Ir al contenido
_
_
_
_

Valentina Vapaux: “El caos en el mundo ha hecho que la generación Z tenga una idea del amor más tradicional que la milenial”

La escritora, de origen alemán y mexicano, indaga en su primer libro en los miedos y las aspiraciones de los más jóvenes, “entre la autorrealización, la instasoledad y la esperanza de un mundo mejor”

Valentina Vapaux en Ciudad de México, el 26 de marzo del 2026.AGGI GARDUÑO

A Valentina Vapaux (Berlín, 25 años) le ha costado autodefinirse como escritora. Ante la pregunta de la profesión, solía responder con un “balbuceo”. “Artista, influencer, periodista novel... ni idea, pura basura”, escribe en su primer libro, Generación Z. Entre la autorrealización, la instasoledad y la esperanza de un mundo mejor (Taurus). Es esta combinación de crónicas personales, ensayos y poesía la que la han sacado definitivamente del balbuceo. La joven, de origen alemán y mexicano, dejó hace un año su trabajo como periodista cultural en la radio alemana ARD para dedicarse plenamente a la literatura, y ya tiene otros dos libros en camino. “Me levanto y es lo primero en lo que pienso”, asegura en un perfecto español. Vapaux habla cuatro idiomas con fluidez y de todos ellos se ha guardado un pedacito dentro. El alemán es el “estándar” en el que creció en el mundo, “un poco duro y frío, pero muy interesante”; el inglés, su idioma “más nativo para la escritura”; y el francés, el del romance, quizá porque estuvo quedando con una chica francesa en invierno, reconoce. Es una romántica y no lo esconde.

El español es, con todo, su idioma más “íntimo y personal”: el de su infancia y el que habla con su mamá, que observa orgullosa mientras ella responde ágil y sincera a las preguntas que se le plantean. Un rato después se deshará de las gafas y se plantará frente a la cámara como una modelo profesional. Es segura cuando habla y es segura cuando posa.

La autora está en Ciudad de México para presentar su libro, que abre en la edición mexicana con un prólogo de su madre, un toque personal para un país con el que tiene una relación ambivalente: “Me pregunto muy seguidamente quién sería si hubiera crecido aquí“. Hoy es una joven cosmopolita que se pregunta por los problemas de su generación y trata de trazar a tientas algunos de sus rasgos.

Pregunta. ¿Con qué sueña la generación Z?

Respuesta. Somos una generación con mucha esperanza, pero es muy difícil definir a una generación. Por eso este libro no es una caracterización muy rígida, sino que son ensayos donde planteo preguntas y hay respuestas y también temas donde no hay, pero si me preguntas con qué soñamos, como generación creo que soñamos con un mundo estable donde podemos vivir nuestra vida de manera digna, tenemos la libertad de cumplir nuestros sueños y de ser la persona que queremos ser. El mundo en el que estamos ahora es muy difícil, muchos jóvenes sienten esa pesadez de que todo se va para abajo. El sueño es un mundo mejor.

P. Me sorprende que mencione la esperanza como un rasgo de la generación Z, porque si algo describe el momento actual es esa sensación de falta de futuro.

R. De pesimismo, sí. Es también recordarnos que somos jóvenes y que lo que caracteriza a los jóvenes en cada tiempo es ese tipo de esperanza: luchar, creer en algo e intentar cambiarlo, porque cada generación tuvo sus temas.

P. ¿Es la generación Z más incomprendida que otras?

R. Creo que es un patrón que se repite porque si piensas en el rock o los punks, también los papás decían: “Oye, ¿por qué te pones los pantalones rotos? ¿Por qué escuchas esa música que no suena como música?”. Es un círculo. Yo intenté encontrar las contradicciones que son específicas para nuestro tiempo y nuestra generación. Internet, los influencers, el amor, la música y la filosofía son los temas de nuestra generación.

P. Se ha autodiagnosticado adicción a las redes. ¿Cómo llegó hasta ahí?

R. Fue obvio porque escribí este libro en un momento donde tenía problemas de depresión, de ansiedad, y veía cómo, cuando me sentía muy mal, me metía para distraerme. Luego estaba ahí horas y horas y horas, lo cerraba y me sentía peor. Veía mucho paralelismo con adicciones de otro tipo.

P. ¿Es la droga de este tiempo?

R. Pues sí.

P. ¿Cuál es la relación de las redes con la tristeza?

R. Los problemas de salud mental no se crean en las redes, pero se intensifican, porque las plataformas están construidas para hacernos adictos. Si pasamos más tiempo, ellos pueden recolectar más datos, nos pueden vender más productos… Pero no es solo que sea una adicción, es también el contenido específico, porque nos llega a una rapidez y en una cantidad que nuestro cerebro no lo puede procesar. Estás en redes, lo cierras y alguien te pregunta, “oye, ¿qué viste?”, y no sabes qué has visto, pero te ha impactado en el subconsciente. Los ideales de género se han intensificado. Ahora tienes que ser muy bella y tener el trabajo perfecto y, si tienes hijos, ser la mamá perfecta y hacer mucho deporte y comer muy sano y tener muchas amigas y salir y estar en paz. Es muy, muy intenso. Puedes llegar a un momento donde sientes que todo el mundo, porque lo ves en tu pantalla, lo está haciendo mejor, está viviendo una vida mejor, y es difícil salirse de ese mindset.

