Susana Malcorra, exministra de Exteriores de Argentina: “Hay una hipermasculinización de las relaciones internacionales”
La presidenta de GWL Voices aboga por que una mujer asuma la secretaría general de la ONU para emprender la renovación del sistema


Susana Malcorra (Rosario, 70 años) da un respingo ante una primera pregunta que la incomoda. La que fuera ministra de Exteriores de Argentina como independiente con el conservador Mauricio Macri, confiesa que no le gusta opinar de la situación política en su país ahora que vive fuera, en Madrid. “Es una regla que me he dado a mí misma”, aclara en una entrevista tras su participación en el Congreso Futuro Iberoamericano, celebrado en la capital española a finales de octubre. Ha participado como cofundadora y presidenta GWL Voices, una organización civil integrada por más de 50 mujeres con experiencia en gobiernos y organizaciones internacionales que ahora impulsan la agenda feminista en el ámbito multilateral. Un papel y un tema en los que se muestra a gusto el resto de la conversación en la que acaba por desvelar que a finales de enero de 2026, Madrid acogerá la siguiente gran reunión de la organización que preside, “con casi un centenar de líderes” del mundo invitadas, precisa.
Pregunta. Hay un ascenso, y apoyo sostenido, de líderes a los extremos del espectro político, sobre todo a la derecha. ¿Hay antídoto contra la polarización?
Respuesta. Vemos un distanciamiento de los ciudadanos respecto de las instituciones, la política y los partidos políticos. La disrupción de la tecnología de las redes sociales ha eliminado un rol esencial de los partidos políticos, que era la intermediación entre el ciudadano y las propuestas institucionales. El problema de las redes es que uno sigue a aquellos que piensan igual y, al no reconocer a otros, se les acaba negando. Esta polarización no se produce de manera orgánica, se está fomentado y responde a ciertos intereses. Es gravísimo y me preocupa porque creo que las visiones compartidas, el diálogo y dialéctica son esenciales en la construcción del futuro. De repente, escuchamos soluciones simplistas que se resumen en un tuit para problemas muy complejos. La pregunta es qué va a pasar cuando la realidad muestre que lograr soluciones es más difícil y requiere de más consenso.
P. ¿Fomentada por quién y para qué?
R. Hay grupos de interés político y de poder. Las tecnológicas se hacen fuertes con una desregulación extrema. Eso lleva a apoyar visiones extremistas en cuanto a la desaparición del Estado, que son fomentadas a través del uso de la propia tecnología.
P. En ese contexto, con más conflictos desde la II Guerra Mundial de hiperliderazgos masculinos en ascenso. Usted se ha encomendado lograr más participación femenina en organismos internacionales. ¿Por qué justo esta misión?
R. Empezamos a trabajar en esta misión en 2019, después de que en 2016 se eligiera secretario general de la ONU a António Guterres. Competíamos para esa posición siete mujeres y seis hombres. Nunca en la historia hubo tantos candidatos y era el momento de que fuera una mujer. Y terminó siendo un hombre que, aparte de un colega y amigo, con muchas virtudes, la única que no tiene es la de ser mujer. Nos reunimos tres mujeres, Irina Bokova, la ex directora general de la Unesco; Helen Clark, exadministradora del PNUD [Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo] y yo, y quisimos demostrar que después de competir por esa posición, podíamos trabajar juntas por un objetivo. Creemos que hay que incorporar a la mujer como actor social, activo y parte de la solución, no como víctima. Hacer eso tiene como condimento importante tener una participación de mujeres en el liderazgo. Y hemos generado prueba profusa de cuán baja es la participación de las mujeres en el sistema internacional, en el sistema de cooperación.
P. Vuelve a haber mujeres candidatas. ¿Se presentará también usted?
R. No voy a ser candidata. Sería un conflicto de intereses al estar en el rol que estoy de abogada del tema. Tuve mi momento. No fue. Ahora lo que quiero definitivamente es que sea una mujer. Ya hay dos a las que sus países, sus gobiernos, han dicho públicamente que van a apoyar. Son extraordinarias, potentes y poderosas, y han mostrado ser líderes en las posiciones que han tenido.
P. ¿A qué candidata le ve más posibilidades?
R. No voy a entrar en eso. Todavía hay recorrido. Tenemos los nombres de las primeras, pero habrá más candidatas. Lo que promovemos es que sea una mujer, no apoyamos a nadie en especial.

