Guadalajara, la sede mundialista atrapada entre agua sucia, descontento social y un brote de sarampión
La capital de Jalisco, que albergará cuatro juegos del torneo, sufre una grave crisis de agua que afecta a miles de hogares, mientras el Gobierno trata de contener las protestas por el aumento del precio del transporte público


Entrar o salir de Guadalajara se ha convertido en un calvario. Hay obras por todos lados y las retenciones en las principales vías de la ciudad pueden superar los 35 minutos. Los accidentes abundan y las protestas sociales se acumulan hasta poner a la capital de Jalisco en punto de ebullición semanas antes de que sea la anfitriona de cuatro juegos del Mundial. La crisis de agua sucia, que desde hace meses afecta a cientos de miles de habitantes, ha sido la última en añadirse a otros problemas persistentes de la urbe y su zona metropolitana, de cinco millones de habitantes. El aumento de los precios del transporte público, las denuncias por el “embellecimiento” de la ciudad y el alza de los contagios de sarampión en el Estado —que lidera los registros nacionales con más de 5.000 casos— han elevado la presión a unas autoridades que ven multiplicarse los frentes a menos de cien días de que inicie el torneo de fútbol más famoso del mundo.
El agua fue el detonante. Las afectaciones en cientos de colonias, que recibían líquido de distintos colores y malos olores, hicieron saltar una protesta que no se había disparado antes, ni siquiera tras el megaoperativo de seguridad que la ciudad vivió por la cacería de las fuerzas federales del narcotraficante más buscado del mundo, Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, El Mencho.
El miedo y el terror de los bloqueos del operativo de finales de febrero han sido desplazados por las quejas por la mala calidad del agua. El 23 de marzo, el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, quitó a Antonio Juárez y lo reemplazó por su cercano colaborador Ismael Jáuregui como nuevo director del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (Siapa), el organismo en el que han recaído las críticas en medio de la crisis.
Esta semana Jáuregui, ya como director de Siapa, se puso un casco y un chaleco con logotipos oficiales y acompañó a decenas de trabajadores a limpiar el macrotanque de Las Huertas, en Tlaquepaque, a unos 15 kilómetros del centro de Guadalajara. El funcionario hizo ahí un largo diagnóstico de las condiciones en las que recibe el organismo: las finanzas en “bancarrota”, poca recaudación y cerca de 300.000 cuentas que consumen agua sin pagar. En su opinión, la infraestructura necesita al menos una inversión de 80.000 millones de pesos para alcanzar las condiciones óptimas. ““Pero eso es imposible, tendríamos que hacer lo prioritario. El objetivo de esta Administración es el sistema sustituto [del acueducto Chapala-Guadalajara], la modernización de la planta de potabilización de Miravalle, mejorar la distribución, y apostarle por una consolidación del flujo que viene por el Zapotillo, a lo mejor incrementando su caudal”, resumió Jáuregui Castañeda.







Más del 60% del agua que llega a los hogares del área metropolitana de Guadalajara proviene del lago de Chapala, el más grande de México, a través de dos vías: un acueducto que transporta el agua hasta la planta potabilizadora de Miravalle y un sistema a cielo abierto que sufre en su camino pérdidas del volumen. La idea de reemplazar esta segunda vía por un canal más moderno no es nueva. En varios momentos, la propuesta generó rechazo en la población, que reclamó la falta de estudios y de una planeación ordenada y con diagnósticos técnicos suficientes. El resto del agua que no llega desde Chapala lo hace a través de pozos profundos y del acueducto El Salto-La Red-Calderón, parte del sistema de distribución de El Zapotillo.
En un recorrido por Las Pintas y Arroyo Seco, dos afluentes que llevan el agua hasta las plantas potabilizadoras que abastecen la zona, se puede ver y oler la cantidad de basura y desechos que flotan en las aguas. Una descarga de aguas residuales en Arroyo Seco, entre los límites de los municipios de Tlajomulco y Tlaquepaque, resalta por su caudal y por estar activa a la vista de todos. Sin embargo, Járuegui asegura que no existe peligro para la población. “La turbidez y el olor se va a aliviar mucho con el lavado de tanques y con el cambio de algunos elementos dentro de las plantas. Lo veremos en días próximos”, dice el nuevo director del sistema. El funcionario insiste que la Comisión para la Protección Contra los Riesgos Sanitarios (CoprisJal) ya hizo sus validaciones y revisiones de los caudales que llegan y salen de las plantas potabilizadoras. “Estamos dentro de los límites que marca la normativa”, asegura.

