El drama turco ‘Gelbe Briefe’, sobre la persecución política en el país, gana el Oso de Oro de la Berlinale 2026
La alemana Sandra Hüller, estrella del cine de autor, obtiene el premio a mejor protagonista y los veteranos británicos Tom Courtenay y Anna Calder-Marshall, ‘ex aequo’ el galardón a mejor actuación secundaria. La gala estuvo marcada por mensajes en apoyo a Gaza


El drama turco Gelbe Briefe (Cartas amarillas), de Ilker Çatak, ha ganado el Oso de Oro de la Berlinale 2026. Rodada en Alemania, y sin esconderlo en pantalla —un cartel informa “Berlín como si fuera Estambul” y otro explica: “Hamburgo como si fuera Ankara”—, la nueva película de turcoalemán Çatak, que fue candidato al Oscar a película internacional con su trabajo previo, Sala de profesores, usa hechuras de filme clásico para ilustrar la destrucción de una familia. La vida feliz de los protagonistas revienta cuando al padre, profesor universitario y dramaturgo, el Gobierno le envía una carta de despido (el título se refiere a esas cartas amarillas) por “antipatriota”, lo que arrastra en la caída a su esposa, actriz de éxito, y a quienes le rodean, principalmente su hija. Pierden sus trabajos, pierden su casa. Y por ello, afrontan el dilema de defender sus ideales o achantarse y avanzar con su vida.
Al jurado, presidido por Wim Wenders, Gelbe Briefe les hizo sentir “escalofríos”. “Vimos su película como una premonición aterradora, una mirada hacia un futuro cercano que también podría ocurrir en nuestros países”.
Y sí, por primera vez se habló alto y claro sobre el genocidio en Gaza, porque varios premiados recordaron todo lo sufrido por el pueblo palestino en la Franja, después de que a lo largo de esta edición diversos cineastas y la organización de la Berlinale hubieran decidido no hacer comentarios sobre la invasión israelí, pese a sí honrar a los pueblos iraní y ucranio.
Win Wenders aseguró que para él y sus compañeros los tres primeros premios eran iguales, que consideraban el trío de filmes galardonados a la misma altura. Por cierto, agradeció profundamente a Tricia Tuttle, directora del certamen, su apoyo durante estos días, desde que en la primera rueda de prensa dijo las palabras que han retumbado desde aquel día: “Tenemos que mantenernos al margen de la política. Somos el contrapeso de la política, lo opuesto a los políticos; hay que hacer el trabajo de la gente, no el de los políticos”. El inicio de un debate que este sábado ha marcado la gala de entrega de premios. En el escenario de la clausura, Wenders se defendió, explicando: “Necesitamos unirnos activistas, cineastas y periodistas. Así haremos frente al mundo aterrador y fuera de control en el que vivimos”.
Al acabar la ceremonia, la misma Tuttle defendió el derecho de hablar de cualquier cineasta “de cualquier tema” o de mantener el silencio, si prefería comunicarse a través de su obra.

El kurdo Emin Alper, al recoger el Oso de Plata Premio Especial del Jurado por la turca Kurtulus, realizó un emotivo discurso en el que recordó el dolor del pueblo palestino (“No estáis solos”, palabras recibidas con pocos aplausos y gritos de “Free Palestine”), el sufrimiento de la población iraní (“No estáis solos”, y aquí sí que hubo una ovación mucho más grande) y, finalmente, la de sus compatriotas kurdos, recitando nombres de amigos encarcelados.

Para Queen At Sea, de Lance Hammer, fueron el Oso Premio del Jurado y el de la mejor interpretación secundaria, compartido por dos clásicos de la actuación británica, Tom Courtenay (hay que recordar que debutó en la gran pantalla en 1962 con La soledad del corredor de fondo) y Anna Calder-Marshall (ahora que se habla mucho de Cumbres borrascosas, ella protagonizó una versión muy interesante en 1970 junto a Timothy Dalton). Hammer agradeció a los dos actores, que interpretan a un matrimonio de ancianos en el que ella sufre de la degradación de la demencia, y a Juliette Binoche, en pantalla hija de la enferma e hijastra del marido, su trabajo. Calder-Marshall, que apenas dice una decena de palabras durante el metraje, aprovechó para hablar de su trabajo y de la colaboración entre los tres.

