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Los habitantes de la ribera del lago de Chapala rechazan el acueducto Solís-León, en Guanajuato: “Nos dejará sin agua y sin trabajo”

Más de 10.000 amparos en contra de la obra hídrica emblema del Gobierno de Claudia Sheinbaum y de la gobernadora Libia Dennise García han sido interpuestos del lado de Jalisco, que recibe una cantidad importante de agua desde la presa Solís

Lancheros de Chapala protestan contra la construcción del Acueducto Solís-León, el 31 de marzo.Roberto Antillón.

El lago de Chapala es el lago más grande de México y el tercero en toda América Latina. La belleza de su paisaje, sus colores y la amabilidad de sus custodios: los pescadores, lancheros, comerciantes y habitantes que lo recorren todos los días, supera cualquier postal o fotografía. El lago, que se extiende en los estados de Jalisco y Michoacán, vive días aciagos. Uno de los proyectos hídricos más emblemáticos del Gobierno mexicano y del Estado de Guanajuato se ha convertido en una amenaza más de una larga lista de problemáticas que amenazan su supervivencia. Los habitantes de la ribera se han convertido en un altavoz para pedir el alto a la obra, que pretende construir un acueducto desde la presa Solís, en el sur de Guanajuato, para llevar agua a varios municipios de esa entidad, como León, a una zona en la que existe un importante corredor industrial. De hacerse realidad, aseguran los ribereños, el lago se quedaría sin una cantidad importante de agua que llega habitualmente desde esa presa para abastecer su caudal. “Nos dejará sin agua y sin trabajo”, dicen pescadores y comerciantes.

El anuncio de la construcción del acueducto Solís-León a principios de 2025, presumido por la gobernadora del PAN en Guanajuato, Libia Dennise García, como “el más grande del país”, chocó rápidamente con ambientalistas y campesinos y pobladores del sur de ese estado, especialmente de Acámbaro, el municipio en donde se encuentra la presa Solís, construida sobre el cauce del río Lerma en 1949. Pero el descontento también tuvo eco en Jalisco, un estado desde el que se han emitido más de 10.000 amparos en contra de la realización de la obra.

El gobernador Pablo Lemus, de Movimiento Ciudadano (MC), fue una de las principales voces que públicamente pedían al Gobierno federal que la obra no se realizara. Pero ya antes, los alcaldes ribereños mantenían reuniones y preparaban un frente común. Uno de sus líderes, el presidente municipal de Chapala, el panista Alejandro Aguirre Curiel, pide que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) reconsidere el proyecto y que se busque otra opción para abastecer de agua a las ciudades de Celaya, Salamanca, Irapuato, Silao y León. El edil asegura que, de los más de 10.000 amparos individuales y colectivos en contra de la obra, solo unos 1.600 han sido recibidos por las autoridades, sin que haya determinaciones legales definitivas.

Aguirre Curiel explica: “En el momento en que se llegara a hacer eso, que espero que nunca se haga, afectaría directamente al lago. Hay acuerdos y decretos que hablan del reparto de agua de toda la cuenca Lerma-Chapala, donde se marcan vedas, se autorizan distritos de riego, pero si se hace este acueducto, esta presa ya no va a tener capacidad para mandar el agua que debe mandar a Chapala para mantenerse. El decreto dice que cuando la presa llega al 70% aproximadamente, empieza a desfogar toda el agua excedente hacia el lago de Chapala, pero si se le conecta este acueducto, obviamente nunca llegará al 70%”.

La cuenca Lerma-Chapala o Lerma-Santiago es una región hidrológica que pasa por los estados de Querétaro, Estado de México, Guanajuato, Michoacán y Jalisco. La población implicada ronda los 15 millones de habitantes. Aguirre Curiel señala que existen decretos firmados por los cinco estados que deben respetarse, y critica que “se hayan adelantado” a ejecutar una obra que no considera viable.

En agosto de 2025, los alcaldes de los municipios de Ocotlán, Poncitlán, Tizapán, Jocotepec, Jamay, La Barca, Tuxcueca e Ixtlahuacán firmaron un manifiesto en el que piden que el acueducto no se construya. “Ninguna obra o decisión administrativa puede poner en riesgo la vida del lago de Chapala”, dicen en el documento. En marzo pasado, tras una protesta en Guadalajara en contra de la obra, se dio a conocer un pliego petitorio en el que los pueblos ribereños de Chapala demandaron la suspensión del acueducto, la revisión de todos los amparos que han sido rechazados y la protección integral del lago. “No se puede construir desarrollo sacrificando la vida de Chapala. El acceso al agua no es una concesión política: es un derecho humano universal, reconocido por la Constitución y por tratados internacionales”, dice el documento.

El lago y sus defensores

El imponente lago de Chapala (de unos 1.112 kilómetros cuadrados) es un lienzo que contiene el pasado, el presente y el futuro no solo de la región —abastece de entre el 60% y el 70% de agua potable a la zona metropolitana de Guadalajara—, sino del país entero. Estaba ahí mucho antes de que los humanos poblaran la tierra, y en sus profundidades se han encontrado fósiles de mamíferos del Pleistoceno y un patrimonio arqueológico de antiguos asentamientos prehispánicos que dejaron en ese lugar fragmentos de cerámica, ofrendas de rituales, collares y figuras talladas a mano.

