Acapulco se rehabilita para el turismo a pesar de que sus habitantes carecen de los servicios básicos
Las obras continúan para brindar una mejor atención a los visitantes y a pesar de la permanencia de diversas crisis que aquejan a los pobladores del puerto guerrerense

Acapulco ya se llenó de turistas y el Gobierno de Guerrero encara esta Semana Santa con tono triunfalista. “La ocupación habitacional está prácticamente al 87%. ¡La recuperación va por muy buen camino!”, celebra Simón Quiñones, secretario de Turismo del Estado. Los planes del Gobierno para rescatar a la que una vez fue la Perla del Pacífico no parecen contemplar a quienes habitan una ciudad que cuenta en su historia reciente con un sismo y dos huracanes que dejaron un escenario desolador: menos derechos y más violencia. En el enclave la promesa de paraíso vacacional contrasta con la realidad de quienes habitan una de las ciudades más peligrosas del mundo.
Con una inversión de 13.000 millones de pesos, el Gobierno federal impulsó el año pasado un proyecto de reconstrucción en conjunto con el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) para la recuperación de su Bahía Histórica. Las obras a cargo de Fonatur avanzan lentamente mejorando banquetas, iluminaciones y jardineras en la arteria central de la ciudad, la Costera Miguel Alemán. “Hemos hecho un esfuerzo muy importante: rehabilitamos la Costera Miguel Alemán, instalamos más de 4.000 luminarias nuevas, establecimos un sistema nuevo para lograr que la ciudad esté limpia, estamos recuperando el centro histórico”, destaca Sebastián Ramírez Mendoza, director del fondo.
Sin embargo, el día a día de las obras se vive “a chingadazos o a bloqueos”, en palabras de Carlos Carbajal, un fotoperiodista local que ha vivido la degradación de su puerto. “Nunca lució tan sucio ni tan contaminado, con un turismo que viene a destruir, con actividades de lo peorcito como el Acamoto”, dice en referencia al encuentro que congrega miles de motocicletas cada mes de mayo.

Sin agua sin luz sin clases
Incluso en días festivos, no hay día en que una manifestación no paralice las avenidas principales de Acapulco. Una de ellas es la que han organizado padres y docentes de la escuela primaria Manuel Ávila Camacho, cuyas instalaciones parecen haber sido arrasadas por un ciclón. “Otis hizo serias afectaciones, pero el problema que ya tiene un rato, es también por la antigüedad del edificio y su falta de mantenimiento”, afirma Ruben Solano, su director. La infraestructura está afectada, con estancias completamente demolidas, muros y techos agrietados de arriba a abajo y salones sin ventanas. La escuela no cuenta con agua. La toma principal de abastecimiento “tiene muchas fugas y está cancelada por los adeudos que tiene la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco (Capama)”, lamenta el responsable de una escuela que estuvo sin electricidad casi dos años.
La Secretaría de Educación de Guerrero (SEG) explica que destinó “una cantidad” de dinero para la escuela, pero luego a su vez este recurso fue desviado a “necesidades más importantes”. La presidenta municipal de Acapulco, Abelina López Rodríguez —envuelta en un mandato lleno de polémicas— no deja de anunciar estrategias para atraer más visitantes al puerto, incluso cuando los ciudadanos carecen de los servicios más básicos.
“La parte más importante de la inversión en la recuperación de Acapulco se dirige a la provisión de agua potable, prevención de inundaciones y saneamiento de agua por parte de la Comisión Nacional del Agua, en 2025 fueron dedicados 1.800 millones de pesos”, destaca Ramírez, el director de Fonatur. Días antes de que iniciara la Semana Santa, sin embargo, vecinos de distintas colonias protestaron frente a las oficinas centrales del organismo central de aguas para denunciar fallos en el suministro y drenajes colapsados.
Extorsión y el cobro de piso en todas las playas
A poco más de un año del arranque del programa “Acapulco se transforma contigo”, la zona tradicional de la ciudad es un caos para los visitantes, pero sobre todo para sus habitantes. Hay obras inconclusas en la Costera que impiden el paso peatonal y alimentan las quejas de los residentes. “Entiendo que las obras siempre generan incomodidad, pero Acapulco no había recibido la inversión de ahora en décadas”, argumenta el director de Fonatur. “Las molestias de las obras son temporales, ¡los beneficios quedan por muchos años!”, matiza el secretario de Turismo.

