PepsiCo afianza su apuesta por México con una planta de vanguardia tecnológica en Celaya
La multinacional invierte 467 millones de dólares en instalaciones con el mayor avance tecnológico que consolidan al país como el motor de crecimiento de la compañía en América Latina y redibujan la manufactura del sector agroindustrial

En el corazón del Bajío, la producción industrial tradicional se ha cruzado definitivamente con la tecnología y la inteligencia artificial. El 27 de marzo, PepsiCo inauguró la nueva planta de su marca Sabritas en Celaya, Guanajuato, una infraestructura que se establece como la más avanzada de la multinacional a nivel global. La obra ha requerido una inyección directa de más de 467 millones de dólares. Esta cifra es solo la punta de lanza de un plan estratégico mayor: una inversión multianual de 2.000 millones de dólares en el país, proyectada entre 2025 y 2028.
“México es el segundo mercado más grande para la empresa, después de Estados Unidos”, explica Athina Kanioura, CEO de Latin America Foods y Global Chief Strategy & Transformation Officer de PepsiCo. El objetivo de la directiva es claro: convertir a la región en el ecosistema de más rápido crecimiento y hacer de América Latina el gran faro de transformación tecnológica de la compañía.
La nueva instalación suma 66.500 toneladas adicionales de producción anual a través de tres líneas de alto desempeño destinadas a marcas icónicas como Sabritas, Doritos, Cheetos y Ruffles. Pero lo que realmente distingue a este complejo es su ecosistema digital. Kanioura, que ha tenido una trayectoria especializada en análisis de datos e inteligencia artificial, detalla que la planta cuenta con tecnología operativa de punta, software y torres de control que monitorean cada paso de la producción desde que la materia prima llega a la planta.

Esta digitalización, lejos de ser una amenaza laboral, busca redefinir el perfil del trabajador manufacturero y apoyarlo a realizar su trabajo de mejor manera brindándole especialización que amplía sus oportunidades laborales. “Ya no encontrarás gente que tenga que levantar físicamente cajas pesadas”, asegura la CEO. “Lo que encontrarás es gente frente a los controles monitoreando el movimiento a través de un gemelo digital de todo lo que sucede en la fábrica”. De acuerdo con la empresa, el complejo genera 210 empleos directos de alta especialización, enfocados en ingeniería, digitalización y la operación de líneas inteligentes, además de cerca de 800 empleos indirectos. Estas posiciones exigen un aprendizaje continuo, permitiendo a los colaboradores acceder a capacitación especializada, ampliando así sus oportunidades de desarrollo laboral para ascender en el escalafón corporativo con mayor aceleración.
El impacto de este gigante resuena en toda la economía nacional, conectando el campo con los centros de distribución. PepsiCo es actualmente el principal comprador de papa en México, al adquirir el 20% de la producción de todo el país. Asimismo, cerca del 90% de sus insumos agrícolas, incluyendo la totalidad del maíz blanco para productos como Tostitos o Cheetos, se cultivan en territorio nacional.
Para José Medina Mora, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, la apertura de estas instalaciones “es un símbolo muy claro del compromiso empresarial del desarrollo de México, fortaleciendo la economía local e impulsando la innovación en beneficio de las y los mexicanos”. El líder del gremio subrayó el respaldo del sector a este tipo de inversiones de capital privado que “promueven la competitividad y el bienestar social”. Además de la eficiencia productiva, el diseño del complejo incorpora tecnologías orientadas a la reducción del impacto ambiental, tales como sistemas de potabilización y recirculación de agua, captación pluvial y uso de paneles solares.

De la fábrica a la comunidad
El músculo industrial de la multinacional busca también traducirse en un dividendo social tangible para la región. En paralelo al corte de listón de la planta, la Fundación PepsiCo México oficializó la entrega de un tractocamión de 22 toneladas a la Red de Bancos de Alimentos de México (Red BAMX). El vehículo, que servirá para mejorar la capacidad logística, el rescate y la distribución en ocho bancos de alimentos de Querétaro y la región del Bajío, inició su primera ruta cargado con 15 toneladas de producto para complementar canastas alimentarias.
Esta inyección en la infraestructura logística permitirá a la región Centro-Bajío de la Red BAMX atender a un 15% más de personas a partir de este año, lo que proyecta beneficiar a más de 160.000 ciudadanos adicionales para el año 2030. Esta iniciativa forma parte de los más de 35,3 millones de dólares que la fundación ha invertido en proyectos sociales en el país desde 2012.

Como recuerda Kanioura, el vínculo con el estado va más allá de los fierros y los algoritmos: más del 45% de los empleados de la compañía en el país donan y participan en actividades de voluntariado. “Nuestros empleados viven en la misma comunidad. Si piensas en alimentar la economía local, ya sea en la fábrica de galletas que tenemos o en esta nueva fábrica de Sabritas, todos viven aquí”, concluye la directiva, apuntando a una integración donde la tecnología y el tejido social intentan avanzar al mismo ritmo.
Las instalaciones de Celaya trascienden su función puramente manufacturera para erigirse como el primer gran pilar de una estrategia de expansión mucho más ambiciosa. Con la mirada puesta en el horizonte de 2028 y el reto de llevar esta innovación tecnológica a las tienditas de barrio que sostienen la microeconomía del país. La inyección de capital de la compañía envía una señal directa a los mercados internacionales. “Estamos formando alianzas estratégicas para ayudar a América Latina a crecer como región más allá de PepsiCo. Queremos dejar claro que es el lugar para invertir y estar”, sentencia Kanioura. Una declaración de intenciones que busca consolidar a México no solo como un gigante del consumo masivo, sino como un laboratorio definitivo de innovación agroindustrial.