¿Y si elegir a una mujer como secretaria general de la ONU fuera clave para el futuro del multilateralismo?
Un informe desgrana la presencia femenina en los espacios de poder de Naciones Unidas desde 1945 y lamenta la “transparencia ficticia” en la toma de decisiones. En 80 años ha habido solo ocho candidatas al puesto que ostenta hasta diciembre António Guterres


,La pregunta es muy sencilla: si hace tiempo que las mujeres asumen tareas públicas de gran responsabilidad en Naciones Unidas y en organizaciones multilaterales, ¿por qué no se las considera para el puesto más alto, la secretaría general? Es el punto de partida del informe anual Las mujeres en el multilateralismo, de la organización GWL Voices, que reúne a más de 80 líderes femeninas de 39 países, y que fue presentado el jueves en Madrid.
Cuando faltan meses para encontrar el sustituto o sustituta de António Guterres, esta organización compuesta por mujeres que han ostentado y ostentan cargos en gobiernos y en instituciones multilaterales, pone el foco en este “anacronismo”, que es reflejo de décadas de infrarrepresentación femenina en los puestos más importantes de los órganos de toma de decisiones.
“Elegir una mujer como secretaria general de la ONU puede ser clave para el cambio. Porque hay muchas cosas que necesitan modificarse, como la Carta de Naciones Unidas, que está bastante desfasada”, estimó ante un grupo de periodistas Helen Clark, ex primera ministra de Nueva Zelanda, que fue candidata al cargo de secretaria general en 2016.
Según esta fundadora de GWL Voices, esos principios hay que revisarlos, existe una campaña en la sociedad civil para que así sea y deseó que una futura secretaria general lo lleve a cabo. “La ONU mejoraría la calidad de vida de las personas si fuera más activa. Podría hacer más en materia de paz y seguridad. Podría ser más eficaz en la recaudación de fondos para las catástrofes humanitarias. Podría movilizarse más en pro de los objetivos de desarrollo. Todas estas cosas repercuten en la vida de las personas”, afirmó.
El mandato de Guterres finaliza el 31 de diciembre de 2026 y el proceso para reemplazarlo ya ha dado comienzo en la ONU. El mandato de un secretario general dura cinco años y se puede renovar una vez. “Estamos convencidas de que debe ser una mujer. La rotación geográfica es una práctica, no es una regla. Pero en este caso sería bueno mantener la práctica y que sea una mujer de América Latina. Pero, por encima de todo, debe ser la mujer que necesitamos”, consideró Susana Malcorra, exministra de Relaciones Exteriores de Argentina y aspirante al cargo de secretaria general en 2016.
“No hemos tenido un secretario general latinoamericano desde Javier Pérez de Cuéllar. Ha pasado mucho tiempo, así que realmente es el turno de América Latina. Y hay muchas mujeres capaces en la diplomacia y el liderazgo en esa región y, en mi opinión, tiene que haber una candidata de calidad entre ellas”, corroboró Clark.
La rotación geográfica es una práctica, no es una regla. Pero en este caso sería bueno mantener la práctica y que sea una mujer de América Latina. Pero por encima de todo debe ser la mujer que necesitamosSusana Malcorra, exdiplomática argentina
Una “transparencia ficticia”
El informe de GWL Voices, presentado durante la jornada Mujeres liderando la ONU del siglo XXI, que fue inaugurada por el rey Felipe VI, recuerda que en 80 años, ha habido más de 40 candidaturas para ser la cabeza visible de Naciones Unidas. Solo ocho de ellas han sido de mujeres y ninguna ha ostentado el cargo hasta hoy. En 2006, es decir, 60 años después de la fundación de la ONU, se presentó la primera candidatura femenina: Vaira Vīķe-Freiberga, en aquel momento presidenta de Letonia. Diez años después, en 2016, por primera vez en la historia, hubo más mujeres candidatas que hombres: siete sobre 13, aunque finalmente resultó elegido Guterres. Además de Clark y Malcorra, aspiraban al cargo Irina Bokova, diplomática búlgara y exdirectora general de la Unesco; Christiana Figueres, política costarricense; Natalia Gherman, ex primera ministra de Moldavia; Vesna Pusić, exministra de Exteriores de Croacia, y Kristalina Georgieva, actualmente directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI).
