Los 25 minutos de pánico en Teotihuacán: un viejo revólver, una mente enferma y un crimen inspirado por “el más allá”
EL PAÍS reconstruye el tiroteo en Teotihuacán, que deja dos muertos y 13 heridos, con la versión de las autoridades y testimonios de videos de las víctimas

No era la primera vez que se alojaba en un hotel cerca de las ruinas y pasaba el día planeando algo grande y tenebroso en las pirámides, algo que en su cabeza se pareciera a esos tiroteos en escuelas o iglesias tan habituales en Estados Unidos. El domingo pasado lo volvió a hacer. Llegó en autobús desde el norte de Ciudad de México, alquiló un cuarto en un hotel cercano y el lunes por la mañana entró al centro arqueológico de Teotihuacán, en el Estado de México. Para su gran día, eligió vestirse con un pantalón negro y una camisa de cuadros. En la mochila metió algunas hojas de papel donde había escrito a mano lo que estaba a punto de hacer con un viejo revólver y 42 cartuchos del calibre 38.
Todo sucedió en pocos minutos, menos de media hora. A las 11.20, a las autoridades del Estado de México les llega el primer reporte. Tres minutos más tarde ya disponen de imágenes de Julio César Jasso Ramírez subido a la Pirámide de la Luna. Tiene el revólver en la mano y apunta a una decena de turistas a los que ha obligado a tumbarse en el suelo. “¡Levántate, perra! Corta ese puto plástico, tienes un puto minuto. Si no lo haces, te disparo”. Es Jasso dirigiéndose a una de las turistas del grupo que tiene amenazado. Alguien en el grupo está grabando desde su celular. Al principio, la cámara mira hacia arriba, se ve el cielo inocente y despejado del Estado de México. Cuando vuelve a hablar Jasso la cámara se va a negro mientras sigue grabando. Seguramente la han tapado para no ser descubiertos, y ahora todo sucede fuera de campo.
Se escucha de nuevo a Jasso con el llanto de un niño de fondo. “Tu deja de verme tanto. A la muerte no se mira directamente, cabrón”. Hay familias con hijos pequeños. La mayoría son extranjeros, estadounidenses, holandeses, brasileños, rusos. Les dice que acaba de matar a dos coreanos: “Los he sacrificado como a perros”. Algo que en realidad no ha sucedido y uno de los indicios de las autoridades para afirmar que Jasso, de 27 años, “estaba desconectado de la realidad” y “tenía rasgos de psicopatía”. En otro audio se escucha: “Vosotros que habéis venido de la puta Europa no vais a regresar. Si os movéis, os sacrifico. Esto se construyó para sacrificar, cabrones. No para que vengáis a sacar la puta fotito de mierda”.
Jasso tiene la cara tapada con un pasamontañas y se pasea tranquilo hacia la mochila, colocado a unos metros de los turistas. Carga la pistola y dispara al aire, luego dispara hacia abajo de la pirámide, donde más turistas atienden y graban la escena entre el horror y la estupefacción. Una turista canadiense murió durante el tiroteo. La bala le entró por la pierna y después le alcanzó el tórax. Las autoridades no han concretado en qué momento sucedió ese disparo. Solo que fueron 14 balas en total y que la mayoría de los 13 heridos sufren lesiones provocadas por caídas al huir desesperadamente de la cima de la pirámide.

Hasta en dos ocasiones cargó su Smith & Wesson de 1968, que según la versión oficial le costó 40.000 pesos, aunque no han podido verificar el origen de un arma antigua, casi una reliquia, que dispone de seis alvéolos, los huecos para las balas. Tampoco, de los 42 cartuchos de calibre 38 que llevaba en la mochila, un tipo de munición utilizada por la policía mexicana.
Han pasado siete minutos desde los primeros reportes. La Guardia Nacional, que tiene un destacamento desplegado en el centro arqueológico, se pone en marcha. A las 11.20, al mando de un sargento primero, 30 soldados ya están a los pies de la pirámide. En el audio grabado por una de las víctimas se escucha a Jasso: “Necesito a alguien. Tú, lárgate, y dile a estos cabrones que aquí tengo rehenes y si intentan subir, los voy a matar”. Desde uno de los coches de la Guardia Nacional, se escuchan órdenes desde un altavoz: “¡Tire el arma!”. Jasso no hace caso y dispara contra los agentes, que empiezan a subir por los costados de la pirámide. A la vez, otro policía local logra subir por la parte trasera. Cuando Jasso se da cuenta, trata de escapar trepando a la parte más alta de la pirámide, que mide 45 metros, sin dejar de disparar.
Los agentes responden con más balas y le hieren en una pierna. Lo tienen acorralado. Son las 11.45 y Jasso decide pegarse un tiro y acabar con su vida. El mismo final que Eric Harris y Dylan Klebold, los dos adolescentes que el 20 de abril de 1999 entraron armados con rifles de asalto en su Instituto de Columbine, Colorado, y asesinaron a 12 estudiantes y un profesor, hirieron a otros 24 compañeros y después se pegaron un tiro en la biblioteca del colegio. En la mochila de Jasso, había libros sobre este icónico y macabro episodio que ya es parte de la cultura pop. En las notas escritas a mano que también guardaba en la mochila había escrito que se guiaba por una “inspiración del más allá” y que “seguía órdenes de entidades sobrenaturales”. Según las autoridades, el perfil homicida de Jasso Ramírez es el de un psicópata conocido en la jerga de criminología anglosajona como copycat, un imitador que replica crímenes simbólicos.







































