Frei Gilson, el cura brasileño que atrae multitudes para rezar el rosario de madrugada en internet
El fraile carmelita tiene 28 millones de seguidores en sus redes sociales. Personifica un movimiento para atraer a los católicos de regreso a la Iglesia


Cientos de miles de brasileños se prepararon para esta Semana Santa de la mano de Frei Gilson, un fraile católico de 39 años convertido en un fenómeno que atrae multitudes digitales y terrenales. Durante los 40 días de la Cuaresma, fieles de todo Brasil se han levantado en medio de la noche para entrar, por el celular o la televisión, en sus redes sociales y rezar el rosario a partir de las cuatro de la madrugada. El primer día de la Cuaresma digital, llegó a reunir millón y medio de fieles.
El fraile es parte de la vida cotidiana de Roseli Gomes, comerciante de 40 años, desde hace años. Al teléfono desde su casa en una ciudad de Pernambuco, admite que para vencer el sueño y el cansancio cuando aún es noche cerrada conecta la retransmisión a la pantalla del televisor. “Supone un sacrificio, pero cuando oyes a Frei Gilson sientes una paz interior, te sientes acogida”, sostiene.
Frei Gilson personifica un movimiento incipiente dentro del catolicismo, fieles que retoman la fe con ímpetu renovado. Un soplo de aire para una Iglesia acechada en las últimas décadas por la pujanza de los evangélicos, que en América Latina suman conversos y poder político. Por eso, este sacerdote afable, carismático, que juega al futbol —dato importante en Brasil—, tiene la bendición de la jerarquía católica, aunque le paró los pies tras un polémico sermón machista y coqueteos con el bolsonarismo.
Fraile de los Carmelitas Mensajeros del Espíritu Santo —una orden joven—, viste hábito marrón con una gran cruz sobre el pecho, sandalias y la cabeza rapada. Dejó hace años la parroquia que dirigía en São Paulo para volcarse en internet, donde ha construido una audiencia gigante. Nunca tuvo una estrategia para captar seguidores ni grandes inversiones, ha explicado; el éxito, según él, es cosa del poder divino.
El caso es que acumula unos 28 millones de seguidores en redes sociales, entre Instagram, YouTube, Facebook, TikTok, WhatsApp y X. Eso conforma una feligresía digital bastante mayor que la del católico más poderoso e influyente del planeta, León XIV. El brasileño pudo saludar al Papa en una reciente visita al Vaticano.
“Rezar el rosario a las cuatro de la mañana no es ninguna novedad genial, las órdenes religiosas siempre amanecen pronto”, apunta Tabata Tesser, socióloga e investigadora sobre catolicismo en el Instituto de Estudios de la Religión (ISER). “Lo distinto de Frei Gilson es que ha llevado la idea del sacrificio a las redes sociales y se ha convertido en un fenómeno. Combina una fuerte devoción mariana con disciplina espiritual y un lenguaje claro, didáctico y directo”. El año pasado fue el creador de contenido (streamer) más visto y escuchado de Brasil (seguido por un comentarista de videojuegos bélicos y un pastor evangélico).

