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tribuna

Buenas noches, ‘Homo sapiens’

La misión Artemis 2 demuestra al mundo cuán prometedoras son la ciencia, la tecnología, la belleza y la palabra

Cinta Arribas

1. Tras la publicación por parte de la NASA de la lista de reproducción escogida por los astronautas de la misión Artemis 2 —diez canciones que les sirvieron de despertador durante los primeros días del mes de abril—, se ha difundido con gran entusiasmo el papel de dichas canciones, con especial predilección por Under Pressure de Queen y David Bowie. No es de extrañar, ya que es un tema que sigue siendo tan actual hoy como si se hubiera compuesto ayer mismo. Pero no fue por simple espíritu de contradicción por lo que yo opté por melodías muy diferentes para acompañar esos momentos tan extraordinarios. Preferí, en cambio, recordar Lua Bonita en la voz llena de saudade de Raúl Seixas, cada vez más escuchado y más querido.

Es una canción brasileña, interpretada por el roquero con sencillez mestiza, procedente de las profundidades del siglo XX, con letra inventada por José do Norte. Él, el poeta, enamorado de la Luna Llena, como si fuera una mujer malcasada, promete rescatarla del dominio de su esposo, el violento san Jorge, quien en la mitología brasileña ocupa por completo el resplandor redondo de la Luna. La idea del cantante era equiparse con una escalera para alcanzarla, prometiéndole una vida dulce. No conozco una historia más hermosa para hablar del amor por lo inalcanzable. La misión que la tripulación de Artemis 2 emprendió durante esos diez días fue a su manera una especie de escalera llamada Orión, lanzada al encuentro de Artemisa, la Luna. Hasta allí fueron y casi la tocaron.

2. Se trataba de una misión científica y, es evidente que lo que nos mostraron revela poco de lo que allí ocurrió. A nosotros, el público entusiasta, nos ofrecieron el espectáculo de los cráteres en la cara oculta de la Luna, el eclipse solar, una lata de Nutella flotando, la noticia del inodoro roto y los movimientos de los felices astronautas, entrelazados unos con otros, cuatro gemelos adultos dentro de un útero. Y también sus palabras: “Buenas noches, Tierra”, dijo Reid Wiseman, mientras se sumergían en la oscuridad. Y añadió además lo siguiente: “Todos somos Homo sapiens”.

Dados los acontecimientos que se desarrollaban mientras tanto en la Tierra, tanto en el lado que se quedaba a oscuras como en el iluminado, era imposible no ver en el mensaje del comandante una suerte de llamada a la humanidad. En cuatro breves palabras, nos recordó que todos, sin excepción, somos Homo sapiens, todos descendientes de lo que al principio de la especie no era más que un animal insignificante, que intentaba sobrevivir entre otras especies, en grupos pequeños, asustados y fugitivos, parientes de otros simios hermanos suyos. Sobre este tema, Noah Harari escribió un admirable resumen: “Hace apenas seis millones de años, una sola hembra de simio dio a luz a dos crías. Una se convirtió en la antecesora de todos los chimpancés, la otra es nuestra abuela”.

Creo que las palabras de Wiseman habrán conmovido a muchas personas en toda la Tierra. En un momento en que el Homo sapiens se asemejaba a un Prometeo tecnológico que intentaba robar el fuego del conocimiento, con su escalera de metal y corcho para la conquista del espacio, recordar a la criatura que se alzó sobre sus patas traseras que sigue perteneciendo a esa antigua especie nos recuerda que la humildad nos sienta bien. Los cuatro astronautas, como Gagarin 65 años antes, avistaban una vez más la pequeña Tierra azul, milagrosamente suspendida en medio de la oscuridad. Su superficie, llena de volutas imperfectas como la imagen de la masa de un gran pastel antes de volverse uniforme, mezclaba océanos, ríos, lagos, grandes ciudades, puertos, hielo, selvas tropicales. Vista desde lejos, solo podía pensarse que la Tierra era fértil, pacífica, un Edén en contraste con la esterilidad del cosmos. Como dijo Victor Glover, el piloto de la misión: “Lo que llamamos universo es un gran vacío, pero tenemos un oasis donde podemos coexistir”.