Alicia Torres, académica de la Universidad de Guadalajara (UDG), lleva unos 30 años estudiando el lago. Cuando habla de él, su emoción y sus conocimientos brotan con fuerza. Asegura que el lago, hogar de miles de especies, algunas de ellas extintas y otras en peligro, ha sido muy resiliente. Recuerda las aves migratorias que llegan desde Canadá para reposar en él. Señala que no se le ha cuidado como se debe y que enfrenta varias problemáticas desde hace tiempo, como la disminución de flora y fauna, la contaminación que se vierte en sus aguas, afectaciones a sus humedales e incluso un aumento de la temperatura atmosférica y en su caudal. “Su agua tiene usos para el sector agrícola, industrial, pesquero, ganadero y para el consumo humano. Además, se le ha denominado sitio Ramsar”, dice.

En 2009, el lago de Chapala obtuvo esa denominación al ser considerado un reservorio estratégico de agua dulce que regula el ciclo hídrico en la zona. También ha sido nominado al World Monuments Watch 2027, un programa de la organización internacional del mismo nombre que trabaja con comunidades de todo el mundo para salvaguardar el patrimonio cultural. Cada dos años seleccionan 25 sitios históricos que se encuentran bajo amenazas relacionadas con el cambio climático, desastres naturales, conflictos humanos o turismo.

Torres, además, habla de “la plastificación del paisaje”, de cómo los invernaderos de berries, por ejemplo, comienzan a poblar las laderas que rodean al lago. “Ahora ves berries, agaves, aguacate, que están desplazando los cultivos básicos que antes se sembraban ahí, como el frijol, el garbanzo o el trigo, y que no son para México, sino para exportar". Para la académica, el acueducto Solís-León sería una manera de “estrangular” todavía más al lago de Chapala. Además, con la amenaza, asegura, de la construcción de un acueducto “complementario” que busca resolver el abasto de agua hacia Guadalajara, planteado por las autoridades de la zona metropolitana.

“El medio ambiente: el que más importa y el que no puede hablar”

Jorge Ramón Silva es un joven entusiasta de 26 años que trabaja como lanchero en el lago. Se apresura a subir a su embarcación para guiar un paseo, pero antes, le ata con fuerza un letrero que dice: “No al acueducto Solís-León”. Silva, que tiene bien claros los problemas que surgen cada que el lago sufre por falta de agua, recuerda la sequía de hace dos años: “Las embarcaciones son para siete u ocho personas. En ese entonces nada más podíamos subir a cuatro o cinco, porque las lanchas se quedaban varadas”, recuerda. “Este año y el anterior, gracias a Dios, ha habido un buen temporal de lluvia, pero los buenos temporales no continúan por siempre”.

También Saúl Camarena, de 64 años, está al frente de la protesta de su gremio, los pescadores. El hombre, que desde los 18 años se dedica, como su padre y su hermano, a la pesca, explica que ellos dependen exclusivamente del río Lerma y también cree que de por sí ya es difícil captar agua que llega desde la presa Solís, por su paso por otros estados antes de llegar a Chapala; si se deriva a otras ciudades de Guanajuato, no tendrán suficiente agua en el lago. “Lo que nosotros pelearíamos es porque sabemos que si no llega el agua del Lerma, el lago se va a secar”, dice.

Camarena lidera una organización de unos 520 pescadores. Asegura que la mayoría de sus compañeros tienen dos trabajos: por la mañana pescan y por la tarde desempeñan otras actividades. Dice que si la situación se agrava, tendrán que buscar dedicarse a otras cosas y que la situación podría ser muy “traumática”.

Blanca Hernández, comerciante de la ribera, fue parte de la protesta en contra del acueducto en marzo pasado. Asegura que, de construirse, unas 500 familias serán afectadas, solo de su gremio. “Si lo hacen, en tres años, nuestro lago se secará. Esa agua que le corresponde al lago la van a desviar”.

El Colegio de Ingenieros del Agua de Guanajuato A.C. ha sido una institución que ha planteado a las autoridades que sean exhaustivas en la información del proyecto y que haya datos y análisis sobre la situación y la forma en la que han tomado las decisiones. René Mendoza, su presidente y miembro fundador, señala: “Es una obra muy importante por la trascendencia, y por la búsqueda de una solución a la falta de agua no solo en León, sino en todo el corredor industrial. Nosotros hemos mantenido una postura bastante técnica y tratando de ser mesurados. Pareciera ser que la percepción nos dice que habría una afectación, pero en la realidad no hemos hecho ninguna medición”.

Para Mendoza, el problema más grave es la falta de regulación y administración del recurso. “No se trata de ver el agua como un medio productivo; tenemos que ver al medio ambiente como un usuario más del sistema, pero ese es el usuario que no habla, no se manifiesta”, dice. “Es muy complejo emitir un posicionamiento del nivel de afectación a Chapala, porque no hay estudios ni datos, ni análisis ni nada. No es desinformación, sino falta de información”.

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