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‘Los domingos’ triunfa en los premios principales de unos Goya que arropan a ‘Sirât’ camino al Oscar

El drama de Alauda Ruiz de Azúa ganó los trofeos a película, dirección, guion original, actriz protagonista y actriz secundaria en una gala política y feminista

Alauda Ruiz de Azúa, con el Goya a mejor dirección por 'Los domingos'.Massimiliano Minocri

“Rezaré por ti”. La frase se la dice en Los domingos una chica creyente a su tía, atea beligerante que entiende que a su sobrina la están captando en una secta. El cine ha rezado por otra atea, Alauda Ruiz de Azúa, que, desde que su Los domingos ganara la Concha de Oro en el pasado festival de San Sebastián, ha visto convertida su película en un fenómeno que ha trascendido las pantallas y ha llegado a las charlas de bares, conversaciones de familias (como tanto les gustan a la cineasta de Barakaldo) y sí, también, a las puertas de las iglesias.

Esta noche de sábado en los Goya, cuando, como felizmente señaló Eduardo Sola en el escenario, ya era domingo, el drama logró cinco estatuillas: las de película, dirección, guion, actriz protagonista (Patricia López Arnaiz) y actriz secundaria (Nagore Aramburu). Además de enganchar con el reconocimiento de la Academia, ha sido la película independiente española de mayor éxito en taquilla.

Sirât, con su máximo responsable, Oliver Laxe, sentado en primera fila junto a Susan Sarandon, ganó seis premios, los que galardonaron apartados técnicos, también artísticos, como la música de Kangding Ray o la fotografía de Mauro Herce. Entre ellos, el primer Goya de sonido a un equipo íntegramente femenino, el que componen Amanda Villavieja, Laia Casanovas y Yasmina Praderas, que en dos semanas se verán en la misma tesitura, ser pioneras de género en este apartado técnico en la gala de los Oscar. Por cierto, esa sensación de poderío técnico ya la recibió en los premios del cine europeo.

La ceremonia catalana, con presencia hasta de la futbolista Alexia Putellas, fue rápida, algo deslavazada en ciertas transiciones, muy musical (a veces tampoco cuajaron los cruces de estilos) y muy política. En un día bélico, con Estados Unidos declarando la guerra a Irán, y con uno de sus directores más famosos, el ganador de la Palma de Oro Jafar Panahi, sentado en primera fila de la gala, hubo numerosísimos pins pidiendo que el genocidio de Gaza se detenga y haya libertad en Palestina, además de referencias en el escenario a las fracturas dolorosas provocadas por políticos de ultraderecha, a las injusticias de las guerras y la obligatoriedad moral de no callarse ante ellas (lo recalcaron Rodrigo Sorogoyen y Victoria Luengo), a la necesidad de generar empatía, al bien creado por el trabajo colectivo, a la importancia de la educación pública, a la lucha contra el acoso escolar y, finalmente, el capacitismo, la forma de discriminación y prejuicio social que devalúa a las personas con discapacidad. El término lo anunció y denostó Álvaro Cervantes en el primer premio de Sorda, película que logró tres galardones y que en uno de los grandes discursos de la noche destrozó Miriam Garlo, actriz protagonista del filme, hermana de su directora y sorda de nacimiento.

El recorrido político lo subrayó La cena, Goya al mejor guion adaptado. Joaquín Oristrell, tras agradecer que se premie una comedia, recordó que la película recuerda al público de 2026 que “Franco era un dictador”. Y enumeró las razones por las que lo fue. Sandra Hermida, coproductora de Los domingos, ya apuntó: “Lo íntimo es político”. O con el actor revelación, Toni Fernández Gabarre, poniendo un espejo ante una vergüenza: en un barrio madrileño, con miles de habitantes, como la Cañada Real, sigue sin haber electricidad desde la pandemia por desidia política y por acoso inmobiliario. Y hasta el largo de animación, Decorado, de un genio de la animación como Alberto Vázquez, habla del aplastamiento social en tiempos de neocapitalismo corporativo.

La España cinematográfica envía un mensaje evidentemente femenino. Y feminista. Porque no solo hubo ganadoras en sonido, sino, señalando solo los premios unisex, que fueron mujeres o equipos liderados por mujeres en película iberoamericana (la argentina Belén, de Dolores Fonzi), dirección novel (Eva Libertad, por Sorda), canción (la creada por Sílvia Pérez Cruz y Alba Flores, para Flores para Antonio), efectos especiales (para Los Tigres), maquillaje y peluquería (El cautivo), vestuario (La cena), dirección de arte (Sirât), guion original (Los domingos), dirección y película (detrás de ella están tres productoras). Once de 22. Como recordó Ruiz de Azúa, con el de dirección en mano: “Este galardón solo lo han recibido Pilar Miró, Isabel Coixet en dos ocasiones e Iciar Bollaín, en una. El talento no conoce de género; las oportunidades, sí”.

“El futuro es una sucesión infinita de presentes y vivir ahora como pensamos que deberían vivir los seres humanos, a despecho de todo lo malo que nos rodea, es en sí mismo una victoria maravillosa”, escribió Howard Zinn en 2007, y a él recurrió Susan Sarandon con el Goya Internacional en mano. La frase es aplicable al cine, a cómo se cuenta la vida en pantalla, y a cómo el cine español ha contado esta temporada una España plural, compleja, alejada de tópicos.

De ahí, también, el sentido de que la gala haya ido rotando por distintas ciudades. Barcelona repetía la noche del sábado. Curiosamente, entre los galardonados, hubo pocas voces catalanas. Sí, eso sí, en los entregadores. De las primeras, la de Álvaro Cervantes, mejor actor secundario por Sorda. A Cervantes, en el escenario, le recibieron otros cinco actores catalanes de su generación, que habían presentado previamente a los nominados, y que lo corearon como si lo hubieran ganado ellos. Cuando eran pequeños, en el piso de los Cervantes, en el barrio barcelonés de Poblenou, los dos críos protagonizaban los shows navideños que grababa su padre con una handycam. “Yo intentaba dirigir a Ángela, como hermano mayor, y ella pasaba, iba a su bola. Y después, como éramos familia pequeña, nos íbamos a casa de un amigo, con familia numerosa, y repetíamos el show”, recordaba Álvaro. No hubo doblete familiar, pero los cuatro estaban cerca en el patio de butacas.

Queda en ese viaje de los Goya una parada en el Euskadi: de los seis actores, tres son vascos. Sobre todo, Jose Ramon Soroiz, el protagonista de esa pequeña joya de orfebrería que es Maspalomas, de los Moriarti.

¿Sorpresas? Probablemente en el apartado a mejor documental, donde Tardes de soledad, de Albert Serra, no parecía recoger tanto cariño en la Academia como Flores para Antonio, y al final el galardón lo obtuvo la indagación en el toreo que se llevó la Concha de Oro en 2024, y que retrata la España más tópica desde el punto de vista menos tópico.

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