Se buscan un millón de matronas: “Algunas ven hasta 100 pacientes al día y muchas deben caminar seis, siete u ocho horas para ir a trabajar”
Los recortes en la ayuda al desarrollo han agravado una crisis generada entre otros por la falta de inversión y las crisis humanitarias. La región más afectada es África, donde se calcula que faltan 500.000 de estas profesionales


Sarah Nyirongo estaba sola de guardia a las dos de la madrugada en una clínica de Lusaka cuando una mujer llegó con contracciones, a punto de dar a luz. El bebé venía atravesado en el útero. “Llamé a una ambulancia porque necesitaba ir a un hospital para que le practicaran una cesárea, pero no aparecía por ninguna parte, así que tuve que hacer una versión cefálica externa para intentar girarlo… y lo saqué”, relata Nyirongo, presidenta de la Asociación de Matronas de Zambia, en una entrevista por videollamada con este diario.
La madre empezó a desangrarse. “Conseguí controlar la hemorragia y fui a atender al bebé, que recuperó su color rosado tras el parto, pero cuando me alejé para volver con la madre, el bebé se puso azul”, continúa. En ese momento llegó la ambulancia. “Logré salvar a la madre, pero el bebé murió de camino al hospital”, recuerda Nyirongo, que está convencida de que, si hubiera habido más personal y más medios, los dos estarían vivos.
Historias como la que relata Nyirongo no son excepcionales. El mundo se enfrenta a una escasez de casi un millón de matronas para garantizar una atención básica en salud sexual, reproductiva, materna y neonatal, según un estudio publicado el pasado lunes por la Confederación Internacional de Matronas (ICM, por sus siglas en inglés). En concreto, el análisis calcula que faltan 980.000 profesionales —además de los dos millones que ya ejercen— en 181 países donde vive el 82% de las mujeres en edad reproductiva del planeta. La falta de inversión pública, la escasez de formación, las malas condiciones laborales y el impacto de las crisis humanitarias, como guerras o desastres climáticos, son algunas de las causas estructurales que explican esta brecha, que se ha visto agravada por los drásticos recortes en la ayuda al desarrollo y que podrá empeorar por el crecimiento de la población.
Las matronas pueden proporcionar hasta el 90% de los servicios esenciales de salud sexual y reproductivaDaniela Drandić, coautora del informe
El análisis revela que ninguna región del mundo cubre las necesidades de su población. “No hay una sola región en la que podamos decir: sí, aquí hay suficientes matronas”, señala en una entrevista por videollamada Daniela Drandić, una de las autoras del informe y directora de Incidencia y Comunicación de la ICM. No obstante, es África la que concentra la mitad del déficit (unas 500.000), seguida de las Américas y el Mediterráneo oriental. El estudio calculó las necesidades en función del número de mujeres en edad reproductiva, la frecuencia con la que requieren distintos servicios y el tiempo que exige cada intervención. “A partir de ahí, comparamos cuántas matronas debería haber en cada región y cuántas hay realmente, y así obtuvimos la brecha”, añade.

