Ir al contenido
_
_
_
_
COLUMNA

Amor y desamor

No hay nada que repare el desastre de que el objeto amado mute en objeto de desprecio

Leí un libro fabuloso, todavía inédito, donde el autor describe con virtud eso que llamamos “flechazo”, el segundo exacto en el que alguien entra en nuestra vida con la contundencia de un tsunami, arrasa con todo y somos, de pronto, seres incapaces de vivir sin tener a esa persona cerca. Sin, literalmente, respirarla. El otro es, desde ese momento, el oxígeno y el mundo. A mí nunca me pasó. Cada vez que me enamoré estaba distraída. En una playa, en un autobús, en una disco, en la calle. Siempre fue algo que empezó sin importancia (para mí), siempre me deslicé poco a poco hacia el amor, sin intenciones, desprevenida. Me resulta difícil, entonces, entender el punto exacto del inicio: qué fue lo que transformó mi indiferencia en anhelo, en hambre, en locura, en ansia. Pero me resulta muy fácil precisar el momento del desamor. Es como el instante en que un cable se corta: se ve clarísimo. Generalmente llega bajo la forma de un gesto que la otra persona hace de manera impensada. Una descortesía, una negligencia, un descuido, un error que puede parecer leve. Algo que el otro no percibe y, de pronto, ese ser que parecía tan generoso se convierte en un egomaníaco egoísta, ese individuo que parecía tan inteligente se transforma en un imbécil, ese sujeto digno de admiración deviene deplorable. No hay nada que repare ese desastre. Ni la terapia de pareja —aunque, en verdad, nunca probé—, ni las explicaciones, ni las disculpas. Algo, allá adentro, cae. El objeto de amor muta en objeto de desprecio. No hay cómo recuperar la mirada ciega del afecto. Ante mis ojos sólo queda un cuerpo que no me dice nada, el rastro de lo que alguna vez estuvo ahí y que ni siquiera añoro, que ya no me hace daño ni bien, que no espero y a lo que no aspiro. Desde ese momento, arrullo mi desamor como un secreto hasta que me voy, definitivamente, cuando ya no duele. Monstruo soy: me voy cuando ya no me duele.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_