El Oso de Plata a mejor interpretación principal (no hay distinción de géneros) lo ganó Sandra Hüller por Rose, donde encarna a una mujer que en el siglo XVII se hace pasar por un exsoldado con la cara desfigurada por un balazo para reclamar una granja que no es suya. Hüller, que logró fama en Europa por Toni Erdmann (2013) y luego la mundial en 2023, por Anatomía de una caída y La zona de interés, ya había logrado este Oso en 2006 por Requiem, su primer largometraje.

El galardón a la mejor dirección recayó en el inglés Grant Gee, otro creador crecido en la realización de vídeos musicales, que ha aplicado esa experiencia en Everybody Digs Bill Evans, que ilustra la vida del legendario pianista de jazz desde junio de 1961 hasta su muerte (la fecha es importante, por el quiebro personal y artístico que sufrió). En el escenario, Gee aseguró que su trabajo, en blanco y negro y con ciertos aires experimentales, había sido muy fácil de hacer por una gran razón: “Escogí al mejor equipo posible”.

El Oso de Plata al mejor guion fue para la canadiense Geneviève Dulude-de Celles para su película —que también dirige— Nina Roza, protagonizada por un comisario de arte que adquiere obras para un millonario, y que vuelve a Bulgaria —de donde salió hace 28 años con su hija, tras morir su esposa— para ver si es cierto que hay un genio de la pintura en forma de niña prodigio de ocho años. En ese viaje encarará el territorio emocional perdido, y alimentará la sensación de que, a pesar de todo, el doble viaje no fue en balde: el del exilio y el de la vuelta a casa.
El premio a la mejor contribución artística fue para Anna Fitch y Banker White, por su labor en Yo (Love Is a Rebellious Bird), una película muy basada en casa de muñecas y cómo superar el dolor de las pérdidas a través de marionetas. En el palmarés se echó de menos algún reconocimiento para la estadounidense Josephine, de Beth de Araújo, y para la mexicana Moscas, de Fernando Eimbcke. El jurado liderado por Wenders premió películas más clásicas en su forma. Además, Josephine venía de lograr los dos trofeos más importantes de Sundance: en la Berlinale la organización programa de manera asidua filmes procedentes del certamen estadounidense que luego suelen ser despreciados por los jurados.
Además del mencionado Emin Alper, otros galardonados hablaron del genocidio en Gaza. Marie-Rose Osta, que logró el premio al mejor cortometraje por Yawman Ma Walad, en el que un niño palestino posee poderes para derribar aviones israelíes en Líbano, dijo: “Los niños de Gaza, de toda Palestina y de mi Líbano no tienen superpoderes que los protejan de las bombas israelíes. Ningún niño debería necesitar superpoderes para sobrevivir a un genocidio potenciado por el derecho de veto y el colapso del derecho internacional”.

Más tensión se vivió cuando el cineasta palestino-sirio Abdallah Alkhatib, que ganó el premio a la mejor ópera prima por Chronicles From the Siege, la vida en una ciudad anónima sitiada, acusó al Gobierno alemán de ser “cómplice del genocidio por parte de Israel” en Gaza. “Algunas personas me dijeron que quizá debía tener cuidado antes de decir lo que voy a decir ahora, porque soy refugiado en Alemania y hay muchas líneas rojas. Pero no me importa. Me importa mi pueblo, me importa Palestina. Así que dirijo mis últimas palabras al gobierno alemán: ustedes son cómplices del genocidio en Gaza por parte de Israel [...]. Son lo suficientemente inteligentes como para reconocer esta verdad, pero eligen no hacerlo. Palestina libre, desde ahora y hasta el fin del mundo”.
Tras sus palabras, la presentadora de la gala, la actriz Désirée Nosbusch, apuntó: “A menudo el cine refleja los conflictos de nuestro mundo y, por supuesto, también el profundo dolor que tememos y que sentimos. Estas son las voces de los artistas y los cineastas. Y eso no necesariamente refleja la postura de la Berlinale como institución”.
Entre el resto de los galardones destaca el que recibió Ian de la Rosa, el cineasta único español presente en la Berlinale, cuyo debut en el largo, Iván & Hadoum, proyectado en la sección Panorama, logró el premio Teddy, el trofeo más consolidado y prestigioso (en esta edición celebraba su 40º cumpleaños) entre los galardones cinematográficos destinados a filmes sobre el colectivo LGTBI. “Hicimos la película intentando abrazar al espectador y hemos sentido este abrazo de vuelta con la gente de aquí, el público de aquí. Ha sido muy, muy bonito”, aseguraba el granadino De la Rosa en la alfombra roja previa a la ceremonia de su reconocimiento.
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