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Citlalli Hernández: “No solo importa ganar en 2027. Debemos cuidar que Morena siga siendo un partido de gente buena, honesta”

La ya exsecretaria de Mujeres, enviada por Sheinbaum de regreso a Morena, asegura en entrevista que el partido oficialista no postulará a candidatos que arrastren escándalos

Citlalli Hernández en Ciudad de México, este viernes.Ginnette Riquelme Quezada

Citlalli Hernández recién había egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, donde estudió periodismo, cuando se convirtió en candidata a diputada local en Ciudad de México por Morena. Era 2015; tenía 25 años. El partido izquierdista, fundado y dirigido por Andrés Manuel López Obrador, había conseguido su registro apenas un año atrás, y el grueso de sus militantes eran inexpertos en hacer campaña, no se diga en ganar elecciones, tras tantos años en la oposición. Pero ella sí ganó. Difícil de creer. “La verdad, pensaba que iba a perder, aunque hicimos una campaña para ganar”, se sincera. Tenía pocos recursos para promover el voto, pero López Obrador le dijo que ni se preocupara, que le bastaría con visitar casa por casa, hablar con la gente, si acaso dejar algún volante. Dice que gastó 25.000 pesos (unos 1.450 dólares) en esa campaña. “Por esa experiencia, estoy convencida de que la política se puede hacer de manera distinta, porque la hicimos sin dinero”, dice en entrevista con EL PAÍS.

Hija de una familia obrera del oriente popular de la capital, formada en escuelas públicas, Hernández, que hoy cuenta 35 años, hizo una segunda campaña y se convirtió en senadora. Luego, a través de una encuesta, llegó a la secretaría general de Morena (de 2020 a 2024), donde afrontó dos elecciones en las que el oficialismo cosechó grandes éxitos. Hormiga trabajadora, ha construido su carrera política desde los cimientos y se anota más méritos que otros morenistas de su generación a los que su apellido les ha abierto las puertas. La presidenta Claudia Sheinbaum, que la había designado secretaria de las Mujeres, le ha pedido regresar a la cúpula del partido para hacerse cargo de las alianzas y el reparto de las candidaturas, de cara a la elección intermedia de 2027. Hernández toma las riendas en una circunstancia incómoda: la dirigencia está dividida entre Luisa María Alcalde, presidenta, y Andrés López Beltrán, secretario de Organización, y la relación con los socios PT y PVEM, lastimada y llevada al límite de la ruptura.

Pregunta. ¿El partido es el mismo que dejó?

Respuesta. No, el partido ha crecido mucho y eso le ha traído varios retos, pero es natural. Formé parte de la fundación de Morena, que surgió con tres grandes objetivos. El primero era tener una herramienta para participar en elecciones y llevar a López Obrador a la presidencia para que iniciara un proyecto alternativo al neoliberalismo. Eso ya lo cumplimos. Nos costó muchísimo trabajo. Fueron décadas de otras luchas para poder conquistar un gobierno de izquierda, popular. Y, sin embargo, fue el objetivo más fácil. El segundo fue el de dignificar la política, alejarse de los viejos vicios. Ese objetivo no es inmediato y se complica cuando haces muchas sumas para ganar el poder. Una exigencia de la militancia es que Morena continúe anclado a sus raíces de principios e ideales. Tercero, Morena también nació para hacer una revolución de las conciencias, en el entendido de que a los partidos los hacen las personas, la política tiene sus debilidades, sus vicios. No importa si se echa a perder un dirigente, los conductores del proceso de cambio son un pueblo consciente, informado, participante, exigente. Este es el momento en el que Morena más debe ser consecuente, agradecido con el pueblo de México, y garantizar que sea un partido ético, honesto, sin escándalos, y, en los casos donde haya comportamientos ajenos a lo que Morena enarbola, señalarlo con mucha claridad.

P. ¿Se ha dignificado la política?

R. Por un lado, está la presidenta Sheinbaum. Tiene el respaldo de la población, nadie duda de que es honesta, que le está dando continuidad al proyecto, que trabaja de manera incansable; pero, por otro, el partido tiene que dar más muestras de que su ruta es construir una nueva cultura política.

P. Pareciera que, tras el retiro de López Obrador, los líderes morenistas olvidaron sus enseñanzas.

R. Cambiar la cultura política implica cambiar la cultura de los políticos y a los políticos que ya están echados a perder en todos los partidos. La gran mayoría de los militantes de Morena no son políticos. El partido tiene rostros visibles, pero quienes hacen Morena y lo han llevado al éxito electoral son ciudadanos y militantes de a pie que se han ido convirtiendo en liderazgos. Puede que la minoría incongruente, de perfiles que no creen en esta forma de hacer política, se vuelva más protagónica, más visible, o gane más posiciones. Sin embargo, no debe existir el silencio; tiene que quedar muy claro que las conductas ajenas a nuestros principios de austeridad, de comportamiento ético, de no corrupción, se tienen que deslindar del partido. No hay ningún proyecto político que no tenga que lidiar con contradicciones en el camino. El reto es seguir avanzando con la confianza del pueblo e ir dejando atrás los errores, las incongruencias naturales de cualquier ejercicio político.

P. Hay una sensación de permisividad. ¿Qué tendría que hacer el partido frente a las desviaciones?

R. La Comisión de Honestidad y Justicia tiene que actuar de oficio y, por lo menos, hacer exhortos de que esas conductas no corresponden a un militante o dirigente de Morena.

