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Las periodistas en Sudán que informan en medio de la guerra: “Escribimos desde los escombros mientras nos sobrevuelan las balas”

Tras más de dos años del conflicto y en medio de la mayor crisis humanitaria del mundo, un grupo de reporteras pelea por seguir en el terreno, pese a la creciente inseguridad y la falta de recursos

Sudan

Desde abril de 2023, los enfrentamientos entre el ejército de Sudán y las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés) han desplazado a más de 12 millones de personas, paralizado la economía sudanesa y provocado una crisis humanitaria devastadora. En este contexto, algunas de las trabajadoras más expuestas a la violencia y la inestabilidad han continuado con sus actividades. Entre ellas se encuentran decenas de periodistas sudanesas que, a pesar de bombardeos, desplazamientos y el colapso económico, se niegan a dejar de informar.

Para los periodistas, en especial para las mujeres, el derrumbe de las infraestructuras esenciales y la creciente inseguridad han hecho que su labor profesional sea casi imposible. No obstante, muchas siguen comprometidas con su deber como informadoras y plantan cara a la adversidad: desde la falta de electricidad y unos bajos salarios, hasta la violencia de género generalizada.

“En casa no tenemos electricidad”, dice por teléfono a EL PAÍS una periodista de El Geneina, en Darfur Occidental, una ciudad controlada en estos momentos por las RSF. “Pago 1.000 libras sudanesas (1,48 euros) para cargar el móvil y el portátil en una tienda que tiene un generador. Solo se puede acceder a internet a través de Starlink, que también se paga por hora. Y, aun así, no podemos permitirnos parar”, explica la reportera, que pide no dar su nombre por razones de seguridad.

Para las periodistas sudanesas, la guerra ha agravado una profesión precaria de por sí. Incluso antes de los combates, muchas sufrían acoso, salarios bajos y censura. Ahora, son muchas las desplazadas, desempleadas u obligadas a asumir trabajos informales para sobrevivir. Las que continúan informando lo hacen con gran riesgo personal, a menudo de forma anónima y bajo la vigilancia de ambos bandos del conflicto.

Las periodistas que trabajan en zonas de conflicto dicen que las fuerzas de las RSF a menudo detienen y registran a las mujeres que trabajan para medios de comunicación

Las reporteras que ejercen su labor en zonas de conflicto dicen que las fuerzas de las RSF a menudo detienen y registran a las mujeres que trabajan para medios de comunicación. “No podemos usar nuestros nombres de verdad. Enviamos artículos sin firmar o a medios que no publican créditos de autoría”, explica la reportera de El Geneina. Desde el estallido de la guerra, el 15 de abril de 2023, las amenazas, los ataques y las agresiones contra los periodistas han aumentado considerablemente, según informan organizaciones como Reporteros Sin Fronteras. En los últimos dos años en el país, que ocupa el puesto 156 de 180 en el Índice de Libertad de Prensa, al menos siete periodistas han sido asesinados, uno permanece desaparecido y 17 profesionales han sido detenidos, dos de los cuales continúan encarcelados, de acuerdo con datos de abril de 2025.

“Ya no escribimos desde de un despacho con aire acondicionado”, dice una corresponsal en Nyala, en Darfur del Sur, que también pide permanecer en el anonimato. “Lo hacemos desde los escombros, desde las calles, mientras nos sobrevuelan las balas”.

Un proyecto nacido del dolor

Apoyándolas desde las ruinas, nació un proyecto local, The Dream Project (El Proyecto Sueño), una modesta iniciativa comunitaria de venta de camisetas impulsada por periodistas sudanesas para ayudar a sus compañeras de oficio a sobrevivir y seguir trabajando en pleno conflicto.

“En diciembre de 2024 empezamos a producir camisetas impresas en Adís Abeba, Nairobi y Kampala, con lemas por la paz y contra la violencia”, cuenta la fundadora de la iniciativa, Lubna Abdullah, periodista que dirige la Oficina de Género del Sindicato de Periodistas Sudaneses y también lidera la Red de Periodistas Sudanesas, un colectivo que agrupa a más de 100 profesionales de la información.

Abdullah explica que se le ocurrió la idea tras recibir súplicas de ayuda a diario. “Las compañeras pedían dinero para comprar medicinas, pagar la factura de la luz o simplemente conectarse a internet”, dice Abdullah, que vive en el asediado Estado del Nilo, en el norte de Sudán, y tiene que lidiar con apagones y el terror general que causan los bombardeos de las RSF. “No teníamos nada que ofrecer. Así que se nos ocurrió esto: un proyecto nacido del dolor”.

