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Jaime Rivera, consejero electoral: “El INE es menos fuerte que hace nueve años”

El funcionario saliente identifica un instituto tensionado por presiones políticas, recortes presupuestales y fracturas internas

Jaime Rivera, en Ciudad de México, el 1 de abril.Ginnette Riquelme Quezada

Cajas apiladas, libros sobre el escritorio y estantes vacíos dominan la escena. Documentos que alguna vez fueron urgentes se reparten ahora en montones desordenados. Jaime Rivera (Estado de México,70 años) alista una doble mudanza. La entrega-recepción de su oficina en el Instituto Nacional Electoral (INE) y el retorno a su Estado para incorporarse como investigador a la Universidad Michoacana.

Rivera cierra nueve años de trabajo con una conclusión incómoda: el INE no es hoy el mismo que encontró. Aquel organismo cohesionado al que llegó en 2017, capaz de procesar diferencias sin romper su funcionamiento, hoy enfrenta un entorno más hostil, con presiones políticas constantes y su colegialidad fracturada por la presidencia de Guadalupe Taddei. El siguiente desafío, dice, no es solo político, sino operativo: elecciones más complejas, con reglas contradictorias y cargas excesivas. Esto pondrá al límite al sistema.

Pregunta. ¿Qué balance hace de su cargo?

Respuesta. Cuando ingresé, era un órgano sólido, con un sistema de fiscalización robusto y un consejo cohesionado, con diferencias pero con unidad en la defensa de la autonomía. No había que defenderla de ataques, sino ejercerla con independencia.

P. ¿Cómo deja al INE?

R. El INE hoy se encuentra con más problemas que en 2017. Desde 2018 hubo una actitud hostil del Gobierno, a partir de decisiones como la sanción a Morena por el fideicomiso del terremoto de 2017. También se difundió la idea de que es el organismo más caro del mundo. El INE tiene muchas más funciones que sus pares. Nuevas obligaciones —consulta popular, revocación de mandato, elecciones judiciales— sin recursos adicionales. Más funciones y menos presupuesto lo han debilitado. Ha sido muy difícil mantener la colegialidad que existía. Los 11 integrantes del consejo somos corresponsables de cuidar y ejercer la colegialidad, pero la presidenta tiene la obligación de promover la cohesión. Desde el principio hubo dificultades cuando los nombramientos que quería hacer no encontraron consenso. De 17 nombramientos, en 11 habíamos alcanzado acuerdos. Cuando su propuesta de Secretario Ejecutivo no obtuvo mayoría, retiró sus fichas. Creó tensiones. Las tensiones provocan desconfianza y con desconfianza mutua es difícil lograr la colegialidad. Eso ha hecho que el INE sea menos fuerte que hace nueve años.

P. ¿Es responsabilidad de la presidencia?

R. Todos somos corresponsables, pero la mayor responsabilidad recae en la presidencia.

P. ¿Cuál fue su decisión más controvertida?

R. La cancelación del registro de dos candidatos a gobernador por no reportar gastos de precampaña. Fue difícil, pero la ley es clara: quien no cumple pierde el derecho a ser candidato. Puede parecer desproporcionado, pero el INE debe apegarse estrictamente a la legalidad. Otra fue la sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados. El uso de coaliciones permitió burlar límites constitucionales, mediante una interpretación laxa, equivocada, derivada de contradicciones entre la Constitución y la reforma legal de 2008. El artículo 54 mantiene reglas pensadas para partidos, no coaliciones: exige 200 candidaturas por partido y fija límites de representación. Ante disposiciones contradictorias, se requería una interpretación sistemática. Sin embargo, se optó por una lectura favorable a los partidos: en 2015, se colaron siete u ocho candidatos, en 2018, 70 y en 2024, qué te digo.