Agua sucia en una ciudad en obras
El Teatro Degollado, en el centro de Guadalajara, está rodeado de obras pagadas con dinero público. “Todo el año hemos estado con obras por todos lados, muchas no son funcionales. No se necesitaba arreglar esta plaza. No se necesitaba arreglar la Plaza de la República en la Avenida México y Américas. No se necesitaba arreglar la Minerva. No se necesitaba un paso desnivel en la Avenida Patria y la Avenida Universidad”, enumera Juan Pablo Macías Salzar, activista ciudadano, sobre el derroche económico de la ciudad en vistas del Mundial. El licenciado en Comercio Internacional todavía recuerda cuando Enrique Alfaro, el gobernador que abandonó el puesto en diciembre de 2024, aseguró que gracias a obras de su Administración el suministro de agua potable estaba asegurado al menos 50 años en Jalisco. Macías, cuyo padre fue parte de Siapa por muchos años y domina el sistema, pone en duda esa afirmación: “Ha habido una serie de omisiones y de malas decisiones sexenio tras sexenio, por lo menos en los últimos 25 o 30 años. Varias personas y yo hemos demostrado con números que tal su ministro no está garantizado a 50 años, que si bien se completó la obra de la presa Zapotillo, no hay certeza de que pueda aportar los dos metros cúbicos por segundo que Alfaro decía. No hay un estudio hidrológico que sustente eso”.
Este activista teme ahora que la actual crisis del agua lleve a las autoridades a un proceso de privatización del sistema. “Ya hemos visto la experiencia de Cancún, Aguascalientes y Puebla, donde el agua se privatizó y ha salido muy mal. El agua no puede privatizarse porque es un derecho humano, universal, y no se puede tratar como una mercancía", dice.

Sergio Garibi, uno de los portavoces de los vecinos de la colonia Americana, una de las afectadas, asegura que la situación es la misma pese a los cambios en el Siapa y las declaraciones de las autoridades. “No están publicando datos científicos. Como no sabemos realmente cuáles son los problemas ni los contaminantes que hay, y sin un diagnóstico claro, es muy complicado saber si hay que hacer las obras que proponen; además, todas van a tardar años. ¿Qué vamos a hacer los siguientes tres años?”, se pregunta.
En la crisis del agua también juegan un papel importante los municipios de El Salto y Juanacatlán. El primero, a 35 kilómetros de Guadalajara y con 230.000 habitantes, cuenta con una gigantesca zona industrial y es considerado uno de los más de 50 infiernos ambientales que abundan en México.

Sofía Enciso, una de las integrantes de la organización Un Salto de Vida, y varias de sus compañeras separan sobre una mesa semillas de algodón que cultivaron cerca del río Santiago, en El Salto. En ese rincón, rodeadas de cabras, árboles nativos y un invernadero hacen investigación, trabajo comunitario y tratan de resarcir los efectos nocivos que durante décadas esa comunidad ha vivido. Cerca del río, a un par de kilómetros de distancia, una monumental pared de piedra cuyas marcas revelan su antigüedad, contiene el agua que cae de distintas direcciones y que, de no ser por el fuerte olor y el color de su agua sucia, pasaría por un paisaje de ensueño.
Ahí se bañaba hace más de 40 años Enrique Enciso, otro de los integrantes de la organización, quien ha visto cómo se transforma el lugar. El río recibe hoy los desechos tóxicos de más de 300 empresas del corredor industrial y llegan también las aguas negras de la zona metropolitana de Guadalajara.
Un Salto de Vida busca desde hace 20 años con protestas, reuniones y campañas de concientización, frenar proyectos que afecten la salud de los habitantes de la zona. En 2022 lograron cerrar un basurero en su territorio; un sitio al que llegaban cerca de 5.500 toneladas de desechos diarios. Actualmente sostienen un proyecto que cultiva árboles de especies endémicas en un terreno de 4.000 metros cuadrados en el vecino Juanacatlán. Enrique Enciso considera este su legado para cuando sus nietos le pregunten qué hizo ante la catástrofe medioambiental que lo rodea.




