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Las diferencias por el TMEC se enquistan entre Estados Unidos y México

A menos de seis meses de la revisión del acuerdo comercial, Trump lo califica de “irrelevante” y Sheinbaum defiende la integración de Norteamérica

Donald Trump y el director ejecutivo de Ford, Jim Farley, en el centro de producción de Ford en Dearborn, Míchigan, el 13 de enero.

En la factoría de Ford en Detroit, arropado por líneas de producción y trabajadores estadounidenses, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a poner en duda el futuro del TMEC. El republicano calificó de “irrelevante” el acuerdo firmado con México y Canadá: “Ni siquiera pienso en el TMEC, quiero que a Canadá y a México les vaya bien, el problema es que no necesitamos sus productos. No necesitamos autos fabricados en Canadá. No necesitamos autos fabricados en México, queremos fabricarlos aquí, y eso es lo que está pasando”, declaró el mandatario el martes. Tras las polémicas declaraciones de Trump, su homóloga mexicana, Claudia Sheinbaum, ha defendido la existencia y permanencia del tratado comercial de Norteamérica: “Quienes más defienden el tratado son los empresarios estadounidenses, porque hay una integración muy grande”, declaró en Palacio Nacional al día siguiente de que Trump despreciara el acuerdo renegociado en su primer mandato.

El dardo de EE UU sobre el TMEC fue lanzado solo un día después de la breve llamada telefónica entre ambos mandatarios. El intercambio solo abordó temas de seguridad. La propia Sheinbaum admitió su frustración por no haber tenido tiempo suficiente para tocar temas comerciales, que quedaron en vilo, un contenido que se abordará en una incierta próxima llamada. Los dichos de Trump en Detroit dejan claro que el mandatario aún ve como un escenario factible la cancelación del TMEC, algo que puso sobre el tablero desde la campaña. Por el contrario, México lucha a contrarreloj para extender la vida del acuerdo comercial, bajo el que se sostiene un intercambio comercial binacional de 800.000 millones de dólares anuales. Desde la óptica mexicana, el acuerdo conlleva más beneficios que desventajas para los tres países firmantes. “Es mucho mejor que nos mantengamos como América del Norte para competir con China que solito Estados Unidos, es muy importante para EE UU el tratado comercial”, concluyó Sheinbaum, este miércoles en Palacio Nacional.

La dependencia del TMEC es uno de los escasos puntos de coincidencia entre el Ejecutivo y la oposición. “Para México [el tratado] no solo no es irrelevante, para la economía mexicana es de vida o muerte“, aseguró el senador Ricardo Anaya, el líder del Partido Acción Nacional (PAN) en la cámara alta. El legislador recordó que el 85% de las exportaciones mexicanas tienen como destino regiones de Estados Unidos y que del acuerdo dependen unos 12 millones de empleos en el país. Incluso, la Embajada de EE UU en México anunció esta semana que destinará 23,4 millones de dólares para continuar apoyando la consolidación del Sistema de Justicia Laboral en México, como parte de los compromisos asumidos en el tratado.

A pesar de los amagos de Trump contra el TMEC y la imposición de su Gobierno de aranceles sectoriales contra México, el país latinoamericano sigue siendo el principal socio comercial de los estadounidenses, por encima de China y Canadá. Esto gracias a envíos por casi 448.000 millones de dólares durante los primeros diez meses de 2025. Las exportaciones que cumplen con el TMEC están libres de los aranceles de 25% dictados por Trump. De acuerdo con las autoridades mexicanas, más del 80% de los envíos a EE UU cumplen este requisito. Del lado de las importaciones, México se ha convertido en uno de los principales destinos de las exportaciones estadounidenses, con compras por más de 283.000 millones de dólares.

Aunque oficialmente no ha iniciado la revisión del TMEC, los expertos en materia comercial prevén que será una carta fuerte de EE UU para negociar tanto en México como con Canadá en otras trincheras. Álvaro Vértiz, jefe de América Latina de DGA Group, asegura que el tratado dejará de ser visto únicamente como un marco de integración económica para convertirse, cada vez más, en una herramienta de política de Estados Unidos que abarcará, también, sus prioridades en materia de migración y seguridad. Desde su perspectiva, aunque el acuerdo sobrevivirá a la corrección de 2026, lo hará con ajustes y tras una negociación intensa. Los temas más álgidos para México versarán sobre las reglas de origen, las barreras no arancelarias, resolución de controversias y temas laborales.

El experto añade que estas tensiones comerciales, la reconfiguración de las cadenas productivas y la cercanía de la evaluación del TMEC obligarán al Gobierno mexicano a replantear su estrategia frente a Washington y su dinámica interna. “El papel de México como aliado de empresas estadounidenses operando en el país se vuelve tan importante como el generar agendas que destaquen la relevancia del TMEC a nivel nacional y estatal en Estados Unidos, lo que implica resaltar el rol de México como un socio confiable que ofrece estabilidad regulatoria, mano de obra calificada y proximidad geográfica”, detalla.

En medio de este fuego cruzado y en aras de mantener esta integración regional, el Gobierno de Sheinbaum impuso a partir de este año aranceles de hasta un 50% a las importaciones provenientes de China y de países con los que no existen acuerdos comerciales vigentes. La medida es un intento para reducir el avance de los productos asiáticos en sectores clave en el país como son el acero, textiles, calzado, juguetes y automotriz, a la vez que supone un gesto en la misma línea de la política comercial de Washington frente al gigante asiático.

Salvar el TMEC es una de las prioridades económicas más importantes para el Gobierno de Sheinbaum. México ha hecho del tratado una piedra angular de su desarrollo industrial. El acuerdo, antes TLCAN, ha resultado en cuantiosos réditos para la economía mexicana: cifras récord en exportaciones y en atracción de inversión extranjera directa, solo por mencionar algunas. No obstante, el balance también supone un desafío futuro en materia laboral y desarrollo de manufactura de alto valor agregado. México tiene menos de seis meses para armar una estrategia sólida frente a una Administración estadounidense que se muestra cada vez más escéptica a sostener unidos los lazos comerciales de Norteamérica, vía el TMEC.

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Sobre la firma

Karina Suárez
Es periodista de EL PAÍS en México. Cubre temas de economía. Antes trabajó en Grupo Reforma. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Máster de periodismo de EL PAÍS.
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