Gilson da Silva Pupo Azevedo nació en São Paulo en 1986. Él mismo ha confesado que fue un adolescente rebelde, traumatizado por la separación de sus padres. Criado en una familia poco practicante, la reconversión de su madre, descubrir la guitarra y vivir en la favela de Paraisópolis, en São Paulo, cambiaron el rumbo de su vida. Cuando asomó la vocación sacerdotal, se fue a buscar a la chica que le gustaba desde los 11 años: “No quería ser cura sin probar a enamorarme”, contó en un podcast.
Después de tomar los hábitos de fraile, estudió para cura. Construyó una carrera a la estela de los primeros curas cantantes brasileños que a partir de los noventa empezaron a llenar estadios.
El fraile carmelita es conservador; contrario, por ejemplo, a que las parejas convivan sin casarse. Un sermón de 2025, en el que abogó por la sumisión de las mujeres, desató una polémica formidable. “Al hombre se le dio el liderazgo, pero la mujer desea el poder. (…) La guerra de sexos es pura ideología, es diabólica. Para curar la soledad del hombre, Dios te creó [a la mujer]. Naciste para ayudar al hombre”, proclamó. Aquel parlamento también lo catapultó a la fama más allá del universo católico. El expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro y el más mediático de sus pupilos, el diputado Nikolas Ferreira, evangélico, corrieron a solidarizarse con él.
Seis meses después, la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB) convocó lo que denominó el Encuentro de los Curas en Misión Digital. ¿Objetivo? “Inspirar una presencia digital más auténtica, creativa y evangelizadora, en sintonía con los desafíos del mundo contemporáneo”. La jerarquía católica quería poner orden en el amplio elenco de curas influenciadores brasileños y evitar verse arrastrada al fango de la polarización política.
En el caso de Frei Gilson, implicó borrar unos 30 o 40 vídeos con declaraciones consideradas demasiado subidas de tono, explica la especialista del Instituto de Estudios de la Religión. “La conferencia episcopal acepta que un sacerdote sea muy conservador, lo que no quiere es asociarse a ningún candidato, busca una cierta neutralidad”, añade. Ahí acabaron las polémicas públicas del fraile.
Pero Frei Gilson también habla a través de sus silencios, advierte la socióloga. “Evita pronunciarse sobre cuestiones sociales relevantes para la Iglesia en Brasil, como el medio ambiente, la vivienda o la reciente violación y feminicidio de una monja de 82 años en un convento”. El fraile, que no usa dinero ni tiene cuenta bancaria por el voto de pobreza, acaba de comprar un terreno en São Paulo con cuatro millones de dólares recibidos como donaciones para construir un megatemplo católico, según reveló Folha de S.Paulo.

Uno de los sacerdotes más queridos por la izquierda brasileña, el padre Julio Lancellotti, 77 años, gran defensor de los sin techo (unos 100.000 deambulan por São Paulo) y las personas transexuales, visitó hace unos meses al fraile —“mi hermano querido”— en un gesto de concordia. Se hicieron un selfie. El veterano Lancellotti conoce bien la polémica. La última le ha supuesto un voto de silencio impuesto por la archidiócesis que le ha dejado sin redes sociales ni retransmisión de misas en directo.
Sin duda que Brasil sea uno de los países con más católicos del mundo (y sus internautas naveguen muchas horas diarias) contribuye al éxito del fraile carmelita. Aunque los católicos disminuyen, aún suman unos 100 millones frente a unos 47 millones de evangélicos, que aumentan, pero a un ritmo menor de lo esperado. De aquí han partido propuestas osadas que el Vaticano ha abrazado —permiso para que gays y transexuales sean bautizados— o rechazado, como permitir curas casados en lugares como la Amazonia.
Tesser, que investiga los cambios en el catolicismo brasileño, intuye que el secreto del carmelita está en la simplicidad del mensaje: “Nuestra hipótesis es que Frei Gilson se convierte en un fenómeno de masas porque dialoga con una catequesis básica, predica sobre Jesús, sobre el pecado original… no entra en debates teológicos complejos”. En eso está en sintonía con el nuevo pontífice, que impulsa la catequesis de los adultos.
Brasil, un país conservador que sigue con fervor todo tipo de creencias, es terreno fértil: “Esa catequesis primaria le permite a Frei Gilson dialogar con católicos no practicantes, con espíritas, que en Brasil son 1,5 millones [que se comunican con los espíritus a través de médium], con evangélicos criados en el catolicismo…”.
Gomes, la comerciante de Pernambuco, casada, madre de dos hijos de 13 y 11 años, relata que los chavales “solo se duermen con las plegarias de Frei Gilson”. Las enseñanzas del sacerdote han traído cambios profundos a su vida: “Gracias a él, me acerqué más a Dios, empecé a frecuentar más la Iglesia. Dejé hábitos que no me hacían bien”.
Es una fiel digital y terrenal. Hace un par de semanas la pernambucana asistió a la vigilia en la que Frei Gilson llenó con 45.000 personas un estadio de Recife para toda una noche de oración y música cristiana. Ya tiene las entradas para el partido de fútbol solidario que ha organizado el carmelita en julio. Y en agosto hará otra cuaresma, la de São Miguel, también a las cuatro de la mañana.

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