“Las matronas pueden proporcionar hasta el 90% de los servicios esenciales de salud sexual y reproductiva. Sin embargo, hoy solo están cubriendo una fracción de ese potencial”, explica Drandić. Porque el papel de la matrona va mucho más allá del embarazo, el parto y el posparto. “Acompañamos a las mujeres en la atención del aborto y del cáncer de cuello uterino, y en cada etapa de la vida sexual y reproductiva en la que necesiten ayuda”, añade Anna af Ugglas, directora ejecutiva de la ICM y coautora del informe. “Además, atendemos a su recién nacido, lo que también es una inversión para el futuro. Por eso destinar recursos matronas, en la actual situación geopolítica, es la mejor estrategia: sin mujeres sanas, las sociedades no prosperan”, dice.
“Abrumadas por el exceso de trabajo
En muchos países, sin embargo, las matronas trabajan solas, sobrecargadas y sin los recursos mínimos, como le ocurrió a Nyirongo aquella noche en Lusaka. “Muchas veces nos sentimos abrumadas por el exceso de trabajo”, relata esta matrona, que describe a continuación una típica sala de parto en Zambia. “La mayoría tiene tres camas, aunque los centros con mayor volumen tienen ahora cinco, pero nunca da tiempo a que estén vacías… Hay tantos partos que incluso a veces tenemos que atender a las mujeres en el suelo, porque no pueden esperar a una cama”, relata. “La historia es la misma en otros países africanos”, dice, según su experiencia como miembro de la Confederación Africana de Enfermeras y Matronas.
En Afganistán, la situación es aún más crítica desde el regreso al poder en 2021 de los talibanes, que impusieron restricciones severas a la educación y el trabajo de las mujeres, hasta prácticamente borrarlas de la vida pública. Thamindri De Silva, directora de la ONG World Vision en el país, describe en una entrevista con este diario un escenario de colapso: “En diciembre de 2024, todas las escuelas de matronas se detuvieron oficialmente. El argumento de los talibanes era que había un exceso de matronas, pero la realidad es que en las zonas remotas la cobertura sigue siendo insuficiente y muchas no han podido regresar a trabajar tras ser madres y tener que asumir sus responsabilidades familiares”. La distancia a los centros de salud, la necesidad de que las mujeres estén acompañadas por un tutor masculino y la precariedad de los servicios empeoran la crisis. “Algunas matronas ven hasta 100 pacientes al día y muchas deben caminar seis, siete u ocho horas para ir a trabajar. La situación es extremadamente difícil y muy limitada por la falta de financiación”, añade De Silva, cuya organización sigue prestando apoyo a la salud materno infantil en el país.
En Afganistán, “algunas matronas ven hasta 100 pacientes al día y muchas deben caminar seis, siete u ocho horas para llegar a los centros”Thamindri De Silva, directora de la ONG World Vision
A pesar de este contexto, algunas matronas continúan salvando vidas en condiciones extremas. Malak, una profesional afgana que trabaja en una clínica de World Vision y que prefiere no dar su verdadero nombre, relata a este diario una de sus jornadas: “Una mujer de un distrito remoto llegó a la clínica. Hacía mucho frío, y durante el camino unos perros la persiguieron y provocaron que se cayera de la motocicleta en la que viajaba. Cuando llegó, presentaba anemia, ictericia severa y desnutrición. Tras consultar con nuestro médico, confirmé su diagnóstico y decidí referirla al hospital de la ciudad, pero no fue posible: era de noche y su parto era inminente”.

Malak continuó con la atención inicial: “Su presión arterial estaba baja, así que administré medicación y asistí su parto. Después del nacimiento, presentó una hemorragia severa; volví a administrar medicación y controlé la pérdida, que reapareció 10 minutos después, pero con intervención adicional logré detenerla por completo. Al mismo tiempo, cuidamos del recién nacido: lo vestimos, iniciamos la lactancia y le pusimos las vacunas necesarias. Al día siguiente, madre y bebé fueron dados de alta”.
El impacto de los recortes
Sin embargo, labores como la de Malak o Nyirongo se ven ahora amenazadas por los recortes y la falta de inversión. Según la ICM, tras el cierre de USAID, la agencia de cooperación de Estados Unidos y el mayor donante del mundo, muchos programas se detuvieron de la noche a la mañana y muchas matronas perdieron sus trabajos. “Algunos países tienen matronas desempleadas porque el sistema público no puede contratarlas, lo cual es un desperdicio completo de competencia y recursos”, explica Drandić.
Nyirongo, que trabaja en una clínica que recibe el soporte de World Vision, confirma este extremo. “Había ONG que apoyaban la salud materna y dependían de fondos estadounidenses, pero cuando se recortaron esos fondos, también se recortaron los suministros”, explica la matrona, que profundiza en el deterioro de la situación. “Ahora se pide a las madres que traigan guantes, pinzas para el cordón umbilical, incluso material para quirófano”, lamenta. La escasez de recursos básicos alcanza, según Nyirongo, a medicamentos esenciales “como la oxitocina”, que sirve para prevenir y tratar hemorragias posparto.
La falta de matronas no afecta solo a la salud materna, sino también a la supervivencia infantil, cuya mortalidad ha aumentado por primera vez en lo que va de siglo, según el último informe de la Fundación Gates. “Contar con personal cualificado es muy importante. Con un número adecuado de matronas, podríamos aumentar la supervivencia de los menores de cinco años”, afirma Nyirongo.
Pero pese a todo ello, la profesión de matrona sigue estando infravalorada en muchos países, marcada por la feminización, la precariedad y la falta de reconocimiento institucional. “No se trata solo de formar más profesionales, sino de ofrecer salarios justos, condiciones de trabajo seguras, reconocimiento profesional, oportunidades de liderazgo y modelos de trabajo donde puedan desplegar todas sus competencias”, resume Af Ugglas, cuya organización ha lanzado una petición global para exigir a los gobiernos inversiones urgentes. El mensaje, según creen, es muy potente: sin ellas, no es posible garantizar una atención segura, digna y de calidad para millones de mujeres y recién nacidos.
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