Vlocke Negro: “La ciudad es un espacio en disputa difícil de ganar porque la policía siempre está vigilando”
El artista mexiquense habla sobre sus intervenciones en contra del Mundial y la FIFA, sobre las obras efímeras y la protesta social


A poco más de dos meses para el Mundial, el sábado 28 de marzo se jugó en México un partido amistoso contra Portugal. Un “simulacro” para saber cómo sería la logística, las calles cerradas, el transporte que estaría disponible. No podía faltar la participación de más de 8.800 policías y 2.000 elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional y la Marina. Muchos de ellos, listos para replegar las manifestaciones que ocurrieran contra el evento de la FIFA. En Periférico Sur sucedía la protesta más grande de la capital. Rodeados de granaderos, los activistas cerraron los carriles de alta velocidad para jugar una “reta” de futbol; pintaron dos canchas en la vía rápida para condenar el despojo y la gentrificación que dejará la justa deportiva. Hoy Periférico ya no tiene rastros de las pintas. Las intervenciones en los bajopuentes del Estadio Azteca también desaparecieron.
Muchos de los murales e intervenciones fueron creadas por el artista multidisciplinario Vlocke Negro (Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México) y se han convertido en un símbolo de resistencia contra el Mundial. “Ya estoy acostumbrado a que mi arte sea efímero, pero también, precisamente, en la persistencia existe esa continuidad. Ese resistir y existir ocurre cuando se regresa. Cuando empezamos a pintar en el Azteca, nos borraron inmediatamente. Duró muy poco, 24 horas máximo. Entonces, dijimos que íbamos a regresar las veces que fueran necesarias. Y bueno, así lo hemos hecho. Cuando lo vuelves a hacer la gente empieza a valorar tu persistencia. El grafiti o la consigna es un tipo de arte incómodo que es borrado”, zanja en entrevista con EL PAÍS. “La ciudad es un espacio en disputa difícil de ganar porque la policía siempre está vigilando. Hay que habitarlo de todas maneras. Ya sea ocupando las vías con tu bicicleta, pegando un cartel o pintando un mural. Hay muchas manifestaciones que se pueden hacer en el espacio público, pero hay que hacerlo y hay que hacerlo sin permiso. No nos han dado otra alternativa”, dice con firmeza.
El artista se suma a la manifestación con un jersey de México intervenido con la imagen de mujeres indígenas encapuchadas, en el escudo tiene las letras “EZLN" (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) y en la espalda, “despojo”. Trae un balón con la cara de Trump, para que todos pateen “al autoritarismo”. En sus palabras, busca ridiculizar y reírse de quienes están a cargo. “Parte de la protesta se da con la degradación de las figuras de poder”, menciona.
A su llegada, los manifestantes le chocan los cinco, le cuentan el día y los fotógrafos se acercan para tomarle fotos con la playera y el balón. Lleva un paliacate en el rostro para mantener el anonimato. Se aleja de la multitud y, sentado en el piso de uno de los circuitos más importantes del valle de México, se dispone a ser entrevistado mientras un helicóptero de la policía vigila la concentración y a su izquierda, los granaderos continúan a la espera de cualquier orden.

Vlocke Negro comenzó su carrera artística hace más de 20 años, en 2004. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde impregnó de teorías situacionistas los grafitis que hacía desde la secundaria. “De chico veía los murales y los grabados políticos en los libros de texto. Me llamaba mucho la atención esa técnica (...) Más tarde tomé del situacionismo la idea de la intervención de objetos, de la subversión, de la tergiversación del discurso oficial para lograr otros discursos, otros lenguajes”.
La época estudiantil del creador estuvo marcada por movimientos políticos que construyeron su destino. Durante la huelga de la UNAM de 1999 (el paro de actividades más largo de la institución) los estudiantes lucharon por detener el incremento de las cuotas. El muralista estudiaba en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), uno de los bachilleratos del instituto. “Yo estaba en la disyuntiva entre estudiar arte o ciencia política, pero como me tocó mucho lo de la huelga, decidí irme por la segunda. Creía que era una forma más cercana de hacer cambios sociales, aunque después me di cuenta de que el arte tiene mucha fuerza de cambio, de reflexión. Entonces decidí hacer esta simbiosis”, relata.
Su arte ha sido el acompañamiento visual y gráfico de diversos movimientos sociales, como el movimiento Okupa o el de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO): “Es un lugar donde me siento bien y cómodo haciendo algo que me gusta”. Hoy, con el Mundial, su objetivo es visibilizar el negocio detrás del deporte y cómo el capitalismo afectará la vida de los habitantes. “Estamos en esta época marcada por las guerras. La presidencia de Estados Unidos está orientada hacia la extrema derecha, hacia el fascismo. Busco evidenciar y hacer notar que la FIFA es un aliado de Estados Unidos y que están en México de visita, haciendo negocios de manera flagrante”, denuncia.








