El Gobierno de Tailandia pacta con nueve grandes franquicias reducir a la mitad el azúcar de las bebidas, en el marco de su guerra contra el dulce
Bangkok trata de reeducar el paladar de la población para combatir las enfermedades asociadas a la alimentación y el estilo de vida. La diabetes tipo 2 y las patologías cardiovasculares se han convertido en una de las principales cargas del sistema nacional


Un hilo espeso de té negro aromático recién infusionado cae por el colador. En el fondo del vaso esperan un generoso chorro de leche condensada y varias cucharadas de azúcar, que se mezclan con el líquido humeante hasta adquirir un característico tono naranja brillante. Se añade hielo picado, se agita con rapidez y se corona con un poco de leche evaporada. El cha yen, la bebida más icónica de Tailandia, que se vende en restaurantes, cafeterías y en los miles de puestecillos que salpican las calles del país, es uno de los remedios favoritos de sus 71 millones de habitantes para combatir el calor tropical.
En una nación en la que los termómetros rara vez dan tregua, el gesto cotidiano de pedir una bebida fría se repite millones de veces al día. Pero en Tailandia, pedir un té o un café helado implica, casi inevitablemente, aceptar una dosis muy generosa de azúcar. Y es precisamente en esa rutina aparentemente inocua donde el Gobierno ha decidido intervenir.
Los tailandeses consumían en 2019 alrededor de 25 cucharaditas de azúcar diarias, de las cuales 18 procedían de bebidas azucaradas, según la Oficina de la Junta de la Caña y el Azúcar, una agencia gubernamental tailandesa. Era más del cuádruple del límite diario recomendado para un adulto por la Organización Mundial de la Salud (OMS), fijado en seis cucharaditas.
La iniciativa afecta de momento a las cadenas que se han sumado voluntariamente al acuerdo, pero no es obligatoria para los pequeños establecimientos ni para los vendedores ambulantes
Un vaso de 650 mililitros de café con hielo puede llegar a contener un promedio de nueve cucharaditas; un bubble tea (el té con leche y perlas de tapioca originario de Taiwán) puede alcanzar hasta 12, según datos del Buró de Nutrición tailandés.
Desde el 11 de febrero, sin embargo, el nivel de dulzura “normal” que se aplica por defecto en parte del sector ha cambiado. El Ministerio de Salud Pública tailandés anunció un acuerdo con nueve grandes franquicias para redefinir cómo de dulce es el “dulzor al 100%”, el de la receta tradicional, que aparece en sus menús. Ahora, estas marcas se han comprometido a que ese estándar contenga solo la mitad del azúcar que se añadía antes.
La iniciativa afecta de momento a las cadenas que se han sumado voluntariamente al acuerdo, pero no es obligatoria para los pequeños establecimientos ni para los vendedores ambulantes. Además, la campaña no elimina la posibilidad de pedir una bebida más dulce, ya que el cliente puede solicitarlo si así lo desea, pero rebaja el punto de partida.
La premisa es que, al modificar la opción que por defecto ofrecen los gigantes de la industria, el paladar de los tailandeses se terminará acostumbrando a un sabor menos dulce, sin necesidad de prohibiciones
Amporn Benjaponpitak, director general del Departamento de Salud, ha señalado que se trata del primer paso significativo para cambiar los hábitos de la población. La expansión será lenta, ya que buena parte del consumo se produce en puestos callejeros. Pero la premisa es que, al modificar la opción que por defecto ofrecen los gigantes de la industria, el paladar de los tailandeses se terminará acostumbrando a un sabor menos dulce, sin necesidad de prohibiciones.
Durante décadas, las bebidas azucaradas se han consolidado como un pilar del consumo urbano del país: refrescos, cafés helados y tés con leche acompañan comidas, descansos laborales y encuentros sociales. Con el auge de las cadenas de cafeterías y supermercados, entre 1990 y 2018, el consumo de bebidas azucaradas se disparó de menos de un vaso a la semana a más de cuatro, de acuerdo con un reportaje publicado en el diario tailandés The Nation.
Pero ese gusto por lo dulce tiene un alto coste para la salud. La cartera sanitaria tailandesa alerta de que las enfermedades no transmisibles vinculadas a la dieta (como la diabetes tipo 2 y las patologías cardiovasculares) se han convertido en una de las principales cargas del sistema nacional. Datos oficiales de 2025 señalan que cerca del 45% de los tailandeses mayores de 15 años presentan sobrepeso u obesidad, y en torno al 10% padece diabetes. Reducir el azúcar, sostienen los expertos, no solo disminuye el riesgo de contraer enfermedades, sino que ayuda a estabilizar los niveles de glucosa en sangre y a evitar los picos de energía y fatiga que siguen a su consumo elevado.
El preocupante patrón de consumo de azúcar ha motivado a Bangkok a aplicar una estrategia que combina fiscalidad, concienciación y regulación. La ofensiva comenzó en 2017, con la introducción progresiva de un impuesto especial sobre las bebidas envasadas de manera industrial, cuya última fase se implementó el año pasado. El gravamen, estructurado por tramos según el contenido de azúcar por cada 100 mililitros, busca incitar a los fabricantes a reformular sus productos mediante el incentivo de tributar menos si reducen su dulzor.
En 2020, el Departamento de Salud lanzó la iniciativa “bebidas menos dulces”, que promovió la indicación clara de los niveles de dulzor en los menús (con opciones de 0%, 25%, 50%, 75% y 100%) y recetas menos azucaradas para las bebidas no alcohólicas. Además, con la colaboración de grandes empresas privadas, franquicias y plataformas de reparto a domicilio se fomentó el objetivo de no superar cinco gramos de azúcar por cada 100 mililitros, en línea con las pautas de la OMS.
Un estudio publicado en 2025 en The Lancet Regional Health - Southeast Asia documentó que estas campañas han logrado reducir entre 2019 y 2023 el consumo de azúcar en bebidas en más de un 57%. Cifras del Ministerio de Salud Pública indican que el 75% de los adultos elige ahora bebidas con un contenido de azúcar de entre 0% y 75%, y que el 34,1% opta por versiones con un máximo del 25%. El consumo anual de azúcar, que en 2019 se situaba en 2,5 millones de toneladas, descendió hasta 800.000 toneladas en 2023. La meta nacional es que el 90% de los consumidores elija bebidas menos dulces en 2027.
Korndanai Phanniyom, un estudiante de Filología Hispánica en la Universidad de Khon Kaen, afirma que tanto él como sus amigos han podido adaptarse “sin problema” al nuevo nivel de dulzor y abraza las iniciativas del Gobierno para disminuir la ingesta de azúcar. “Consumimos más de lo necesario”, escribe en un intercambio de mensajes. Sin embargo, este universitario a punto de graduarse teme que “si se reduce demasiado, el sabor podría dejar de ser al que estamos acostumbrados”. “Y el sabor también forma parte de la historia y la cultura, especialmente el té tailandés”, reflexiona.
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