P. ¿En qué ha fallado el INE?

R. Un error importante fue la interpretación de la sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados. Asumí esa interpretación en el pasado, pero en 2024 advertimos su impacto. También fallamos en no frenar las precampañas anticipadas. El Tribunal estableció criterios que nos limitaron, pero debimos ser más audaces. Actuamos tarde.

P. ¿El INE llegó tarde para frenar campañas anticipadas?

R. Sí. Se está repitiendo un patrón que genera inequidad. Es un incentivo perverso: otros partidos intentarán hacer lo mismo, pero con desventaja porque no todos tienen los mismos recursos.

P. ¿El INE ha resistido o solo ha sobrevivido?

R. Ha resistido intentos de debilitarlo y sigue cumpliendo su función. No es oposición; defiende su autonomía. También ha sobrevivido.

P. ¿Sintió en riesgo la autonomía?

R. Sí, cuando se impulsaron reformas que la comprometían.

P. ¿Hubo presiones del poder?

R. Sí las hubo. Yo no recibí directamente. Sé que algunos consejeros sí, incluso para nombramientos.

P. ¿Se erosionó la credibilidad del INE?

R. Sí. Por una campaña sistemática desde el Gobierno para desacreditarlo y por tensiones internas. En 2023 hubo una embestida muy agresiva para desnaturalizar al INE y convertirlo en organismo electoral temporal como el que había hasta 1988. Respondimos unidos los 11 consejeros con el liderazgo de Lorenzo Córdova, con mucho trabajo interno del secretario ejecutivo Edmundo Jacobo, las 300 juntas distritales y las 32 locales.

P. ¿Cuál fue la elección más compleja?

R. Las elecciones judiciales. Fue imposible garantizar estándares de integridad: hubo paquetes alterados, casillas con participación total y boletas sin doblar. Fue como volver 40 años al pasado.

P. ¿Debieron invalidarse?

R. El INE no puede declarar nulidad, pero sí calificar la elección. Cinco consejeros consideramos que no debía validarse. No fuimos mayoría. Esa postura incomodó al poder. Se revivió, de forma irregular, una queja administrativa por nuestra votación de 2021, impulsada por un órgano sin facultades electorales y reactivada años después para sancionarnos. Es razonable ver en ello una persecución política: una represalia por nuestra posición. No solo afecta a quienes ya se fueron, sino que envía una advertencia: según cómo voten, pueden enfrentar consecuencias.

P. ¿El INE ha sido tratado como adversario político?

R. Sí. Es inusual: en 2018 organizó una elección impecable y quien ganó se quejó del árbitro. Es inédito.

P. ¿El sistema electoral sigue siendo confiable?

R. Sí en su organización: el padrón es sólido y las elecciones siguen siendo auténticas. Pero el arbitraje puede debilitarse si los consejeros no son aceptables para todos los actores. A la mayoría legislativa le convendría consensuar con la oposición perfiles profesionales, independientes y consensuados. Así se hizo antes, y permitió que el partido en el poder ganara con votos auténticos.

P. ¿Cuál es el reto para 2027?

R. Evitar el colapso electoral. La combinación de elecciones judiciales y políticas genera una complejidad operativa enorme: demasiadas boletas, reglas distintas y carga excesiva para votantes y funcionarios. Se va a perder legitimidad y con eso pierde la democracia. También pierde el grupo en el poder. A nadie favorece eso.

P. ¿La austeridad ha debilitado al INE?

R. Sí. Con más funciones y menos recursos, se sacrifican tareas. El ahorro es marginal para el presupuesto federal, pero significativo para el INE.

P. ¿Era necesaria la reforma electoral propuesta por la presidenta?

R. No. Si algo funciona, no hay que arreglarlo.

P. ¿Qué reformas sí se necesitan?

R. Superar la ambigüedad en la asignación de la representación proporcional y obligar a autoridades financieras y fiscalías a compartir información con el INE. Y separar elecciones judiciales de las políticas.

P. ¿Qué mensaje deja a los nuevos consejeros?

R. Que ejerzan la autonomía con independencia.

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