Los aranceles de Trump junto a las sequías en otros países aúpan la bonanza cafetera de Uganda, primer productor africano
El país prácticamente ha duplicado sus ingresos por exportaciones en un año, dirigidas sobre todo a Europa gracias en parte a la subida global de los precios
Jacqueline Abalo recuerda el orgullo de su padre cuando hablaba en Los Ángeles del seductor aroma del café ugandés. Pero en aquel momento, hace más de 20 años, cuando esta mujer hacía la compra en el supermercado, no entendía por qué no encontraba ninguna de las marcas de las que oía hablar en casa. “¿Por qué no estaban si eran tan buenos cafés?”, se preguntaba Abalo, cuya familia huyó de Uganda a principios de los años noventa, cuando estalló en el norte del país la brutal rebelión del Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés) que se prolongó durante veinte años.
Hoy, la situación es otra. El café de Uganda vive una bonanza inédita y el país es actualmente el mayor exportador africano. Según cifras oficiales, entre noviembre de 2024 y octubre de 2025, las ventas en el exterior alcanzaron la cifra récord de 8,4 millones de sacas, con un valor de 2.400 millones de dólares, frente a los 5,8 millones de sacas y los 1.300 millones de dólares del año anterior (noviembre de 2023-octubre de 2024).
“Las exportaciones de Uganda han seguido una trayectoria de fuerte crecimiento desde mediados de 2023. Este crecimiento se ha visto respaldado por el aumento de la producción, los elevados precios internacionales del café y la mayor reducción de las existencias. Uganda se ha fijado el objetivo de producir 20 millones sacas en 2030“, según la Organización Internacional del Café (ICO, por sus siglas en inglés)
Gerald Kyalo, comisionado responsable del desarrollo del sector cafetero en el Ministerio de Agricultura, señala que Uganda ha conseguido un café de gran nivel gracias a las fuertes inversiones en iniciativas agrícolas destinadas a aumentar la productividad y mejorar la calidad en toda la cadena de valor del café.
“Estamos tratando de mejorar las infraestructuras de Uganda porque queremos que se desarrolle el sector privado, al que pertenecen nuestros agricultores”, explica. “Queremos instalar más sistemas de riego, construir más carreteras y formar a más agricultores en el cultivo del café”, agrega.
El efecto positivo de los aranceles de Trump
El café de Uganda se envía sobre todo a Europa, destino de más del 60% de sus exportaciones, comenzando por Italia, Alemania e India. Pero también a otros países africanos, como Argelia, Marruecos, Sudáfrica y Kenia y a India.
Indirectamente, el café del país africano se ha visto beneficiado por la sequía registrada en otros Estados productores. “Los precios en el mercado mundial mejoraron debido a las preocupaciones relacionadas con el clima en Centroamérica, Brasil y Vietnam”, admite el Gobierno de Uganda.
Y también ha recibido un espaldarazo inesperado por los aranceles impuestos por el Gobierno de Donald Trump a países como Brasil, primera potencia cafetera del mundo, sobre cuyos granos pesa ahora una tasa del 50% al entrar en el mercado estadounidense. Mientras tanto, cafés como el de Uganda, Etiopía o Ruanda tienen tasas del 10 o 15% cuando llegan a Estados Unidos.
En noviembre de 2025 (últimas cifras oficiales), las exportaciones mundiales de café fueron de 10,47 millones de sacas, frente a los 10,09 millones de noviembre del año anterior, según la ICO. Todas las regiones analizadas aumentaron sus ventas salvo América del Sur. En África, las exportaciones de noviembre se incrementaron en más del 7% impulsadas justamente por Uganda, afirma la ICO.
En el caso de Brasil, aunque el país sigue siendo el mayor productor de café del mundo, los aranceles estadounidenses se tradujeron en una disminución de las ventas y un cambio en los destinos de sus exportaciones. Según datos del Consejo de Exportadores de Café de Brasil (Cecafé), en 2025 se exportaron 40 millones de sacas. Su primer destino exportador fue Alemania, con 5,4 millones, seguido de Estados Unidos, con 5,3 millones. En 2024, se habían exportado 50 millones de sacas, de los cuales ocho millones fueron directamente a Estados Unidos, su primer comprador.
