Ir al contenido
_
_
_
_
columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Premio de la Paz para Trump

El galardón creado por la FIFA a gusto del presidente de EE UU se entregó en nombre de todos los aficionados al fútbol, incluidos los venezolanos

Donald Trump recibió el Premio de la Paz en mi nombre y en el tuyo. El galardón lo instituyó la FIFA en noviembre de 2025 para compensar la decepción por el Nobel y, según consta en su web oficial, se concederá cada año en nombre de los miles de millones de personas a las que nos gusta el futbol. Gente como tú y como yo, y diría que como tantos venezolanos. El motivo para otorgar dicho premio es que “en un mundo cada vez más inestable y dividido”, hay personas que generan esperanza porque con sus acciones, como ocurre con el fútbol, “proporcionan esperanzas a las próximas generaciones” y naturalmente merecen reconocimiento global. ¿El candidato ideal para estrenar el palmarés? Obvio: el actual presidente de Estados Unidos. ¿Puede imaginarse hoy otra persona “que, con su inquebrantable compromiso y sus acciones especiales, hayan ayudado a unir a las personas en todo el mundo en la paz”? La gala de concesión se celebró el pasado 5 de diciembre en un edificio emblemático de la vida cultural de Washington. Por entonces aún tenía el nombre original, pero ahora se ha ampliado por decisión de la junta que preside la otrora venerable institución: en la fachada ya se lee The Trump Kennedy Center.

Lo ocurrido con este centro de artes escénicas es paradigmático de cómo la segunda presidencia Trump, que se proclama a sí misma como restauradora de la paz y la edad de oro, degrada la calidad democrática de su país arrinconando toda forma de oposición y contrapeso. El caso podría circunscribirse a la lógica polarizadora de la batalla cultural, pero se trata de otro frente de una guerra por diversos medios cuyo propósito es la imposición de un régimen autocrático liderado por un señor feudal del siglo XXI sin derecho internacional. A los pocos días de asumir la presidencia, Trump inició una purga para cargarse la junta directiva de una institución de tradición bipartidista, se nombró a sí mismo para la presidencia e impuso a un director leal a su megalomanía. El verano pasado anunció el nombre de los premiados que concede la institución en una gala elegantísima. Si hasta ahora los elegía un comité de especialistas, en esta ocasión dijo que él había elegido: los cantantes Gloria Gaynor y George Strait, el grupo de metal circense Kiss y los actores Michael Crawford y su amigo Sylvester Stallone.

Hay una fotografía de los premiados en el Despacho Oval. Están de pie detrás de un Trump sentado frente a la mesa donde a lo largo de 2025 ha firmado las órdenes ejecutivas que están degradando la democracia de su país y del mundo. En un extremo se ven dos trofeos. Está la Copa del Mundial, que se jugará esté verano en Norteamérica, y está la escultura que recibió al serle concedido el Premio de la Paz de la FIFA. Es obra de dos artistas de Azerbaiyán: un globo terráqueo en oro sustentada por cinco manos de oro también. Trump lo recibió a principios de diciembre, durante la gala del sorteo del Mundial celebrada en el Kennedy Center. El nuevo director trumpista del centro cultural dijo que la FIFA estaba haciendo grandes donaciones a la institución, pero no consta. El presidente de la federación internacional de futbol Gianni Infantino —que está acusado de romper el código ético de la FIFA y que ha alquilado oficinas en la Trump Tower de Nueva York— declaró esa noche que Trump “puede contar siempre” con su apoyo “y con el de toda la comunidad del fútbol para lograr la paz y promover la prosperidad en todo el mundo”. Vaya campeón.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Jordi Amat
Filólogo y escritor. Ha estudiado la reconstrucción de la cultura democrática catalana y española. Sus últimos libros son la novela 'El hijo del chófer' y la biografía 'Vencer el miedo. Vida de Gabriel Ferrater' (Tusquets). Escribe en la sección de 'Opinión' y coordina 'Babelia', el suplemento cultural de EL PAÍS.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_