Rosa María Duran, exiliada catalana de 98 años: “Nuestras raíces están en Cataluña, pero nuestros frutos están México”
El president Salvador Illa participa en un acto de homenaje en la Casa del Risco, epicentro de la acogida


Bajo una fuente que ejemplifica el exuberante estilo barroco virreinal, Rosa María Duran, de 98 años, y Pelai Vilar, de 92, han hecho memoria del exilio catalán en México. La mochila del dolor, pero también los réditos del mestizaje. El patio de la Casa del Risco, en el barrio mexicano de San Ángel, ha sido este domingo el escenario de un sentido homenaje, con que el president Salvador Illa ha querido renovar unos votos de fraternidad entre los dos pueblos. “Nuestras raíces están en Cataluña, pero nuestros frutos están México”, ha explicado Duran, de 98 años, intérprete de profesión. “Aquí hacemos labor”, ha asegurado por su parte Vilar, otorrinolaringólogo, para referirse a su grano de arena para el conocimiento de la lengua catalana. Ambos llegaron, de niños, huyendo de la Guerra Civil en la década de los años cuarenta. “México salvó vidas y gran parte de la cultura catalana”, ha declarado el jefe del Govern ante una audiencia conformada por hijos y nietos de exiliados.
“El exilio no fue solo momento oscuro y una perdida sino también un puente”, ha insistido Gabriela López, directora del Centro Cultural Casa del Risco. El espacio no podía ser más representativo. Fue propiedad del diplomático Isidro Fabela, quien junto al expresidente mexicano Lázaro Cárdenas estuvieron entre los principales facilitadores de la llegada de miles de catalanes que huían del fascismo. “Gracias a esa solidaridad, familias enteras pudieron reconstruir sus vidas y enriquecer con su presencia la cultura mexicana”, ha recordado López.
Precisamente uno de los hijos de Cárdenas, Cuauhtémoc, ha participado también en el acto. El ingeniero ha querido ir más allá de los grandes nombres de la cultura y la política y ha puesto el foco en personas más sencillas que tuvieron la posibilidad de rehacer su vida en territorio mexicano huyendo del franquismo. “Mucha gente que vino a trabajar en el campo, obreros, impresores. Un poco de todo y un poco de todo se repartió por toda la republica”, ha recordado.
Duran, Creu de Sant Jordi de 2022, ha aprovechado la interpretación musical de El emigrante, de Cinto Verdaguer (“Dulce Cataluña, patria de mi corazón, cuando de ti se aleja, de añoranza muere”) para ejemplificar lo que ha significado para ella el exilio, que comenzó para ella en 1942. “Los catalanes que llegamos a México no nos morimos, veníamos del infierno, de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial. Encontramos un país que nos recibió con dulzura y amabilidad. Las culturas no se anulan, las culturas se agregan”, ha explicado. “En efecto, nuestras raíces están en Cataluña, pero nuestros frutos están en México”, ha apostillado.

En una línea similar, Vilar ha recordado cómo siendo un niño pequeño tuvo que abandonar la casa paterna en la Gran Vía barcelonesa, cercana a Plaza de Espanya, para comenzar el camino a Francia, con noches frías y duras, llenas de piojos, en Prats de Molló (Francia). Llegó a México en 1949. “Pero hoy es un día de alegría y no de tristeza”, ha remarcado, lamentando las noticias que le llegan sobre la caía del uso social del catalán en Cataluña. “Aquí hacemos labor”, ha asegurado, para explicar la promoción que hacen de la lengua.
“Es necesario renovar el agradecimiento de Cataluña a México”, ha asegurado un Illa emocionado. Ese agradecimiento, ha explicado, no debe ser solo un “ejercicio nostálgico”, sino también de “presente y futuro”. “En el mundo agresivo que algunos nos quieren imponer, Cataluña y México debemos dar ejemplo de nueva fraternidad”, ha explicado. “De una nueva época en que el entendimiento y la institucionalidad prevalezcan sobre todo, crear un espacio para reencontrarnos y entendernos”, ha dicho.
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