A pesar del incordio que generan las labores de rehabilitación, del polvo que levantan y el ruido de las excavadoras, playas como Caleta o Tlacopanocha, custodiadas por miembros de la Guardia Nacional, se llenan. Allí pueden verse a las familias sorteando a uno de los 10.000 comerciantes ambulantes que trabajan en la costa y dependen del turismo. Esta población, una de las más frágiles, también paga el precio de la delincuencia organizada.
De acuerdo con un informe publicado en marzo por Fonatur, las redes de extorsión y el cobro de piso por parte del crimen organizado afectan a todas las playas de Acapulco. “No sé cómo no ha colapsado todo el comercio”, alerta el periodista Carbajal sobre la violencia que permea Acapulco. Quiñones, el funcionario local de Turismo, cree que “se ha avanzado de una manera muy importante” gracias a las Mesas de Coordinación para la Construcción de la Paz, una serie de reuniones diarias con autoridades federales y estatales.
Selfies entre fotos de desaparecidos
El Malecón, una de las zonas custodiadas por marinos, es una de las obra que más inversión ha recibido, con la construcción de un nuevo corredor peatonal y unas letras monumentales de Acapulco a colores. Mientras una chica posa frente a ellas para una foto, a su espalda Socorro Gil pega carteles de búsqueda de su hijo.
Un 5 de diciembre de 2018, Jonathan, de 25 años, salió a jugar al fútbol con un amigo y nunca regresó. Aquella noche, Socorro recibió una llamada alertando de que una patrulla de policías municipales se los estaba llevando de la playa Tlacopanocha. El amigo, Carlos González Rojas, apareció al día siguiente sin vida y con signos de tortura. Desde entonces, Socorro Gil busca a Jonathan, también al resto de rostros con los que empapela cada día la ciudad, las columnas y el kiosco del zócalo, “en el corazón de la ciudad, muy cerquita de donde se llevaron a mi Jonathan, donde está el turismo. Cuanta más gente lo vea mejor”, dice.

Socorro, parte del colectivo Memoria, Verdad y Justicia, carga siempre en su bolsa fotos de su hijo de todos tamaños, que hasta hace no mucho eran retiradas por empleados municipales. “Ha sido pelear mucho con el Ayuntamiento, más de tres años de reuniones, bloqueando calles, hasta que se comprometieron a no quitarnos los carteles. ¿Cómo va a ser segura para el turismo una ciudad en la que desaparecen personas?”, reclama antes de marchar con su bolsa llena de imágenes.
Una ciudad sin áreas verdes ni sombra
Otis y John arrasaron con el 90% de la vegetación. La ciudad quedó sin la protección de la sombra de los árboles; y los ciclones también arrancaron los techos que cubrían parques y canchas y que no han sido repuestos. “Ya no hay espacios verdes”, reclama Luis Arturo Aguirre, famoso clavadista de la zona y uno de los activistas involucrados en recuperar espacios públicos como el histórico Jardín del Puerto, una de las obras estrella a cargo de la Secretaría de Marina. “Muchos lo imaginamos como un espacio lleno de vida en el corazón de Acapulco”, confiesa el joven, que el año pasado protagonizó un momento icónico cuando, en una de las visitas de Claudia Sheinbaum a Acapulco, se lanzó de cabeza al mar y nadó hasta la embarcación de la presidenta y así tratar de arrancarle un compromiso para dotar al Jardín del Puerto de áreas verdes. “Promesa que no se ha cumplido. Construyeron puro concreto”, lamenta Aguirre, quien lamenta que la ciudad se diseñe solo para el turista. “Debería ser habitable también para los acapulqueños. Los gobernantes deberían pensar en cómo hacer que esto sea un mejor lugar para todos”, asegura.
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