Condenados a la incertidumbre
Las lectoras y los lectores escriben sobre la imposible emancipación de los jóvenes, la petición de imputación a Carlos Mazón, las criticas del PP a la desclasificación de los papeles del 23-F y el concepto de clase media

Dicen que la duda ofende. Sin embargo, para muchos jóvenes en el extranjero con titulación universitaria, como yo, la duda no es una provocación, sino una condición permanente. ¿Podré vivir algún día cerca de mi familia? ¿Podré comprarme un piso? ¿Podré tener hijos? ¿Podré mantenerlos? ¿Tendré tiempo siquiera para cuidar de un perro? Dudas aparentemente anodinas que, en la treintena, pesan tanto como los propios títulos universitarios. En mi caso, y en el de tantos otros, la historia se repite. Nietos de emigrantes que, sin más propiedad que unas madreñas, salieron hacia Europa dejando atrás hasta a sus hijos. Hoy nosotros, jóvenes inmigrantes —expats, para quien quiera dulcificarlo—, en lugar de madreñas en los pies, llevamos un iPhone en la mano desde el que nos ponemos al día de la condena cotidiana de la economía. Nueve años de estudios —un grado, un máster y un doctorado— y el sacrificio de dos generaciones para una única certeza: estamos condenados a la incertidumbre.
Laura Suárez Criado. Gante (Bélgica)
Quince meses
Resulta extraño que algo que los ciudadanos vimos desde el principio con total claridad —el hecho de que el expresident Carlos Mazón no solo no estuvo a la altura de su cargo, sino que se encontraba comiendo en un restaurante mientras se ahogaban sus conciudadanos— haya tardado 15 meses en traducirse en la solicitud de su imputación por “grosera negligencia”. Cuesta entender tanta tardanza.
Javier Fatás Cebollada. Zaragoza
Política para adultos
Practicar una política para adultos fue lo que predicó Núñez Feijóo cuando accedió a la presidencia de su partido. Sin embargo la vida transcurre en el tiempo y este nos va dando sorpresas, deparándonos situaciones no previstas, tales como que te desclasifiquen los documentos reservados del 23-F, al amparo de una ley franquista de 1968, y que lo único que se le ocurra a dicho líder y a sus portavoces es que el acuerdo ministerial obedece a “una cortina de humo”. Antes que apelar al comodín del humo, me parece que lo inteligente hubiese sido criticar al Ejecutivo por permitir que los secretos oficiales a fecha de hoy aún sigan amparados por una legislación claramente fuera del marco constitucional, exigiendo su reforma.
Joan V. Llàcer Mont. Algemesí (Valencia)
Clase media
Se habla de la clase media pero nadie la define. ¿Clase media es un trabajador con un sueldo que le permite hipotecarse y darse algún capricho o es un emprendedor que se “ha hecho a sí mismo”? En el primer caso su condición de trabajador es primordial y ante cualquier problema laboral o de salud requerirá tener coberturas públicas. No nos comparemos con las personas que salen en la revista ¡Hola!. Cuando dependemos de un sueldo somos trabajadores y nos irá mejor o peor, pero no nos creamos que somos indestructibles porque ya hemos visto crisis o catástrofes que dejaron a gente como nosotros en la calle y entonces sí se reclamaban las ayudas públicas. Pedir salarios dignos cuando los beneficios empresariales no dejan de crecer y pagar impuestos en función de las capacidades de cada uno hará progresar al conjunto de la sociedad y saldremos todos beneficiados.
Julio Merino. Toledo
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