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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Buenas cifras, cero complacencias

Es innegable que la economía española atraviesa un buen momento, pero la vivienda y el coste de la vida no permiten celebraciones

España encara 2026 con el impulso de haber sido la gran economía de la zona euro que más ha crecido el año anterior. La fortaleza de la actividad invita al optimismo, y da muestra de lo que ha evolucionado el modelo productivo español, pero no debe llevar a la complacencia, porque persisten anomalías e incertidumbres. Y la bonanza está lejos de traducirse en una mejora del nivel de vida apreciable para la mayoría de los ciudadanos.

Los datos son contundentes. Mientras la actividad en la zona euro ha crecido a un ritmo anual del 1,3%, en España ha sido del 2,8%, con cifras del tercer trimestre. La tendencia debería continuar en los próximos meses, salvo imprevistos de envergadura. El contexto europeo no es tan negativo como se temía hace unos meses: el BCE ha elevado sus previsiones de crecimiento para la zona euro del nuevo año, hasta el 1,2%, una cifra débil, pero que sortea el miedo a un estancamiento o recesión, acrecentado por las tensiones comerciales con EE UU. La explosión del orden mundial que implica el ataque de Estados Unidos a Venezuela añade incertidumbre al escenario.

El crecimiento español se ha traducido en un nuevo récord de cotizantes (21,8 millones) y un descenso del 6% en el número de parados (hasta poco más de 2,4 millones). Las principales instituciones prevén que el PIB se modere este año hasta el 2,2%. Tanto el aumento del PIB como del empleo se explican en gran parte por la inmigración, que pese a los discursos demonizadores se ha convertido en un elemento dinamizador de la economía. Aunque también explica que el PIB per cápita apenas se haya recuperado de la crisis de la pandemia.

El Gobierno se apoya en estos datos para asegurar que la economía va “como un cohete”. La Bolsa española ha subido casi un 50% en el último año. Las agencias de calificación han mejorado la nota de la deuda de España. Los fondos del Plan de Recuperación de la UE, con subvenciones por casi 80.000 millones de euros para España, encaran este 2026 sus últimos desembolsos, un argumento utilizado por Pedro Sánchez para justificar que la legislatura se alargue hasta 2027 y que explica que el Gobierno se sienta capacitado para no aprobar unos presupuestos en todo el mandato, una anomalía política y económica.

La percepción ciudadana de la situación económica no apoya el triunfalismo. El problema de la vivienda y el estancamiento del poder adquisitivo lo explican. El precio de las casas se disparó otro 13% en 2025, el ritmo más elevado desde la burbuja inmobiliaria de 2008. Los precios del alquiler se han duplicado en una década y los salarios, no. La notable subida del salario mínimo interprofesional (SMI) beneficia a las rentas más bajas, pero el sueldo medio apenas gana poder adquisitivo desde 2007, y todavía se resiente de la inflación que siguió a la pandemia y la guerra de Ucrania. La desesperanza de los jóvenes, que ven imposible emanciparse o formar familias, es hoy un elemento de desestabilizador para nuestras sociedades.

La buena noticia es que el modelo productivo español es hoy más robusto que en 2008. El sistema financiero es mucho más sólido, la dependencia del ladrillo es menor (no así la del turismo), las exportaciones dominan la balanza comercial, las empresas son más rentables y las más grandes están muy internacionalizadas. Pero el sostenimiento de esta senda depende en gran medida de reformas pendientes (la fiscal, de la vivienda o de la financiación autonómica, entre las más apremiantes) que difícilmente se resolverán en el actual escenario político. No basta la inercia.

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