genéticos. El potencial de investigación está infrautilizado”, sostiene Nyarko. “Podemos contribuir a innovaciones que beneficien a la salud global”.
La pregunta inevitable es si África está hoy mejor preparada para la próxima pandemia que en 2020. Para Losper, la respuesta es cautelosamente afirmativa: “Ahora tenemos más capacidad. Si la próxima pandemia requiere vacunas ARNm [un tipo de inmunización rápida y adaptable que enseña al cuerpo a defenderse mediante instrucciones genéticas] estamos preparados”.
Desde CEPI comparten ese optimismo prudente. “Si se produce una pandemia, el éxito sería que África pueda contribuir de manera significativa al desarrollo, las plataformas y la fabricación de vacunas tanto dentro del continente como fuera de él”, afirma Sall. Además, algunos fabricantes cuentan ya con plantas que podrían reconvertirse rápidamente para responder a una emergencia sanitaria. Programas como la “misión de los 100 días” de CEPI buscan que nuevas vacunas puedan desarrollarse y producirse en ese plazo ante brotes emergentes. “CEPI se centra en la preparación: tener listos los ecosistemas y los fabricantes para que, cuando surja una epidemia, todo esté preparado para actuar de inmediato”, explica Sall.
“¿Estamos ya ahí? No del todo. Pero sin duda estamos mucho mejor preparados que la última vez”, resume Losper.
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