México y Estados Unidos se toman el pulso en el arranque formal de la revisión del TMEC
El Gobierno apuesta esta semana a evitar revisiones anuales al tratado, dar certidumbre a la inversión y eliminar aranceles en un proceso marcado por la presión política


La primera reunión formal esta semana entre México y Estados Unidos, rumbo a la decisión de extender o no su crucial tratado de libre comercio, servirá como termómetro para medir cuán complicado —y prolongado— será el proceso de revisión del TMEC que impacta directamente al aparato manufacturero de Norteamérica. El Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha señalado que su escenario ideal es preservar el acuerdo en julio sin activar revisiones anuales, en un intento por calmar a inversores e industriales que, tras varios episodios de contención arancelaria, han perdido la capacidad de planificación.
La confianza y la previsibilidad son activos intangibles, pero cruciales para la economía mexicana, que atraviesa una combinación poco favorable de presiones inflacionarias y debilidad en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). Por ello, el país apuesta por iniciar el proceso con reuniones bilaterales con Estados Unidos, donde anticipa el mayor pulso. Así arranca un periodo de tres meses en el que las tres partes, incluida Canadá, deberán decidir de forma unánime si extienden el TMEC el próximo 1 de julio, lo que fijaría una nueva fecha de expiración en 2042. Esto resolvería de tajo este asunto pendiente, que es cada vez más volátil desde que el presidente Donald Trump asumió su segundo mandato.
Un segundo escenario, menos favorable para el clima de negocios, implicaría revisiones anuales sin extensión inmediata, hasta el vencimiento en 2036 o una eventual prórroga también de 16 años. Aunque la cancelación del acuerdo sigue siendo posible, porque cualquiera de las partes puede denunciarlo con seis meses de antelación, los observadores del proceso consideran hoy ese un riesgo limitado, dado el elevado grado de integración de las tres economías.
“Hace un año nos decían: a lo mejor no va a haber tratado. Ya estamos en la discusión de la revisión y vamos a salir avantes”, expresó el Secretario de Economía, Marcelo Ebrard, en una reunión con acereros el pasado viernes, donde adelantó que pedirán el fin de los aranceles que afectan y excluyen al vital sector del TMEC.
“La incertidumbre es algo que está determinando toda esta administración. Nosotros buscaríamos el menor grado de incertidumbre posible en todo lo que hacemos todos los días de nuestra vida. Nos viene de los aztecas, que le tenían horror al caos. Su filosofía, su civilización estaba basada en eso. Todo. Su astronomía, su mitología: no al caos. Nos viene de antaño. Pero tenemos que entender que nuestra contraparte piensa diferente”, añadió en un guiño a la administración republicana.
Ebrard se reunirá este miércoles con el Representante Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, informó la Secretaría de Economía. El movimiento ha sido tomado por el mercado como alentador para los objetivos mexicanos, unos días después de que Greer se mostrara de acuerdo con el secretario e informara que el núcleo del acuerdo se dejará sin cambios y que cualquier enmienda se realizaría a través de protocolos y cartas paralelas.
La revisión, además, arranca en un contexto de alto desasosiego económico global y con Trump enfocado en otras prioridades, como la guerra en Irán y las advertencias a Cuba. La resolución rápida del acuerdo, que es generalmente percibido como positivo para el acceso de los estadounidenses a bienes de consumo a precios competitivos, podría ser un punto a favor para Trump previo a las elecciones de noviembre de medio mandato, que suelen funcionar como un referendo sobre el mandato de turno.
“México ha estado avanzando en varias prioridades de Estados Unidos, incluidas la inmigración y la seguridad. Por mucho que los funcionarios del Gobierno mexicano hayan intentado mantener las negociaciones confinadas a cada área, bajo el presidente Donald Trump todos los temas han estado sobre la mesa”, consideró Rodolfo Ramos, director de Estrategia de Bradesco BBI, el brazo inversor del banco. “Un acuerdo sobre la Sección 232 (acero y aluminio) más pronto que tarde nos haría más optimistas sobre no desviarnos mucho del plazo de julio”, agregó.
Mercancías fuera de TMEC
Aunque cerca del 85% del comercio exterior mexicano está protegido por el TMEC, persisten excepciones: productos que no cumplen reglas de origen, bienes sujetos a cuotas compensatorias o a medidas de seguridad nacional bajo la Sección 232 la Ley de Expansión Comercial de 1962, como el acero y el aluminio. También productos agrícolas como el tomate enfrentan investigaciones antidumping recurrentes.
Además, tras el revés de la Corte Suprema a los aranceles recíprocos de Trump, Washington introdujo un gravamen global del 10% bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, mientras explora nuevas vías legales para ampliar estas medidas. El impacto final de este reordenamiento aún es incierto, aunque México ha minimizado sus efectos.
El Gobierno mexicano ha identificado 12 temas prioritarios para la revisión, frente a más de 50 planteados por Estados Unidos. Entre ellos destaca el del acero, donde han identificado un déficit comercial y alta dependencia de importaciones asiáticas que presionan las cadenas regionales. También, los empresarios estarán atentos a las decisiones en cuando a las reglas de origen y las condiciones para la industria automotriz.
“Las reglas de origen existentes del TMEC ya requieren un 75% de contenido regional, y este requisito es ampliamente reconocido en toda la industria como difícil y costoso de cumplir. Incluso hoy, los fabricantes están teniendo dificultades con el cumplimiento y las cadenas de suministro están bajo una visible presión”, consideró el bufete de abogados White & Case, que señala que los vehículos pueden cruzar hasta ocho veces la frontera en su proceso productivo.
En esta coyuntura, México también deberá sopesar lo que sacrifica para satisfacer las demandas de Estados Unidos. La firma de abogados, especializada en asesorar a clientes a desembacar en el país, dijo en un informe reciente que ha identificado una “convergencia de presiones”, determinada por una inversión entrante más débil de Asia y la vacilación de socios históricos, como estadounidenses y europeos.
“El capital asiático, que tenía una presencia creciente, se espera que se enfríe significativamente, bajo la presión estadounidense para evitar que México y Canadá se conviertan en una plataforma para que bienes de origen chino entren al mercado estadounidense. Ya hay señales de esto: afectado por los aranceles y una caída más amplia en las ventas, el fabricante de automóviles japonés Nissan dijo en julio pasado que detendría la producción en su planta de Civac en México, operativa desde 1966”, concluyó.
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