En el caso de Uganda, Ondrek Rwabogo, presidente del Comité Asesor Presidencial sobre Exportaciones y Desarrollo Industrial (PACEID), sostiene que su país debe centrarse más en construir la imagen de marca de su café para seguir siendo competitivos y, para ello, debe invertir en tecnología capaz de añadir valor al café y prolongar su vida útil.
“No podemos competir con los europeos porque ellos aprovechan la fluctuación de precios para comprarnos café a precios bajos y añadirle valor para luego revenderlo”, explica. “Pero sí podemos competir con nuestros vecinos si nosotros también empezamos a añadir valor a nuestro café”.
Los responsables ugandeses han subrayado la importancia de que los productores de café pasen de una agricultura familiar a un sistema más comercial. Es el caso de Abalo, la hija de esta familia que había migrado a Estados Unidos. En el año 2000, esta mujer decidió visitar por primera vez en mucho tiempo su ciudad natal, situada en el distrito de Gulu, en el norte de Uganda. En este momento se dio cuenta de que la mayoría de los habitantes de su provincia estaban convencidos de que era imposible cultivar café en esa zona, a pesar de las condiciones climáticas favorables. Otra cosa que le sorprendió fue que a la mayoría de la gente de su pueblo no le gustaba el café porque creían que “seca la sangre”. “Me propuse cambiar la actitud de la gente hacia el café”, explica esta mujer.
En 2016, Abalo se estableció definitivamente en Uganda para empezar a cultivar café a gran escala, aprovechando que su familia poseía más de 15 hectáreas de tierra sin utilizar. Hoy, su empresa, llamada Tuk Del, no deja de crecer y exporta a Europa y Estados Unidos.
“También tuesto café, vendo plántulas y enseño a los agricultores a cultivarlas”, explica Abalo, que está pensando en ampliar el negocio con bebidas con sabor a café y una línea de productos para el cuidado de la piel también a base de café.

El enemigo se llama crisis climática
Los largos periodos de sequía y temperaturas abrasadoras a los que siguen intensas lluvias impide a muchos productores ugandeses aumentar la productividad y mejorar el rendimiento de las cosechas. En 2017, el país africano puso en marcha un proyecto con financiación del Banco Mundial, el Programa Intergubernamental de Transferencias Fiscales (UgIFT), con el fin de permitir a los agricultores que tuvieran un máximo de una hectárea de tierra comprar equipos de riego a bajo coste, gracias al apoyo financiero del Gobierno, para impulsar la producción agrícola.
Este plan de microirrigación, que terminó el año pasado, ha permitido a más de 4.700 agricultores instalar sistemas de riego que cubren 3.360 hectáreas. Consolator Acayo, subcomisario de Comunicación e Información del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAAIF), explica que se está buscando más financiación para seguir proporcionando más equipos de riego a los agricultores. “Pero de momento, no tenemos fondos”, lamenta.
Paralelamente, el Gobierno ofrece sesiones de formación especializada sobre cómo paliar los efectos del cambio climático, centrándose en la gestión de las cosechas una vez recogidas, la gestión medioambiental y las técnicas agrícolas más adaptadas al clima, para que los cultivadores puedan hacer frente a las consecuencias del cambio climático.
“Hemos formado a más de 2.800 agricultores de las principales regiones cafeteras”, dice el doctor Kyalo, y añade que los programas de formación permitieron que los cultivadores ugandeses vendieran bien sus cosechas en todo el mundo el año pasado.
Pero algunos agricultores locales, como Fred Ggwayambade, que lleva cinco años utilizando prácticas ecológicas como el acolchado de sus cultivos durante la estación seca y el uso de abonos y pesticidas orgánicos en las dos hectáreas de café que tiene plantadas, urgen al Gobierno a encontrar la manera de instalar más sistemas de riego en las comunidades que menos medios materiales poseen. “El tiempo es cada vez más impredecible: a veces llueve, otras veces no. Si queremos que nuestros cafetales sean más productivos, el regadío es lo único que puede salvarnos”, afirma.
Mientras el dinero no llega, otros expertos, como Walter Atiku, economista y consejero del Gobierno de Uganda, aconsejan a los pequeños agricultores que consideren la posibilidad de formar cooperativas para que les sea más fácil adquirir sistemas de riego. “A través de las cooperativas, los agricultores pueden obtener préstamos con tipos de interés bajos para comprar los equipos”, dice. “La cooperativa les ayudaría a distribuir los costes de forma equitativa y no asumir los peligros de una compra en solitario”.
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