3. Claro que podemos, pero en este punto conviene hacer una pausa. Si nuestro dedo digital tocara la superficie de la Tierra en esos mismos días, en algún lugar de Asia, descubriríamos que el Homo sapiens amenazaba con infestar las fronteras de la India con grandes cantidades de serpientes y cocodrilos para impedir que los habitantes de Bangladés crucen la frontera. Al hacer clic en el nordeste de África, se nos informaría de que el Homo sapiens de Sudán reclutaba nuevamente a niños de diez años para la guerra, convirtiéndolos en soldados en miniatura. Al este de Europa, el Homo sapiens lanzaba misiles contra edificios donde dormían la Mulier sapiens y el Puer sapiens, creyéndose protegidos por el paraguas tecnológico. Murieron. Un poco más al sur, en el Mediterráneo levantino, el Homo sapiens, incapaz de controlar a otros Homo sapiens, tras diezmar a toda una población mediante balas, hambre, frío y tortura, reinstauraba la pena de muerte. Podría ser por ahorcamiento.

4. Hablando de ahorcamientos, fusilamientos y otros métodos más sutiles, pero igualmente letales, al hacer clic en el sudeste asiático nos enteramos de que el Homo sapiens mantiene a miles de jóvenes hacinados en celdas, a la espera de exterminarlos, como supuestamente hicieron en enero. Alrededor de 4.000, Junior sapiens y Puella sapiens, aguardan lo que les espera sin esperanza. Y el Domingo de Pascua precisamente, el día en el que, según se cuenta, cierto Homo sapiens, después de ser brutalmente asesinado en dos tablones cruzados, resucitó de entre los muertos para decir que el Homo sapiens es algo más que eso, que tiene una chispa divina porque encuentra su plenitud en la bondad y en la compasión por los demás, ese mismo día, el Homo sapiens más poderoso del planeta, el que posee las armas más letales y navega por los mares y por los aires matando a quien le apetece, amenazó con borrar de la faz de la Tierra una civilización de Homo sapiens con más de 6.000 años de antigüedad. Por decirlo con sus palabras exactas, afirmó que sus enemigos volverían a la Edad de Piedra. Y así sucesivamente. Y mientras tanto, en la mejor de las paradojas, de esa misma zona de la Tierra salían cuatro ejemplares de Homo sapiens, demostrando al mundo cuán prometedoras son la ciencia, la tecnología, la belleza y la palabra.

5. Me conmovió que el canadiense expresara el concepto del otro como pocos lo han logrado. Dijo Jeremy Hanser, dirigiéndose a la multitud que los esperaba: “Cuando ustedes miran aquí arriba, no nos están mirando a nosotros. Somos un espejo que los refleja. Y si les gusta lo que ven, miren entonces con un poco más de profundidad. Lo que ven son ustedes mismos”.

Y Christina Koch, quien reivindicó su labor de fontanera, hablando al mismo tiempo que quienes quieren incendiar la Tierra clamaban por la destrucción apocalíptica, lo definió así: “Vi la Tierra y toda la oscuridad que la rodeaba. La Tierra era simplemente un bote salvavidas flotando imperturbable en el Universo”.

No sé si esas palabras que dijeron fueron espontáneas o preparadas, lo que sé que fueron hermosas e irradiaron esperanza en tiempos oscuros. Lo cierto es que coexisten dentro del Homo Sapiens dos seres opuestos: uno que mata y otro que salva. Así fue como la Abuela simia nos dio a luz, desconcertantes. La gente especula sobre cómo será el Homo cosmicus dentro de cien años. Ojalá sea una extensión de estos cuatro astronautas, acompañados por la voz desprevenida de Raúl Seixas, el Homo miticus que deseaba a la luna como si fuera una mujer.

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