Política internacional y cacofonía partidista
En un momento crucial para el orden mundial y con Europa en el disparadero seguimos con nuestras divisiones de patio de colegio


Las reacciones de nuestras fuerzas políticas a la intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela han vuelto a sacar a la luz nuestras muchas discrepancias en política internacional. Yo me sumo a la crítica oficial del Gobierno, una de las más contundentes en Europa en su condena de la operación militar de Donald Trump. Desde luego, esa actitud no está reñida con la crítica al régimen bolivariano, pero recurrir a la defensa del derecho internacional era la única actitud sostenible. Más radical fue Podemos, cuando por boca de Ione Belarra apeló a la necesidad de abandonar la OTAN e incluso romper relaciones con Estados Unidos. Lo que llama la atención de esta reacción tan hiperbólica es su contraste radical ante lo que sucede en Ucrania. No se entiende su indiferencia ante el sufrimiento de los ucranios. O, si es porque defienden la causa del Kremlin, el de los propios rusos de a pie. Ya han muerto en este conflicto más soldados de Putin que estadounidenses a lo largo de toda la Segunda Guerra Mundial. Su crítica genérica a la guerra sin señalar al responsable de haberla provocado recuerda más a la sempiterna posición del Vaticano que a la de una fuerza política responsable.
Esto va también por Vox, que comparte la indiferencia trumpista ante Ucrania, aunque se alinea explícitamente con la Casa Blanca en su intervención venezolana y, en buena lógica, con todo lo que venga del magnate. En esto coinciden con Isabel Díaz Ayuso, fotografiándose encantada en su almuerzo con Javier Milei, que apunta a esa misma entrega de un sector de la derecha al proyecto trumpiano en vez de a la solidaridad debida a la causa defendida por Europa. Recordemos que la próxima estación puede ser Groenlandia. ¿Son favorables a los nuevos poderes imperiales? ¿Les importa algo la dinamitación del orden internacional y la reducción de Europa a una semicolonia tutelada desde Washington? Y luego está el oficialismo de los populares, más cauto y ambiguo, remitiéndose a los tribunales como instancia de autoridad para evaluar la “legalidad” de la acción estadounidense. En fin, más desconcierto que otra cosa. Como se vio también al criticar a Sánchez por ausentarse de la Pascua Militar, “prefiriendo” acudir a París para sumar a España al grupo de la “coalición de los dispuestos”. Eso significa no enterarse de nada de lo que está pasando.
Como digo, creo que la actitud del Gobierno fue la correcta, pero se trata de un ejecutivo de coalición sostenido por una suma parlamentaria que se siente liberada de respaldarlo en un momento crucial. El interés de cada partido por diferenciarse, también dentro de la derecha, nos hace un flaco servicio a todos como país. Cada cual busca acercarse a lo que entiende que es la sensibilidad predominante entre sus seguidores antes que hacer pedagogía o señalar los muchos dilemas que convergen en cuestiones como estas. La política internacional, que debería aspirar al máximo consenso posible en tanto que política de Estado, acaba sujetándose así a la misma lógica de enfrentamiento partidista que prevalece en nuestra política interna. En un momento existencial para el orden mundial y con Europa en el centro del disparadero, seguimos con nuestras divisiones de patio de colegio.
Lo lógico hubiera sido una buena discusión en el Parlamento donde poder ponderar las distintas posiciones al respecto, así como consideraciones más generales de política de defensa. Ya sabemos que esto hoy es una petición inútil. Acabaría siendo uno de tantos debates estériles, más cargados de insultos que de argumentos. Pero no quedará más remedio; todo apunta a que no habrá ya casi nada en la política nacional que no se vea afectado por lo de fuera. Ya que no será posible la unidad, que al menos impere la claridad.
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