P. En algún momento escribe sobre cómo las mujeres generan contenido relacionado con el hogar y el estilo de vida, mientras los hombres hablan de política y finanzas. ¿Las redes reproducen estereotipos?

R. Sí. Vi unos estudios que dicen que las personas que pasan más tiempo en redes tienen ideas sobre el género más tradicionales que las que pasan menos tiempo, y creen que es justo que las mujeres ganen menos dinero, por ejemplo. Ese fue uno de los temas que me sorprendieron, porque nuestra generación está muy representada en los medios por nuestro lado tan progresista, que lucha por el feminismo, los derechos del colectivo LGBT, contra la crisis climática, pero pues la verdad es que también hay muchas tendencias conservadoras que en internet se intensifican. Las cosas más extremas nos generan más atención y emociones, entonces les damos más likes, más comentarios, y por eso creo que nuestra generación también se caracteriza por esos extremos.

P. ¿Ve ese giro conservador en los hombres de su generación?

R. Sí, una de las grandes diferencias en la generación Z es que los géneros se van separando mucho más en ideologías. Por ejemplo, en Europa con el tiempo las mujeres van siendo más progresistas, más feministas, y los hombres se van al lado opuesto. De eso salen los temas del male loneliness epidemic [epidemia de soledad masculina]. También el artículo tan viral que se llamaba Is Having a Boyfriend Embarrassing Now? Hay un discurso intenso en el mundo heterosexual. Las mujeres y los hombres se están volviendo menos compatibles ideológicamente.

P. ¿Invertimos mucho tiempo hablando de los efectos de las redes y no seguimos lo suficiente el rastro del dinero?

R. Hay que entender cómo funciona, porque es como vivir en una casa con todas estas máquinas que no entiendes. Pierdes control para decidir si quieres ser parte o no. Es importante educar sobre el rastro del dinero, pero no es lo único, sino en general entender la perspectiva sociocultural, cómo funcionan las tendencias de internet, lo que hablamos del género… Tampoco es algo que fuera inventado en internet. Es nuestro sistema capitalista patriarcal que se va polarizando.

P. ¿Internet era el sitio al que se huía de la realidad y ahora el mundo físico se ha vuelto el lugar al que huir de internet?

R. Sí, es muy irónico. Internet, las plataformas, han sido exitosos en su misión de robarnos el tiempo, entonces nosotros también tenemos que combatir esa dinámica para escaparnos de internet. El offline y el online han tenido una simbiosis tan intensa que es muy difícil salirse por completo, porque te pierdes la cultura pop, las tendencias de música, el arte, los eventos. En el libro cuento el ejemplo de una amiga que hizo un detox completo de seis meses y luego estaba buscando roomies y no encontraba nada, porque todo el mundo lo postea en Instagram. Entonces otra vez se lo bajó.

P. Las redes también median mucho las relaciones personales. La generación Z tiene menos relaciones sexuales, pero también menos tabúes. ¿Qué lugar ocupa el sexo?

R. Yo empecé pensando que éramos esa generación muy liberada, muy caracterizada por el no comprometerse, las relaciones abiertas, las aplicaciones de cita... porque es lo que representaron en los medios. Pero al leer los estudios vi que, por el mundo tan caótico, hay esa esperanza y esa idea del amor romántico mucho más tradicional que los millennials, que salían más. Es difícil decir cuál es el espacio del amor, porque no ha cambiado la idea de que no queremos estar solos. Queremos enamorarnos, estar en pareja, pero lo que sí ha cambiado es cómo llegamos al amor, cómo lo tratamos, que sí es una de las contradicciones. Una gran mayoría de la generación cree más fuerte en el matrimonio, en la fidelidad, la monogamia, y al mismo tiempo existe una apertura a otros modelos de pareja, más derechos y más visibilidad de personas LGBT. Las aplicaciones te pueden llevar a un lado difícil donde las usas para validar el ego o para no sentirte solo, pero creo que la tecnología no es suficientemente poderosa como para arruinar el amor para una generación entera.

P. Volvemos a la polarización. Es una generación más conservadora y al mismo tiempo más abierta.

R. Los millennials crecieron y se convirtieron en adultos en un momento muy optimista. Con esa estabilidad geopolítica relativa, tienes la libertad de explorarte más. Ahora que todo está tan fragmentado, tan caótico, te agarras a lo que piensas y lo que sientes de manera más fuerte.

P. Ha cambiado la relación con la política.

R. Sí. Nuestra politización fue por la crisis climática. Éramos todavía jóvenes cuando comenzó el movimiento. Gran parte estaba en la escuela, y ese fue el primer movimiento grande donde aprendimos. Pero llegó después la pandemia, que nos quitó mucha libertad y también mucho poder político, porque ni podías hacer manifestaciones. Fue muy pesado para nuestra generación porque fue en un momento de desarrollo personal muy intenso.

P. ¿Dónde ve ahora esa promesa de un futuro mejor?

R. Aunque lo que ha cambiado para esta generación es un poco esa pérdida de esperanza y ese nihilismo, mi experiencia es que, como quiera, somos una generación muy valiente, que ha roto muchos tabúes y ha logrado mucho en esos movimientos. Aunque se ha apaciguado un poquito la energía, como quiera seguimos luchando y seguimos con esa esperanza y esa idea de que nosotros no queremos vivir en un mundo peor.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_