Mordeduras de serpiente: “La mayor crisis de salud pública de la que nunca has oído hablar”
Entre 81.000 y 138.000 personas mueren al año por envenenamiento; la inmensa mayoría en países de bajos y medios ingresos. Es una crisis de desigualdad infrafinanciada, que apenas recibe atención

En 2018, el entonces secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, describió el envenenamiento por mordedura de serpiente como “la mayor crisis de salud pública de la que nunca has oído hablar”. Esta afirmación tan contundente pone de relieve la naturaleza paradójica de la mordedura de serpiente como problema de salud global. A pesar de su impacto devastador, sigue siendo en gran medida ignorada en el discurso y las políticas de salud pública.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta 5,4 millones de personas son mordidas cada año en todo el mundo. Entre 81.000 y 138.000 personas mueren al año. Aproximadamente el 95 % de las muertes se producen en países de bajos y medios ingresos. Cientos de miles de supervivientes sufren además secuelas como discapacidad o trastorno de estrés postraumático.
Sin embargo, el envenenamiento sigue siendo poco reconocido y escasamente financiado. La OMS la clasificó en 2017 como una enfermedad tropical desatendida (ETD) con el objetivo de romper el abandono sistemático que ha permitido que esta crisis persista.
Aunque casi todos los países tienen especies de serpientes terrestres, el envenenamiento por mordedura de serpiente es hiperendémico en las regiones tropicales del mundo en desarrollo, dado que se trata de un animal ectotermo (de sangre fría).
Los datos epidemiológicos en zonas con recursos limitados suelen ser deficientes y, sin datos, suele percibirse como un problema de baja prioridad. Los registros hospitalarios, cuando existen, pueden indicar el número de pacientes ingresados por mordedura, pero no incluyen a quienes no llegaron al hospital, como aquellos que buscaron tratamiento con curanderos tradicionales. Las encuestas epidemiológicas retrospectivas son el método más fiable.
Una encuesta nacional en India —el país con mayor número de casos a nivel mundial— reveló una estimación de 45.900 muertes anuales relacionadas con mordeduras de serpiente. Esta cifra es diez veces superior a la registrada por el sistema nacional de notificación.
Las encuestas domiciliarias también pueden proporcionar información detallada sobre las mordeduras de serpiente. Así se han encontrado cifras elevadas de casos y muertes en Cabo Delgado (Mozambique).
La industria farmacéutica ha descuidado el envenenamiento por mordedura de serpiente porque afecta principalmente a comunidades agrícolas pobres del mundo en desarrollo
En muchos entornos, el mayor riesgo de mordedura de serpiente se da entre jóvenes trabajadores agrícolas o pastores. Los niños pequeños presentan un mayor riesgo de enfermedad grave debido a su menor peso corporal en relación con la cantidad de veneno inyectado. Además, la incidencia de las mordeduras de serpiente puede aumentar tras desastres naturales y crisis humanitarias, especialmente tras inundaciones o desplazamientos de población hacia zonas con alta abundancia de serpientes venenosas.
Antivenenos: avances y desafíos
Los primeros antídotos se desarrollaron a finales del siglo XIX. Tras el descubrimiento de la seroterapia para la difteria y el tétanos, Albert Calmette, del Instituto Pasteur, inmunizó animales con veneno de cobra india (Naja naja) y utilizó su suero rico en anticuerpos para tratar a pacientes con mordeduras de serpiente. Pocos años después, Vital Brazil, del Instituto Butantan de São Paulo, demostró que los antídotos solo son eficaces frente al veneno de la especie para la que han sido producidos (o, en algunos casos, de especies estrechamente relacionadas).
Hoy, el método de producción de los antídotos sigue basándose en la inmunización de animales —generalmente caballos— con venenos seleccionados, seguida de la obtención de plasma y la purificación de los anticuerpos, que posteriormente se formulan como tratamientos inyectables.
No existe todavía un antídoto universal. En su lugar, los antídotos continúan siendo bioterapéuticos diseñados a medida para neutralizar las especies de serpientes de mayor importancia médica en una subregión determinada.
Existen múltiples antídotos en el mercado, cada uno con un perfil diferente. La mayoría son producidos por fabricantes públicos para mercados nacionales o subregionales relativamente pequeños. Aunque este modelo ha sido exitoso en algunas regiones —en particular en América Latina, donde los productores nacionales colaboran a través de redes de investigación—, otras regiones tienen un acceso limitado a antídotos eficaces adaptados a sus especies venenosas autóctonas.
La crisis de los antídotos en África
La industria farmacéutica ha descuidado el envenenamiento por mordedura de serpiente porque afecta principalmente a comunidades agrícolas pobres del mundo en desarrollo y no existe un incentivo de mercado para desarrollar mejores tratamientos.
Durante las últimas dos décadas, África subsahariana ha experimentado la crisis de suministro de antídotos más grave. Solo existe un fabricante en toda la región, con sede en Sudáfrica, que atiende exclusivamente las necesidades nacionales. El resto de África subsahariana ha dependido en gran medida de fármacos fabricados en el extranjero por empresas privadas con fines de lucro.
Algunas compañías, entre ellas Sanofi, decidieron dejar de comercializar su antídoto panafricano debido a la falta de una demanda de mercado viable. En paralelo, han entrado en el mercado productos de baja calidad. Se documentaron múltiples informes clínicos de fracasos terapéuticos, lo que llevó a algunas autoridades sanitarias nacionales a perder la confianza en la terapia con antídotos y a reducir su uso.
Esta situación impulsó a la OMS a reforzar la regulación del mercado de antídotos en África subsahariana. Se han logrado avances: se han retirado productos subestándar y seleccionado fármacos que cumplen criterios de calidad. El siguiente paso es mejorar la distribución de los antídotos más eficaces y desarrollar mecanismos de financiación que garanticen que las víctimas no tengan que pagar el tratamiento de su propio bolsillo, ya que estos costes pueden retrasar o impedir el acceso a la atención.
Nuevos diagnósticos y terapias para el siglo XXI
Diversas innovaciones podrían mejorar de forma significativa el manejo de las mordeduras de serpiente. En Australia ya se utilizan pruebas diagnósticas para identificar la especie responsable de la mordedura. Asimismo, se han desarrollado aplicaciones móviles basadas en inteligencia artificial para ayudar a identificar la especie.
La cartera de tratamientos de segunda generación está llena de productos prometedores. Entre las innovaciones en desarrollo se incluyen tratamientos con moléculas capaces de neutralizar todas las toxinas de una misma familia.
Estos nuevos tratamientos solo se adoptarán con éxito si se corrigen plenamente las deficiencias de los sistemas de salud en las zonas donde las mordeduras son más frecuentes. La falta de servicios de transporte de urgencia en áreas rurales y los pagos directos por parte de la población rural empobrecida son barreras que no se podrán superar sin medidas concretas.
La lucha contra la mordedura de serpiente se encuentra en una encrucijada. Podría volver a fracasar en la movilización de recursos como ha ocurrido en el pasado. La lucha contra la mordedura de serpiente ya no es solo una cuestión técnica; es, más que nunca, una cuestión política orientada a lograr la igualdad.
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