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RED DE REDES
Opinión

Musk, Sánchez y el origen del bulo sobre el voto de los inmigrantes

La falacia de la alteración del censo es parte de la narrativa de Trump desde 2016 y ha alimentado el estilo paranoide de sus campañas

Es una mentira sin matices y, tal vez precisamente por eso, tiene un enorme éxito desde hace al menos una década. La primera campaña presidencial de Donald Trump envenenó la política estadounidense, y buena parte de la global, cabalgando falsedades fáciles de inocular en las redes sociales. El magnate, que ganó las elecciones de 2016 pese a obtener casi tres millones de votos directos menos que su rival, Hillary Clinton, llegó a afirmar que sí logró el apoyo popular mayoritario si se restaban del cálculo “los millones de personas que votaron ilegalmente”. Casi diez años después, esa idea pervive en el universo del movimiento MAGA (Make America Great Again) y en los entornos de ultraderecha a las dos orillas del Atlántico.

Trump y su campaña recurrieron de nuevo a ese bulo en 2020, cuando fue derrotado por Joe Biden, y en 2024, antes de su regreso a la Casa Blanca. La Administración republicana ha vuelto a desempolvarlo ahora como corolario de la crueldad programada de su agenda antiinmigrantes y aviso ante los comicios intermedios del próximo mes de noviembre. “He instruido a nuestro Departamento de Comercio que comience de inmediato a trabajar en un nuevo y altamente preciso censo… Las personas que están en nuestro país ilegalmente NO SERÁN CONTADAS EN EL CENSO”, escribió el mandatario hace meses en su red social, Truth. Es un mito. Michael Waldman, presidente del think thank Brennan Center, lleva años explicándolo: “Es un esfuerzo por crear una solución donde no hay problema”. Una técnica de manipulación clásica del populismo.

El propio Trump sabe que se trata de una mentira, o al menos es consciente de ello su Gobierno. “Tenemos un censo electoral limpio’: la revisión de la Administración de Trump refuta la afirmación de Trump sobre el voto generalizado de los no ciudadanos. De hecho, solo el 0,02% de los nombres verificados generó preocupación, e incluso ese porcentaje podría estar inflado”, publicó en enero el jefe de corresponsales de The New York Times acreditados en la Casa Blanca, Peter Baker.

El mismo embuste lleva ya un tiempo circulando en Europa y en España, aunque la semana pasada motivó incluso un intercambio entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y Elon Musk. El dueño de X, antiguo colaborador de Trump e inmigrante, es desde hace años uno de los mayores propagadores del bulo. El jueves por la noche citó, comentándolo con un “guau”, el delirante mensaje del activista Ian Miles Cheong. Este comentarista desvirtuaba la decisión del Ejecutivo español de poner en marcha la regularización extraordinaria de 500.000 inmigrantes usando la falacia del voto. “Ya ni siquiera es un secreto. Al legalizar a 500.000 inmigrantes ilegales con el pretexto de derrotar a la ultraderecha, Pedro Sánchez se está quitando la máscara. Esto es ingeniería electoral”.

Es falso, por supuesto. “Marte puede esperar. La humanidad no”, le contestó Sánchez a Musk. Pero más allá del escaparate de las plataformas, ese infundio determinó la bronca política durante días. El líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, afirmó que el Gobierno “no tiene derecho a aumentar el censo en más de 800.000 personas”. Después el PP tuvo que matizar ante la evidente mentira, puesto que las personas regularizadas, aunque los trámites fueran extraordinariamente rápidos, no llegarían a tiempo para votar en las próximas generales ni en las municipales, previstas para 2027.

Feijóo había seguido la estela de la propaganda de Vox. “Hay encuestas que dicen que 600.000 personas van a dejar de votar a Sánchez y muchos van a votar a Vox”, dijo Abascal en un mitin. “Y como se les van 600.000 votantes, regularizan a 600.000, les dan ayudas sociales para mantenerlos y los nacionalizan para que les voten”. Así opera lo que el historiador estadounidense Richard Hofstadter llamó “el estilo paranoide de la política”, que resultó eficaz para radicalizar a parte de la sociedad durante el macartismo. Esta es su enésima reencarnación.

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