“En las mujeres, muchas veces la fuerza termina siendo una debilidad. Hay muchas personas que no quieren un secretario general fuerte. Y nosotras somos mujeres fuertes, hemos logrado todo solas, y a veces esa fuerza se ve como un defecto, como si fuéramos demasiado duras. Y todo eso juega”, puntualizó Clark.
La organización destaca que uno de los obstáculos es la manera en que se elige al secretario o secretaria general. Aunque la persona sea nombrada formalmente por la Asamblea General, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido) deben dar su visto bueno sobre las candidaturas y también tienen derecho de veto.
Un proceso “opaco porque no sabes exactamente qué pasa detrás de esas puertas cerradas”, estimó Irina Bokova, también presente en Madrid. En aras de una mayor transparencia, GWL Voices, compuesto por mujeres que impulsan la transformación de las entidades multilaterales tras haber sufrido en sus carreras ese desequilibrio de género que persiste, prevé, por ejemplo, organizar debates voluntarios entre todos los candidatos en junio en Ginebra.
Pero, ¿ha cambiado desde 2016? “En aquel momento había un apoyo de la sociedad civil a favor de una secretaria general. Ahora, hay un movimiento de la sociedad civil y también un movimiento político liderado por algunos estados miembros”, dijo Malcorra, citando por ejemplo al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, a la dirigente de Eslovenia, Natasa Pirc Musar, o a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum. “Lograron que 82 países firmaran hace unos meses en apoyo a una señora secretaria general. Así que creo que hay un poco más de interés político por parte de los que no están detrás de una puerta cerrada. La cuestión es si ocurre lo mismo con quienes están entre bambalinas”, dijo, refiriéndose a los cinco países con derecho a veto.
Hay muchas personas que no quieren un secretario general fuerte. Y nosotras somos mujeres fuertes, hemos logrado todo solas, y a veces esa fuerza se ve como un defecto,Helen Clark, ex primera ministra de Nueva Zelanda
Evaluar el mérito sin sesgo
En el informe de GWL Voices se estudian además 62 organizaciones internacionales para ver el espacio que ocupan las mujeres dentro de ellas. Actualmente, un 46% de estas entidades están lideradas por una mujer. “Algunas organizaciones ya tienen una paridad plena o están cerca de lograrla. En general, las instituciones multilaterales siguen teniendo mejores resultados que otros sectores, demostrando que, una vez que se prioriza y se cuantifica, la paridad puede convertirse en un estándar alcanzable”, resume la investigación.
Pero el porcentaje cae bastante cuando se estudian los espacios donde se toman realmente las decisiones. Por ejemplo, solo el 23% de los representantes permanentes ante la ONU en Nueva York (el cargo diplomático más alto dentro del sistema de la ONU) son mujeres. Hay 72 países que nunca han enviado una representante permanente y 63 que solo lo han hecho en una ocasión. Además, en los órganos de gobierno de las instituciones multilaterales, donde se definen las prioridades de actuación, las mujeres solo tienen un 29% de presencia.
GWL Voices insiste en que la razón no es la falta de mujeres cualificadas, sino “patrones estructurales de exclusión y procesos de selección que no evalúan el mérito de manera justa”. “Las mujeres altamente capacitadas y cualificadas han existido desde hace décadas, lo que falta es un proceso que las reconozca sin sesgos”, según Malcorra.
Las mujeres altamente capacitadas y cualificadas han existido desde hace décadas, lo que falta es un proceso que las reconozca sin sesgosSusana Malcorra
En la presentación del informe, las integrantes de GWL Voices mostraron un hecho revelador del año 2025. “De las ocho organizaciones que monitoriza GWL Voices en las que se han nombrado nuevos líderes, ninguna ha nombrado por primera vez a una mujer en sus puestos más altos”, dijeron. Por ejemplo, el Banco Africano de Desarrollo (BAfD) eligió como presidente a Sidi Ould Tah y la Unión Africana (UA), a Mahmoud Ali Youssouf, “continuando con la trayectoria ininterrumpida de liderazgo masculino” de las dos instituciones, muy influyentes en el continente. A ellas se suma la Organización de los Estados Americanos (OEA), que nunca ha estado liderada por una mujer, o la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI).
En el otro lado de la balanza, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ha nombrado directora ejecutiva a Diene Keita, continuando la tendencia de escoger a mujeres para el cargo más importante de la organización.
“A estas alturas, la pregunta ya no es si existen mujeres calificadas para ocupar estos cargos, sino qué impide que accedan a ellos”, concluyeron las líderes de GWL Voices.
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