La iniciativa no dispone de locales ni de financiación oficial, sino que funciona con una red descentralizada de voluntarios. “Empezamos imprimiendo camisetas a mano”, relata Abdullah. “Lemas de paz sencillos que vendíamos a nuestros amigos y aliados. Nuestro próximo paso es venderlas en tiendas de El Cairo y otras ciudades”. “Todos los beneficios van directamente a las periodistas: una necesita medicación, otra pagar internet para mandar un informe”, añade.

Desde sus inicios, El Proyecto Sueño ha logrado reunir más de 670 euros, una cantidad que puede parecer modesta pero ha servido para ayudar a más de 30 periodistas en Estados como Jartum, Darfur, Jazira, Kordofán y el este de Sudán. Su fundadora relata que los ingresos se utilizan para respaldar a las periodistas que siguen informando desde zonas de guerra. Una de ellas es la reportera de El Geneina que, pese a llevar viuda desde 2021 y estar criando sola a sus tres hijos, ha seguido informando de forma anónima a través de plataformas locales gracias a la ayuda financiera y el apoyo técnico del Proyecto Sueño. “Ahora, incluso ayudo a otras compañeras periodistas de la región”, cuenta.

La mayoría hemos perdido la casa, el trabajo, incluso nuestra comunidad. Que alguien se preocupe por nosotras y nos apoye nos ha dado una razón para seguir adelante
Mihad Mohamed, periodista

“Esta iniciativa me salvó de tener que renunciar. Recuperé la confianza y volví a escribir, incluso con medios limitados”. Lo dice Mihad Mohamed, una periodista con más de 10 años de experiencia, que se quedó sin trabajo después de que su periódico cerrara al estallar la guerra. Obligada a escapar de Nyala a la cercana ciudad de An-Nuhud, que actualmente está amenazada por las RSF, decidió quedarse y documentar las vidas de las mujeres allí.

La reportera cree que el impacto psicológico de la iniciativa es tan importante como la ayuda material que brindan. “La mayoría hemos perdido la casa, el trabajo, incluso nuestra comunidad. Que alguien se preocupe por nosotras y nos apoye nos ha dado una razón para seguir adelante”.

Pero las carencias son enormes. Según Abdullah, se estima que 80 mujeres periodistas siguen atrapadas en zonas de conflicto, mientras que más de 300 en todo el país necesitan ayuda urgente. La comunicación es un desafío constante: algunas han perdido su teléfono, otras no pueden permitirse una conexión de Starlink. “A veces solo recibimos algún mensaje de voz esporádico”, dice. “Otras se trata tan solo de una súplica, pidiendo comida o medicamentos”.

Una de las camisetas creadas por El Proyecto Sueño para ayudar a periodistas sudanesas, en una imagen cedida por la organización.
No es tan solo una iniciativa de apoyo. Son los vestigios de nuestro sueño colectivo en un país destrozado
Lubna Abdullah, periodista

Según las periodistas respaldas por El Proyecto Sueño, las camisetas se han convertido en una herramienta para recaudar fondos, pero también en un mensaje de resistencia, sobre todo ante la ausencia de apoyo institucional o internacional. En el Estado de Jazira, en el centro de Sudán, la periodista Riham al Duqail dice que la iniciativa le ha brindado mucho más que apoyo material. “Nos ha recordado que no estamos solas. Que, en medio de todo este caos, alguien valora lo que estamos haciendo”. Para Al Duqail, el proyecto tiene “un alcance limitado, pero es de un valor inmenso”. “Antes nos tocaba recorrer largas distancias o encaramarnos a las azoteas solo para tener cobertura”, dice Riham. “No nos ayudaba nadie, ni el Gobierno, ni ninguna organización”. Ella decidió no huir de su ciudad, incluso después de que cayera bajo control militar. “Irme habría significado silenciar una voz vital entre las comunidades desplazadas”.

La fundadora del proyecto cuenta que están pensando en ampliar la iniciativa y constituir una cooperativa que podría ayudar a las periodistas a generar ingresos y recuperar su independencia. “En ocasiones, lo único que necesita una periodista es una plataforma y alguien que diga: te vemos. Eres importante”.

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