El efecto del precio del petróleo en las finanzas públicas de México
Hay mucha incertidumbre sobre cuál será el efecto del aumento en el precio internacional del petróleo sobre la economía mexicana y, en particular, sobre las finanzas públicas del país

De entrada, es importante señalar que hay dos efectos que actúan en direcciones contrarias. Por un lado, el aumento de los precios internacionales del petróleo implica un aumento en los ingresos públicos del país por la vía de nuestras exportaciones petroleras. De hecho, en el documento Criterios Generales de Política Económica 2026 (CGPE 2026, p. 61) se presenta un cuadro titulado “Sensibilidades de ingresos y egresos en 2026”. Ese cuadro incluye un rubro específico sobre el “Efecto de un dólar adicional en el precio del petróleo sobre los ingresos petroleros”. Según las estimaciones allí presentadas, el efecto positivo en los ingresos públicos por cada dólar adicional en el costo del petróleo sería de 11.600 millones de pesos. La explicación que se ofrece en el cuadro para este resultado positivo es la siguiente: “Un aumento en el precio del petróleo incrementa los ingresos por exportaciones de petróleo más que el incremento de los gastos por importación de hidrocarburos para Pemex.”
Cabe recordar que el marco macroeconómico previsto para 2026 consideraba un precio del petróleo de 54,9 dólares por barril. Por ello, si el precio promedio en el año ronda alrededor de los 80-90 dólares por barril, esto podría implicar ingresos adicionales para el gobierno por entre 280.000 y 390.000 millones de pesos, según la estimación de los CGPE 2026.
Esto último podría parecer contraintuitivo considerando que la balanza comercial de México en productos petroleros ya es negativa. En 2025, por ejemplo, nuestras exportaciones de petróleo crudo y de derivados del petróleo fueron cercanas a los 20.000 millones de dólares, mientras que nuestras importaciones de derivados del petróleo (gasolina, turbosina, gasóleo, diésel, etc.) fueron cercanas a los 29.000 millones de dólares, es decir, un déficit de 9.000 millones de dólares. Si a esto le sumamos los productos petroquímicos, el desbalance aumenta hasta más de 25.000 millones de dólares. Sin embargo, la clave para entender la estimación que realiza Hacienda es que, como debe ser, solo toma en consideración la importación realizada por Pemex, y no por entes privados, ya que es eso lo que incidiría en las finanzas del gobierno.
Por otra parte, hay un efecto que potencialmente podría ser negativo para las finanzas del país, aunque eso depende de una decisión de política pública. Como ya se dijo, nuestro país es importador neto de productos petroleros, lo cual incluye, de manera muy importante, a la gasolina y al diésel. Al aumentar el precio del petróleo a nivel mundial, el precio de estos productos también aumenta, por lo que las importaciones se encarecen. Al comerciar estos productos en el mercado mexicano, la decisión es si se traslada o no el aumento a los consumidores. El Gobierno mexicano aquí se enfrenta a un dilema: si mantiene los impuestos a la gasolina y al diésel tal y como están, los precios al consumidor deberían aumentar; si trata de mantener estables los precios, el gobierno debe absorber el efecto a través de un menor impuesto, lo que afectaría los ingresos que percibe por esta vía. Cabe señalar que este segundo efecto no está contemplado en el cuadro de los CGPE 2026 al que se hizo referencia previamente, por lo que esto podría reducir, o incluso revertir, los efectos positivos mencionados allí.
Por lo pronto, el Gobierno mexicano ya ha anunciado su intención de reducir el impuesto al diésel, pero no a las gasolinas, lo que quiere decir que el precio de estas últimas podría aumentar y que el Gobierno está dispuesto a aceptar una cierta merma en sus ingresos por el lado del diésel. Al mismo tiempo, el Gobierno anunció una extensión por seis meses más del acuerdo con distribuidores de gasolina para mantener el tope al precio de la gasolina tipo Magna en 24 pesos por litro, mientras que el precio de la gasolina premium no queda sujeto a ninguna restricción, por lo que podemos prever que el precio de este último tipo sí aumentará.
Se trata, como se puede ver, de un balance muy precario. Si el precio del petróleo continúa aumentando, la presión sobre los precios de la gasolina seguirá y el Gobierno tendrá que tomar una decisión difícil: o libera el tope de la gasolina (con sus potenciales consecuencias inflacionarias) o lo mantiene a costa de sufrir una merma adicional en sus ingresos públicos. Ninguna de las dos opciones es fácil. En ese sentido, el efecto de la guerra sobre la economía mexicana podría depender de su duración y de su impacto sobre el precio del petróleo. Si este reacciona aún más de lo que ya lo ha hecho, podría generar costos importantes para las finanzas públicas del país. Si se mantiene en los niveles a los que ha llegado hasta ahora, el efecto podría ser positivo para las finanzas públicas del país.
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