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tribuna
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Rosalía no es Hakuna: del espejismo del renacer católico al cristianismo radical

Los datos del Barómetro sobre Religión y Creencias en España de 2025 confirman que no estamos ante un retorno del catolicismo, sino ante una reconfiguración profunda del campo religioso

En los últimos tiempos se ha instalado en ciertos discursos mediáticos, eclesiásticos y políticos la idea de que estaríamos asistiendo a un “renacer católico”, especialmente entre la juventud.

El éxito de figuras culturales como Rosalía o la película Los domingos (Alauda Ruiz de Azúa, 2025) por un lado, y el auge de movimientos como Hakuna, Emmanuel o Effetá, por otro, han sido utilizados como pruebas de una supuesta reconfiguración religiosa que devolvería la centralidad al catolicismo en una sociedad secularizada. Sin embargo, esta lectura resulta profundamente engañosa. Lo que muestran los datos sociológicos es que la secularización no ha desaparecido; se ha transformado.

La sociología de la religión describe la secularización como el proceso mediante el cual amplios sectores de la vida social se emancipan del control religioso. Este proceso no implica simplemente la pérdida de creencias, sino la afirmación de la autonomía humana.

El teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer, mártir del nazismo, interpretó la secularización como la culminación de un largo camino hacia la mayoría de edad de la humanidad. Desde el deísmo racionalista hasta la crítica radical de la religión de los “maestros de la sospecha”, Feuerbach, Marx, Nietzsche y Freud, la modernidad fue erosionando la función cultural de Dios como garante del orden moral, social y político.

Tras experiencias históricas extremas como el Holocausto, la pregunta por Dios se volvió más dramática. Para pensadores como Elie Wiesel, Hans Jonas o Jürgen Moltmann, hoy solo es creíble un Dios que sufre con las víctimas, no un soberano omnipotente insensible al dolor. Lo mismo podríamos decir hoy tras el genocidio de Gaza.

Los datos del Barómetro sobre Religión y Creencias en España (BREC 2025) confirman que no estamos ante un retorno del catolicismo, sino ante una reconfiguración profunda del campo religioso. La sociedad española se divide casi por igual entre personas con creencias religiosas (49%) y quienes no se identifican con ninguna (51%). Sin embargo, la no identificación religiosa no equivale a ausencia de espiritualidad. Un 20% de quienes no tienen religión se definen como personas espirituales, y más de un tercio cree en alguna forma de realidad espiritual o fuerza vital.

Entre los jóvenes, este fenómeno es aún más claro: son el grupo más secularizado, pero también el más abierto a espiritualidades no religiosas. La religión institucional ocupa el último lugar como fuente de sentido vital, muy por detrás de la familia, la amistad, el crecimiento personal o el contacto con la naturaleza.

Ser católico hoy no implica necesariamente espiritualidad ni fe religiosa. Un 26% de las personas que se identifican como católicas no se consideran personas espirituales o interesadas en lo sagrado. La pertenencia católica funciona en muchos casos como identidad cultural y de clase.

En este contexto emerge el llamado “catolicismo cool” o “guay” del que Hakuna es uno de los ejemplos más visibles. Se trata de una estrategia de adaptación formal a la cultura juvenil contemporánea: estética cuidada, dominio de redes sociales, centralidad de la experiencia emocional, lenguaje del marketing y del bienestar, espectáculo y ruido.

Como señalan investigadores como Rafael Ruiz o Mónica Cornejo, el cambio es profundo en las formas, pero muy limitado en los contenidos. Hakuna utiliza una estrategia de aparente secularización de un mensaje religioso conservador para poder maquillarlo y expandirlo entre la juventud. ¡Nada que ver con el cristianismo evangélico!

Rosalía, por el contrario, no representa un retorno al catolicismo ni una estrategia religiosa. Su obra expresa una espiritualidad laica, posreligiosa, profundamente personal. Su espiritualidad conecta con una generación que no cree en la religión organizada, pero que no se resigna al nihilismo. Sin embargo, tiene sus riesgos: individualismo, narcisismo espiritual, mercantilización de lo sagrado. Sin mediaciones comunitarias, sociales y políticas, la espiritualidad puede quedar reducida a autoayuda estética.

Ni Rosalía ni Hakuna son signos de un renacer católico. Representan, más bien, dos respuestas distintas a la crisis de la religión: una espiritualidad sin religión y una religión adaptada al mercado cultural. Ambas muestran búsquedas reales, pero también límites evidentes, Hakuna más que Rosalía.

La alternativa no pasa por recuperar la influencia, la visibilidad o el poder perdidos, sino por un cristianismo radical, que va a las fuentes del ser, del vivir y del convivir, a la raíz del Evangelio. Un cristianismo centrado en el Jesús histórico y su praxis liberadora, despojado de privilegios, laico, feminista, antineoliberal, abierto al pluralismo religioso, no dogmático, compasivo con las víctimas, intercultural, decolonial, hospitalario, ecologista, utópico, contrahegemómico, alterglobalizador e indignado con las injusticia.

Un cristianismo que asuma la secularización como oportunidad y no como amenaza; que recoja la sed espiritual contemporánea y la encarne en comunidades de base, informales, abiertas a la contemplación y al silencio, que promuevan una cultura de la escucha y del encuentro, comprometidas con la justicia social, el cuidado de la vida y la memoria de las víctimas. Un cristianismo que una mística y política, contemplación y acción.

Rosalía no es Hakuna. Y ninguna de las dos es cristianismo radical. El espejismo del renacer católico oculta una verdad más incómoda y esperanzadora: la religión institucional ya no ocupa el centro, pero las preguntas por el sentido, la justicia y la trascendencia siguen abiertas.

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