P. ¿Cree que podría volver a salir elegido un hombre?
R. Por supuesto. Hoy es un momento de hipermasculinización del manejo de las relaciones internacionales, donde sentarse a la mesa de negociación casi se ve como un signo de debilidad. Desde esa perspectiva, puede haber quienes crean que traer una mujer que busque tender puentes, debilite las instituciones. Cada vez más se habla de que tiene que ser por mérito; nunca antes en 80 años [de la ONU] se puso tanto énfasis en el mérito. Me parece perfecto, porque no va a ser por falta de mérito que no se puedan elegir mujeres. Es hora de ver si, en la necesidad de refundar, replantear, regenerar la cooperación internacional y el sistema del orden mundial, una mujer trae una perspectiva que ayude a esa renovación.
P. A la que le toque va a tener que lidiar con un buen puñado de hombres dirigiendo las grandes naciones del mundo.
R. Hay una teoría, sobre todo en el sector privado, que dice que cuando las empresas están muy complicadas, entonces se las dan a una mujer para ver si la arreglan. Hay quienes sostienen que le vamos a dar a una mujer una situación imposible [en Naciones Unidas]. No hay que pensar que quien asuma la secretaría general va a tener una varita mágica para resolver los problemas. Lo que tiene que hacer es, con la autoridad que da el cargo, sumar a los líderes, escucharlos y proponer ideas. Y armar un buen equipo alrededor que efectivamente represente la diversidad del mundo.
P. Usted ha advertido de la mala salud del sistema multilateral, y de Naciones Unidas en particular. ¿Cree que es posible revivirlo, sin tener que matarlo y crear otra cosa?
R. La carta de fundación de Naciones Unidas sigue teniendo total validez, a la luz de los desafíos del siglo XXI. Pero la ONU creció orgánicamente y de repente se expandió más allá de lo manejable. Creo que hay que volver a los orígenes, replantearse cuáles son las cosas claves que tiene que seguir haciendo.
P. El conflicto en Gaza ha puesto de manifiesto la escasa influencia de Naciones Unidas y la comunidad internacional para frenar la masacre. ¿Cómo valora el proceso de paz auspiciado por Estados Unidos?
R. El reconocimiento de Palestina por 150 países de Naciones Unidas fue un disparador enorme para que se acelerara, después de tanto tiempo, una solución. Algo que la gente ve como accesorio es parte del proceso. Creo que el Gobierno de Israel detectó que había un apoyo masivo a Gaza. Y que Palestina se transformara en un socio pleno de Naciones Unidas hizo que pensara en encontrar una salida, que es transaccional, para apagar fuegos en el corto plazo. Pero no es una solución de largo plazo, lo que necesitará de la involucración de Naciones Unidas.
P. ¿Y de las mujeres?
R. Definitivamente. Cuando miras algunos de los conflictos que han tenido solución sostenible en el tiempo ―Libia y Sierra Leona, por ejemplo―, las mujeres jugaron un papel central. Diría que son conflictos que se resolvieron desde el mercado, donde van las mujeres a sostener la economía familiar y social. Y allí fue donde decidieron que ya era suficiente y que había que hacer algo distinto. El contraejemplo es Afganistán. Lo que ha pasado allí te muestra lo que implica no tener la voz de la mujer en la mesa de decisión.
P. Los ataques de Washington a supuestas narcolanchas en el Caribe y la reciente masacre en Río han vuelto a poner el foco sobre el impacto del narco en América Latina. ¿Cuál es su análisis?
R. Es evidente que el narcotráfico está afectando a la región. Estaba muy concentrado en el norte y hoy es una realidad que ha permeado hasta mi país. Es un problema que requiere de una articulación regional. Hay que reconocer que la gente participa de esto muchas veces por necesidad, lo que nos lleva a la discusión de la desigualdad y de la integración social, y que la droga forma parte de un mercado donde hay oferta y demanda, y no solamente se puede atacar la oferta mientras la demanda sigue ahí.
P. Ha reclamado que América Latina y el Caribe se integre más. ¿Cuál es su propuesta?
R. Hoy la región está enormemente dividida, frente a los poderes del mundo que tienen mucho interés en aquellas cosas que se necesitan para el futuro: los minerales, las tierras raras, el agua. Latinoamérica tiene el 30% del agua del mundo, que va a ser causa de guerras en no mucho tiempo. Nuestra región tiene que evolucionar de una visión extractivista a una apuesta por el desarrollo de su gente.
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