Ir al contenido
_
_
_
_
Feria de Abril
Crónica

Miuras en estado puro

Manuel Escribano cortó una oreja y Román marró con la espada una aceptable faena en una corrida de Miura de gran volumen y juego desigual

Manuel Escribano saluda al público durante la vuelta al ruedo tras la muerte del cuarto toro.Julio Muñoz (Efe)

Como cada año, en el cierre de la Feria de Abril, los toros de Miura se empeñan en demostrar que son diferentes. De entrada, los delata su cara y su volumen; salen al ruedo extrañados ante el desconocido ambiente, embisten a los capotes sin perder de vista el cuerpo del torero, acuden a los caballos con violencia, no ofrecen confianza en banderillas, y en el tercio final pueden ser descastados, ásperos, broncos o nobles, pero nunca tontos. Todos obligan a mantener la tensión y no permiten confianzas.

Los lidiados hoy en Sevilla, todos de gran volumen y mucho peso, (entre los 595 y los 679 kilos), han tenido un juego variado en el primer tercio, cumplidores en general y sobresalientes el quinto y el sexto, que empujaron humillados al peto; primero y segundo, blandos e inciertos; tercero y cuarto, nobles en la muleta; muy brusco el quinto, al igual que el que cerró plaza.

En otras palabras, que hay que tener mucho carácter para anunciarse con estos toros. Los tres toreros han ofrecido una lección de valentía, y se han ganado el sueldo —es de suponer que será justo— con el sudor de su frente.

El mejor librado ha sido Manuel Escribano, un admirable y contrastado profesional que recibió a sus dos miuras de rodillas en los medios; a ambos los banderilleó con corrección, y en las dos faenas de muleta se jugó el tipo, valeroso, firme, entregado y con sobrado conocimiento. Su primero, soso y arisco, le permitió algunos muletazos estimables por ambas manos, pero no brilló el lucimiento por el feo estilo de su oponente. Mejor condición ofreció el cuarto, de embestida más noble y templada; después de sorprender a los tendidos con un par al quiebro pegado a tablas, Escribano inició la faena de muleta con dos pases cambiados por la espalda, y varias tandas de muletazos templados y largos que, si bien no provocaron el entusiasmo, dejaron constancia de la entrega y el pundonor de este torero. Una buena estocada fue el colofón que le permitió pasear un trofeo.

Román, por su parte, perdió la oreja del tercero porque falló con la espada; había lanceado con gusto a la verónica a un toro que se desplazó durante toda la lidia con templanza y nobleza, cualidades que le permitieron al torero lucirlo de largo y dibujar meritorios naturales, y tres derechazos, al final de su labor, que tuvieron mucha profundidad; pero pinchó dos veces y el premio se esfumó.

Lo intentó de nuevo con el sexto, un toro muy dificultoso, que se revolvía y buscaba en el espacio de una moneda. No le perdió la cara Román, muy entregado toda la tarde, pero su solvente actitud no fue suficiente para movilizar a los tendidos.

Y Pepe Moral, que ya triunfó el año pasado con esta ganadería, pechó con el peor lote y se fue de vacío. Esperó al segundo de la tarde de rodillas frente a toriles, y tuvo que aguantar lo inaguantable porque el toro se hizo el despistado y tardó en acudir a su encuentro. A este lo devolvieron por inválido; y volvió a postrarse del mismo modo para recibir al sobrero, un pavo de 679 kilos y enorme seriedad. Tras una larga cambiada, le recetó ocho verónicas que supieron a gloria. Brindó Moral al respetable, pero entre el viento molesto y el comportamiento incierto del toro, siempre con la cara alta, no pudo dibujar una labor lucida. Y el quinto, el más bravo en el caballo, desarrolló un evidente peligro en el último tercio y las ilusiones del torero se desvanecieron.

Al fin y al cabo, una corrida de Miura en estado puro; toros listos, blandos, ásperos, con un punto de violencia, fieros y, por lo general, muy complicados para el toreo de hoy a pesar de la nobleza de algunos. Es que son diferentes…

Miura/Moral, Escribano, Román

Toros de Miura, -el segundo, devuelto por inválido y sustituido por otro del mismo hierro-, bien presentados, de gran volumen, blandos y juego variado en los caballos; de arisca movilidad primero y segundo; nobles, pero no tontos, tercero y cuarto; bravos en el caballo y deslucidos en el tercio final el quinto y el sexto.

Manuel Escribano: estocada muy trasera y baja (ovación); estocada (oreja).

Pepe Moral: pinchazo y bajonazo (silencio); pinchazo, estocada atravesada y dos descabellos (silencio).

Román: dos pinchazos y estocada perpendicular y baja (ovación); estocada (ovación).

Plaza de La Maestranza. 26 de abril. Decimosexto y último festejo de abono de la Feria de Abril. Lleno.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_