El ‘tarifazo’, el espacio público y el sarampión
Pero en Guadalajara no todo es sobre el agua. Las protestas de estos días rechazan también el alza a las tarifas del transporte público. “¡No al tarifazo!”, gritaban decenas de personas en una manifestación esta semana por el Parque Revolución, más conocido como Parque Rojo. La subida de los precios, que entró en vigor el 1 de abril, se pasó de 9,50 a 11 pesos. El Gobierno había planteado un incremento hasta los 14, pero dio marcha atrás después del malestar social. Han sido meses de disputas y ajustes, pero la población todavía cree que el aumento es injusto.
A pocos kilómetros de ahí, en la avenida Chapultepec llena de bares y restaurantes de moda, pasan a través de sus pantallas gigantes los partidos de repechaje del Mundial. Al final de la vía se alza uno de los monumentos más emblemáticos de Guadalajara, la antigua glorieta de los Niños Héroes, que los colectivos ya han renombrado como la Glorieta de las y los Desaparecidos. “Murieron por la patria”, se lee todavía entre las figuras de varios hombres ahora salpicados de pintura color lila y de algunos grafitis. Azulejos recién puestos han sido colocados por los colectivos, que desde hace un año temen que sus fichas de búsqueda sean retiradas en un deliberado intento de las autoridades por dar a la ciudad una apariencia pulcra y ordenada.

Jaime Aguilar, del colectivo de Guerreros Buscadores de Jalisco comenta que apenas hace unas horas le llegó a su casa agua sucia, que no había sucedido aún en su colonia y que la situación en general, sobre desaparecidos en el Estado, es la misma. “Esto sigue igual, las desapariciones siguen al alza, el reclutamiento lo mismo”, cuenta. Lo que sí remarca es cómo llegaron las cifras del Gobierno de Claudia Sheinbaum sobre su reinterpretación del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, presentadas el pasado 27 de marzo. “Fue una bofetada para nosotros los colectivos”, dice.
En el centro de Guadalajara, el paisaje también está dominado por las fotografías de personas desaparecidas. En el Palacio de Gobierno, en las aceras de las calles principales, en las paredes y los muros. El espacio público, en la antesala del mundial, sigue siendo un terreno de disputa. Los colectivos, como el de Aguilar, mantienen la pega de estas fotografías, a pesar de que el Congreso local intentó prohibir estos materiales en lugares públicos no autorizados.

Además, sobre Jalisco se cierne otra problemática. La oleada de violencia durante el operativo para dar con El Mencho, aunado la protesta social contra el agua sucia y el aumento de precio del transporte público, han impedido que los esfuerzos del Gobierno local por frenar la ola de contagios de sarampión sean efectivos. Desde el inicio de este año, Jalisco ha liderado los contagios registrados en todo el país. El último boletín informativo de la Secretaría de Salud, del pasado 3 de abril, señala que en el Estado, se han confirmado 5.039 casos en lo que va de este 2026, una cifra que se acerca rápidamente al total de casos que México anotó durante todo 2025 (6.460).
Los puestos de vacunación han sido desplegados en los hospitales, pero la aparente tranquilidad del periodo vacacional por Semana Santa ha hecho que, aunque asistan varias decenas de personas al día, la inquietud por contagiarse de sarampión quede entre las últimas de sus preocupaciones.
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