P. La presidenta Sheinbaum ha hecho exhortos, pero no se acatan.

R. Si no hay corresponsabilidad con los exhortos, tiene que haber sanciones. El partido tiene estatutos; quienes deciden ser candidatos, militantes o dirigentes de Morena, tienen que respetar las reglas. Y tienes un órgano interno para garantizar que esas reglas se cumplan. La Comisión de Honestidad tiene facultades para imponer sanciones. Y yo estoy convencida de que tiene que ser así, no en una lógica autoritaria o radical, o purista, como se nos acusa, sino para tener orden. Debemos tener claro que un partido como el nuestro tiene que cuidar doble o triplemente sus principios.

P. ¿A la presidenta le preocupa la situación del partido?

R. La presidenta está dedicada a gobernar, a darle continuidad al proyecto y a cumplir los compromisos de campaña. Me imagino que tendrá su opinión, sus preocupaciones; seguramente, cuando las cosas están bien en Morena, le da gusto. La tarea de un partido es no ser una preocupación para un gobernante.

P. Tras una década de gobiernos de Morena, hay desgaste. ¿Qué se juega en 2027?

R. Tenemos una presidenta con mucho respaldo popular en un momento global muy complicado y creo que el pueblo va a ratificar que quiere la continuidad de la transformación, sigue respaldando este proyecto, y sigue rechazando lo que representan el PRI, el PAN o Movimiento Ciudadano.

P. Morena depende de sus alianzas, pero la relación con los aliados está lastimada.

R. Tiene que haber mucho diálogo, debemos plantear nuestros objetivos como aliados al 2027 y trabajar para ganar el mayor número de posiciones. Si hay lugares donde nos conviene ir separados, o donde no nos ponemos de acuerdo, o donde juntos somos más fuertes, pues las mesas de negociación girarán alrededor de eso. Tenemos tres orígenes, tres estatutos y tres dirigencias distintas, y por eso importa el diálogo y la construcción de acuerdos. Si hay inquietudes o ha habido reclamos, estoy segura de que van a quedar atrás.

P. ¿Cómo se va a procesar el tema del nepotismo en San Luis Potosí, Guerrero y Zacatecas?

R. La clave de un proceso electoral exitoso en un partido tan grande y con tantos aspirantes es que las reglas sean claras, que se respeten, y que los resultados de las definiciones internas sean transparentes para que, aun cuando no les gusten a los participantes, cierren filas, porque tienen la certeza de que se respetaron esas reglas. Eso es lo que también genera complejidad en la coalición. En Morena es muy claro, nosotros no creemos ni en el dedazo, ni en impulsar la candidatura de un familiar de quien actualmente está en un cargo. No es contra un candidato o contra nuestros aliados, es respeto a nuestras reglas. Morena tiene que ser muy firme, y eso será una máxima en la presidencia de la Comisión de Elecciones que me toca encabezar.

P. ¿Cómo evitar rupturas?

R. Es una de mis tareas principales. Comenzaré a hablar con todos. A veces, cuando hay una pretensión personal, se puede perder de vista lo más importante: que queremos seguir transformando la vida de la gente, no la nuestra, no ser más famosos, no conquistar cargos. Y cuando no se toman decisiones correctas en la definición de candidaturas, puede llegar al poder gente que no necesariamente contribuye a ese objetivo.

P. ¿Cuál será el mínimo requerido para que alguien sea candidato de Morena?

R. Tiene que ser una persona honesta, cercana a la gente, con ideales y principios calados, con competitividad electoral y con la convicción de que va a acompañar el proyecto de la transformación. Un personaje no honesto, con escándalos, con malos ejercicios de gobierno previo, que solo quiere utilizar al partido para llegar al poder, no será bienvenido. El hecho de que alguien sea conocido y tenga cierta competencia electoral, pero tenga negativos frente a la ciudadanía, para nosotros no es la mejor persona. Hace unos años, la encuesta sirvió para encontrar a los más competitivos e ir ganando posiciones. Y yo vengo a que se tomen las mejores decisiones para que en 2027 no solo triunfemos, sino que también quede claro que Morena sigue siendo un partido de gente buena, de gente honesta.

P. ¿Con qué avances y retos deja la Secretaría de Mujeres?

R. No fue una decisión sencilla. Ha sido el mejor trabajo de mi vida, el que más satisfacciones me ha dado y más ha agudizado mi sensibilidad respecto al reto que es combatir la violencia hacia las mujeres. Todos los días atendemos a víctimas, pero no se trata solo de mejorar su acceso a la justicia, sino de la necesidad de un cambio cultural, de la revolución de conciencias. Aspiramos a un país donde la violencia hacia las mujeres no exista de manera cotidiana.

P. No fue fácil renunciar, pero ¿era más urgente ir a atender el partido?

R. En la Secretaría de las Mujeres están las bases para que llegue otra persona y le dé continuidad. Ante el llamado del partido, y con humildad lo digo, mi experiencia, mi diálogo con muchos sectores de Morena, con el PT y el PVEM, puede aportar muchísimo a que el 2027 sea un éxito. Mi compromiso es con muchas víctimas que siguen esperando justicia y que hemos acompañado (creo que fue lo que más me hizo dudar de aceptar). Pero tengo la certeza de que nada se va a desatender y la convicción de que puedo ayudar mucho en Morena.

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