Siempre acompañado del balón-máscara de Donald Trump, que tiene pintados mensajes como “Coapa resiste”, “Fuck ICE”, “FIFA Go Home”, Vlocke Negro hace hincapié en lo fundamental que ha resultado para transmitir su mensaje: “La pelota ha funcionado muchísimo como icono de estas manifestaciones. Pertenece a una serie de trabajos con máscaras que muestran el peso que tienen en México y Latinoamérica”.
El artista es originario de Ciudad Nezahualcóyotl, en el Estado de México, y proviene de una familia que se trasladó de Oaxaca al centro del país. Ambas ciudades han dejado huella en su arte. “Venir de Neza impide que venda mi manera de hacer arte. Al estudiar en una escuela pública y tener un origen migrante, se me complica no tener los pies en la tierra”, menciona mientras una ligera sonrisa marca su rostro. Oaxaca no solamente representa la historia de su familia sino la de su arte. Su gráfica característica, impregnada de grabado y litografía, comenzó también en la tierra del mezcal en 2006 y después con el movimiento de la APPO: “Esta técnica funciona como una manifestación pública y social que usa pequeños y grandes formatos con un lenguaje muy crítico”.
El arte de Vlocke Negro se ha expuesto en diversos países. El 2 de abril inauguró su exposición colectiva Subvertizing en Ciudad de México y recientemente estuvo en Quito con su serie Decolonial. Además, ha exhibido en Argentina, Colombia, Alemania, España o Estados Unidos. En 2024 recibió el premio Cultures of Resistance Award por su participación en Unmute Gaza. Ese mismo año tuvo su exposición más grande hasta ahora, en la galería José María Velasco en Tepito, un barrio de tradición guerrera en la capital mexicana.

A pesar de que ha mostrado su arte en diversos países, México sigue siendo el más retador tanto por el público como por las instituciones, “la gente conoce tu trabajo y puede ser más crítica. En otros países a lo mejor eres la novedad y puedes sorprender al público”, asegura. Sobre los espacios para mostrar su obra, considera, “el arte con las instituciones es bien complicado para mí porque no vengo de una escuela y nunca me ha interesado mucho estar en estos círculos de aprobación, cerrados y difíciles de entrar. He intentado no necesitar estar en exposiciones oficiales. Hace poco quise conversar con el curador de una exposición del museo Jumex sobre fútbol para ver si le interesaba lo que estaba haciendo pero realmente me fue imposible llegar a él”.
Su arte, en muros y calles, ha sido preservado —algunos hasta por 10 años— pero como el del 28 de marzo, la mayoría de ellos desaparecen con el paso del tiempo. “Sí me gustaría que estuviera dentro de algún recinto que los protegiera, pero hasta ahorita no he tenido la facilidad de que alguien quiera preservar alguno de mis trabajos”, asegura. Sus obras sí permanecen en diseños para camisetas, murales por comisión, venta de obra gráfica, serigrafías y grabados. “En algún momento me gustaría tener un libro donde pudiera mostrar el trabajo de todos estos años. Que mucha gente colaborara. No sé si dejaré una huella, pero estoy aquí, viviendo la vida y disfrutando lo que hago, lo intento”.
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