El INE no está entendiendo
Ante la reforma electoral, alguien dentro del INE debe actuar con sensatez y evitar repetir los errores que ya cometió la Suprema Corte


Morena no debería estar haciendo una reforma electoral en un país que tiene muchas otras necesidades legislativas de peso. Mucho menos debería haber puesto al frente de tal encomienda a Pablo Gómez, un provocador incapaz de separar sus pensamientos privados del contenido real de la reforma.
Pero lo hizo. Y nadie, más que el INE, se encuentra en posición para tratar de influir, aunque sea de manera marginal pero relevante, en su contenido.
Hacerlo requiere que los consejeros del INE se dejen de exquisiteces institucionales y parafernalia liberal y entiendan el tren que está por pasarles encima. Que comprendan lo que en su momento no entendió la Suprema Corte de Justicia de Norma Piña con consecuencias desastrosas para sí misma. Es decir, que sepan que no se encuentran en modo reforma, sino supervivencia y control de daños.
No me gusta lo que escribo, quisiera no tener que hacerlo, pero sepan, consejeros, que están en el lado de perder. Y que desde su lado se pueden tomar solo dos caminos. Envolverse en la bandera del puritanismo intelectual, o entablar un diálogo con el Ejecutivo, tomando en serio los objetivos que este plantea para la reforma y utilizar estratégicamente esa ventana para asesorarlo en cómo acotar, controlar e impedir los peores daños.
Hasta ahora el INE ha seguido la primera actitud. Presa de sus divisiones internas y concepción puritana de su mandato, el Consejo General del INE ha respondido a la propuesta de reforma electoral de Morena con un documento kilométrico de propuestas desconexas, contradictorias, incompletas y que no dialogan de forma significativa con los 10 puntos que el Ejecutivo ha planteado como su objetivo para la reforma.
Tal parece que, en su hora más crítica, el INE ha desperdiciado su potente estructura técnica para hacer un documento tipo Frankenstein que a veces, incluso, llega al tono regañón.
Me dirán, los consejeros, que es imposible dialogar con Morena. Sepan que es falso.
Por supuesto que es imposible dialogar con Pablo Gómez; los mismos integrantes de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral lo dicen en privado, desesperados. Pero Pablo dista de ser el único interlocutor. Dentro de la Comisión hay personas sentadas con visiones centristas como Lázaro Cárdenas Batel y hay voces de peso en la discusión como Arturo Zaldívar. No es tiempo de exquisiteces, sino de control de daños.
Tampoco es necesario que el diálogo se dé desde los canales institucionales con todo el Consejo Electoral a bordo y en sintonía. Más vale un punto de diálogo que miles de desencuentros. Con buena estrategia, astucia y solo consejero, consejera o un par, podrían acercarse a la Comisión y acotar sus peores ideas mediante apoyo técnico y asesoría. No es difícil porque dentro de la Comisión apenas hay expertos capaces de realizar análisis matemáticos complejos de escenarios. Y hay poco conocimiento de fórmulas electorales, sus pros y contras.
Lamentablemente, los consejeros no pueden hacer esto porque la mayoría ni siquiera se han tomado la molestia de entender qué busca el Ejecutivo.
Víctimas de sus propios agravios, embriagados de propaganda escrita en columnas de opinión, o asesorados por exconsejeros cuyo verdadero incentivo es ver al INE colapsar para poder decir “se los dije”, los miembros del Consejo General del INE no han hecho el trabajo de entender qué problemas está enfrentando el ejecutivo en el diseño de su reforma. Y por tanto, sin eso, no pueden influir.
Hoy la Comisión está enfrentando tres problemas, ninguno resuelto a satisfacción de todos sus integrantes: uno, cómo reducir el presupuesto de los partidos políticos y del INE; dos, cómo reducir el tamaño de las cámaras encontrando aliados para hacerlo; y tres, cómo reducir el poder de las cúpulas partidistas en la asignación de curules.
Es mentira que no haya forma de atender estas tres problemáticas sin demoler la democracia. Hay 1.000 formas de hacerlo y la propia Comisión está confundida respecto a cuál es el mejor camino a seguir. Ahí es donde debería entrar el INE.
Me dirán los consejeros que no peque de ingenua, que Morena quiere destruir la democracia y es su único objetivo. Difiero. Morena tiene intereses más relevantes que volverse autoritaria y que, de hecho, son incompatibles con serlo. Por ejemplo, actualmente un gran dilema para Morena es cómo debilitar al PVEM y al PT, aun si eso mejora la posición relativa de Movimiento Ciudadano. Morena también tiene interés en cuadrar equilibrios dentro de sus fracciones.
Entender eso y otros dilemas que enfrenta Morena (y que el INE puede usar a su favor para mantener un mejor equilibrio democrático) es precisamente el trabajo que hoy debería estar haciendo el Consejo General del INE. O alguien dentro de él. Pero no, en vez de ello parecen trabados en el sermón, la pereza intelectual y la falta de estrategia.
Habrá quien lea este escrito y piense que el problema no es del INE, sino Morena, y que solo una diatriba en contra de Morena merece ser publicada. Se equivocan. Diatribas contra Morena hay muchas y les tengo una noticia: no influyen en nada.
Lo que sí puede influir en el futuro del país y su democracia es un INE estratégico, maquiavélico y preparado para tomar por los cuernos este problema. Un problema que no quisiéramos que existiera, pero que ahí está.
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