El tomate, uno de los culpables del aumento de la inflación en México
El mal clima y la extorsión inciden directamente en el costo de las frutas y verduras, que no registran de momento el impacto inmediato del conflicto en Irán

El tomate, uno de los frutos identitarios de la rica culinaria mexicana, está dejando expuestas las causas detrás del repunte de los precios al consumidor: los vendedores en los mercados describen una combinación desfavorable de clima y encarecimiento de los costos ajustados a la inseguridad, mientras se anticipan nuevos incrementos en los productos agrícolas, a la espera de la evolución de los suministros de fertilizantes y energéticos ante el volátil conflicto en Medio Oriente.
Si bien la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán aún no ha tenido un efecto inmediato en los precios en México, el conflicto representa un riesgo a mediano plazo por su impacto en los mercados globales de materias primas e insumos, como los fertilizantes importados por el país. El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) se ubicó en 4,63% a tasa anual en la primera quincena de marzo, frente al 3,67% del mismo periodo del año anterior, lo que indica que los precios crecen más rápido de lo previsto por los analistas o por encima del rango de confort del Banco de México (Banxico) —cercano a 3%—.
Al desagregar las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), destaca que los componentes más volátiles (la inflación subyacente) son los que están empujando al alza la canasta. El subíndice de frutas y hortalizas aumentó 23,91% anualizado (8,34% quincenal) y aportó 0,926 puntos porcentuales (pp) de los 0,62 pp de variación quincenal, casi la totalidad del movimiento de precios en la quincena, revela un análisis del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA).
José Alfredo Martínez es un vendedor que desde hace 58 años instala su puesto de jitomates saladette y tomatitos cherry en un mercado municipal de La Condesa, una de las colonias preferidas por los turistas en la Ciudad de México por su combinación de fachadas históricas y restaurantes Michelin, muchos de los cuales utilizan tomates verdes y rojos como la base de sus salsas. “Subió mucho en la Central de Abasto, hasta 50% y 70% por las nevadas. Muchas cosechas se van a perder”, dice en referencia al enorme centro mayorista que suministra de víveres al centro del país.
“Muchas otras cosechas, las que vienen de Culiacán, Sinaloa y Jalisco, no las dejan pasar por las células delictivas. Si no pagan, ahí dejan los camiones hasta que se pudren, porque luego del frío les cae un calor tremendo”, resume el vendedor, quien lleva décadas comprando de madrugada en el mercado, uno de los más grandes de Latinoamérica.
El monitoreo del rubro por parte del GCMA confirma que la causa directa e inmediata del encarecimiento es un choque interno de oferta agrícola: heladas y daños climáticos en Sinaloa, Zacatecas, Puebla y Morelos que redujeron la disponibilidad de tomate rojo, tomate verde y calabacita. En comparación con el mismo periodo de 2025 (22,86 pesos por kilogramo), el precio del tomate saladette creció 86,8% en un año. En el mercado mayorista de la Central de Abastos, esta variedad se cotizó en 19,80 pesos por kilo en la semana del 9 al 13 de marzo, 169% más que en el mismo mes de 2025, cuando rondaba los 7,35 pesos.
Guillermo Carvajal, quien despacha sandía y mango unos puestos más adelante, reconoce que los precios se han disparado, aunque no identifica daños climáticos en la mercancía disponible. Coincide en que los productores “no quieren venir a dejar mercancías porque los asaltan”. “Están dobleteando con los precios desde noviembre”, enumera.
La inseguridad se ha convertido en un costo tangible dentro de la estructura de gastos de productores y transportistas, quienes terminan trasladando esos incrementos al consumidor final. La mayor inversión en fletes, sistemas de monitoreo y pólizas de seguro se filtra a lo largo de la cadena. Esto también ha propiciado que los tianguis, en el corazón de la vida cotidiana de los mexicanos, se reduzcan y limiten su oferta de frutas y verduras frescas, dando paso a la venta de comida preparada y productos importados o artesanales, como zapatos, quincallería o ropa.
El impacto del diésel en la economía real
Con la mirada puesta en las próximas semanas, los especialistas prevén un entorno de precios volátil y altamente expuesto a cambios tanto internos como externos. Este escenario también podría echar por tierra las expectativas de mayores recortes a la tasa de referencia por parte de Banxico, que anunciará su decisión de política monetaria este jueves. La autoridad frenó en febrero el ritmo de recortes que venía aplicando a la tasa de interés, para dejarla en 7%, aludiendo a un aumento en las presiones inflacionarias derivadas de cambios fiscales introducidos por el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Principalmente, por el encarecimiento de cigarrillos y refrescos, cuyos precios se ajustaron el 1 de enero tras el incremento del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS).
Semanas después, el sacrificio recaudatorio del IEPS por parte del Gobierno está funcionando como un amortiguador frente a un aumento más amplio de los combustibles, afectados a nivel global por problemas de suministro de crudo y derivados vinculados al estrecho de Ormuz. Ante este entorno, los agricultores permanecen atentos a tres indicadores clave: los anuncios semanales del estímulo fiscal que contienen el alza del diésel y la gasolina, los incrementos en los precios de fertilizantes importados y el desempeño de los productores en Estados Unidos, principal comprador —y también proveedor— de mercancías para México.
El conflicto en Irán “más bien va a impactar a los productores en las próximas siembras, que ya vienen pronto, por el aumento que ha tenido la urea, el nitrógeno, por el orden de 35%, el azufre, los fosfatos y el amoniaco”, señala Juan Anaya, director general del GCMA. México importa el 70% de los fertilizantes que consume desde Rusia, China y Estados Unidos, todos países estrechamente vinculados a la guerra. Rusia y China han anunciado en los últimos días restricciones a la exportación de amoniaco y otros fertilizantes para privilegiar sus campañas de siembra, en medio de disrupciones en las cadenas globales de suministro.
Si bien se estima que Estados Unidos, el principal productor mundial de granos, podría compensar parte del impacto al ser también un gran vendedor de fertilizantes, no se descarta que los agricultores soliciten subsidios federales a la Administración del presidente Donald Trump para sortear el aguacero, especialmente por el encarecimiento de los combustibles.
“El tema de los energéticos ha sido contenido por el subsidio en México”, agrega Anaya. La Secretaría de Hacienda está absorbiendo parte del impacto derivado de compras más costosas en el exterior mediante apoyos a los gasolineros, aunque esto también significa un golpe para la holgura de las finanzas públicas. Como sintetizó el Nobel de Economía, Milton Friedman, “no hay almuerzo gratis”, y todo beneficio conlleva un costo implícito.
“No dudamos de que en el corto plazo existan efectos de aumentos en los fletes y que esto vaya a repercutir al mercado y se incrementen los costos de logística en la movilización de los productos desde las zonas de producción a las de consumo”, concluye Anaya.
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