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Reforma Electoral
Columna

Los aliados

El proyecto de reforma electoral intenta debilitar al Partido Verde y el Partido del Trabajo, que ahora quieren más autonomía

Legisladores en la Cámara de Diputados, el 3 de marzo de 2026.Mario Jasso (Cuartoscuro)

Nadie sabe para quien trabaja. Sin duda alguna la muy paseada y comentada reforma electoral ha generado diversos impactos. Por supuesto no el que deseaba la principal interesada: Claudia Sheinbaum. Como se sabe, la presidenta mandó una iniciativa de reforma que nadie pidió pero que ella inventó que fue a solicitud del pueblo que siempre pide sin medida. Está bien. Es presidenta y puede mandar lo que considere. Decir que las encuestas apoyan esa reforma es una falacia. Por supuesto que si en las encuestas se pregunta a los participantes si quieren quitar dinero a los partidos, todos dirán que sí; lo mismo que si les preguntas si quieren que les quiten los impuestos, todos contestarán afirmativamente. Son preguntas que no tienen sentido hacer porque traen la respuestas de antemano. Decir que la reforma electoral la pidió el pueblo es claramente un recurso demagógico a menos que uno en verdad se crea que la gente gritaba a Sheinabum en la calle: ¡presidenta no queremos becas del bienestar, queremos que las cúpulas no pongan a los pluris!¡No queremos alcantarillado, desaparezca el PREP! Como no fue así, la presidenta mandó su iniciativa que, verdaderamente al pueblo, le vale sorbete.

Una vez dicho eso hay que destacar que en el terreno político la iniciativa sí desató sorpresas, adhesiones y rechazos. Sobre todo, porque se trató de un proyecto para aplastar a los aliados de la propia presidenta: una invitación a que jugaran ruleta rusa, pero nada más el Partido Verde y el Partido del Trabajo (PT). Este tipo de actitudes políticas del equipo de gobierno da una idea clara de cómo están las cosas en esa materia en torno a la presidenta. Sabemos que, en seguridad, las cosas van bien. Hay una estrategia, un responsable claro del proceso y las tareas están bien delimitadas. Sabemos que, en cuestión de políticas tecnológicas, el señor Pepe Merino es el mandamás y lo hace bien. Pero en el ámbito político, lo que domina es un verdadero desorden, una puesta en escena que va del espectáculo de carpa al zafarrancho generalizado. Si necesita encargarle una reforma electoral a Pablo Gómez, es evidente que está sola y extraviada.

El fracaso de la reforma no tendrá gran costo para nadie. A la presidenta nada le cuesta y será muy difícil que al Verde y al PT les carguen la responsabilidad porque la gente no los ve como actores de nivel presidencial. Al igual que con el rechazo a la del nepotismo, ningún precio pagarán. Sin embargo, la reforma sí enseñó algo: en dónde se encuentran los aliados, más allá de las preferencias en las encuestas.

Morena es quizá el partido que más peligro representa a la presidenta. Envueltos en un concurso de frivolidad, falsas lealtades y estupideces, no atina organizarse. Si bien es cierto que Sheinbaum se ha deshecho -o eso parece- de algunos personajes impresentables como Adán Augusto, lo cierto es que la ambición desmedida y la falta de disciplina es evidente. Si a las solicitudes de AMLO no se les cambiaba ni la fecha, a las de Sheinbaum las voltean al revés hasta dejarlas irreconocibles. Las solicitudes o mandatos de la presidenta no son tomadas en cuenta por los principales cuadros partidistas. No ha comenzado el proceso de selección de candidatos y ya los pleitos son a cuchilladas.

El partido Verde ha comenzado a hacer sus “solitos” y está dispuesto a dar la pelea como partido consolidado, ya no como un satélite. Paradójicamente, la reforma que les exigía suicidarse ha terminado por potenciarlos como un partido de poder y no ya un partido de chambas, y levanta dedos al mejor postor. El PT siempre ha sido un misterio: ¿qué quiere además de dinero?, pero ha salido respondón y ha mostrado cuadros que son capaces de debatir sin necesidad de recurrir a la consigna barata de enaltecer al líder en turno, tiene una fuerza considerable en algunas zonas y pude generar alianzas interesantes con Morena o con alguien más. Seguirá vendiendo caro su amor.

Parece que esa alianza ha llegado hasta aquí gracias a la notable incompetencia política del equipo presidencial. A los aliados que llegaron hasta estos momentos solamente les queda esperar a que Morena se desangre con las candidaturas para recibir a los descontentos de las filas oficialistas. Cuestión de meses…

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