
Videoanálisis | Seguridad: La historia completa
En materia de seguridad, las cifras pueden discutirse; lo que no debería estar en disputa es la necesidad de contar la historia completa
Hay relatos que no requieren demostración para instalarse en la opinión pública. Les alcanza con repetirse y confiar en la mala memoria de quien escucha.
En materia de seguridad, han empezado a circular dos relatos especialmente útiles para la guardia opositora.
El primero afirma que, durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la violencia no hizo más que aumentar, como si la consigna “abrazos, no balazos” hubiera implicado una estrategia de renuncia. El segundo sostiene que la colusión entre crimen y Estado nació en 2018 con el partido guinda. Ambos relatos ordenan la realidad con una simplicidad sospechosa.
Conviene, pues, volver a mirar las cifras con cuidado. El salto más abrupto en homicidios ocurrió en la segunda mitad del sexenio de Enrique Peña Nieto: de 12.000 asesinatos a más de 25.000 en 2018. Tres años le bastaron al último presidente del PRI para duplicar la violencia letal. Esa fue la inercia que recibió la administración siguiente.
Es cierto que con López Obrador no hubo milagros, pero tampoco continuó la escalada. Desde 2020, el galope empezó a desacelerarse y, hacia el final del sexenio, los homicidios comenzaron a descender.
Algo similar ocurre con la idea de que la infiltración criminal nació en 2018. Mucho antes de que Morena existiera como movimiento o partido, ya se documentaban gobiernos locales penetrados por el crimen: Tamaulipas, Michoacán, Jalisco. La porosidad del Estado no nació con un partido ni con una coyuntura.
Reconocer esa realidad no absuelve a nadie, pero sí obliga a admitir que los problemas estructurales no caben en genealogías oportunistas ni relatos simplones.
Hoy la seguridad ha vuelto al centro del debate. Claudia Sheinbaum ha decidido corregir aquello que fallaba y, a 16 meses de Gobierno, las cifras reportan una reducción cercana al 40% en homicidio doloso y operativos para desarticular redes locales de complicidad como ocurrió en Tequila, Jalisco.
La reducción no partió de cero. La precede una curva que ya había dejado de crecer y un conjunto de políticas sociales que, con todas sus limitaciones, habían empezado a estabilizar el terreno.
Las elecciones de 2027 estarán atravesadas por este debate. Las cifras podrán discutirse; lo que no debería estar en disputa es la necesidad de contar la historia completa.