Morena lima asperezas de cara a 2027 con sus aliados tras la reforma electoral
El oficialismo cierra filas ante la confirmación del plan B en Cámara de Diputados, la designación de consejeros electorales y el panorama de las elecciones intermedias del próximo año


La reforma electoral los dividió, pero no los fracturó. Luego de tres meses de tensiones, las dirigencias de Morena, Partido Verde y Partido del Trabajo han emprendido una operación cicatriz, necesaria de cara a las elecciones de 2027, en las que buscan reeditar la alianza Sigamos Haciendo Historia con la que en 2024 obtuvieron una amplia mayoría.
Más allá de salvar una parte del plan B de reforma electoral, que permitió a la presidenta Claudia Sheinbaum evadir una derrota política, el acuerdo construido en la última semana entre Morena y el PT, con la anuencia del Verde, buscaba salvar la coalición legislativa y electoral que, desde el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, ha permitido la expansión del proyecto de la Cuarta Transformación.
Morena y la presidenta aguantaron, primero, la negativa de sus aliados a respaldar la iniciativa original de la presidenta, enviada el 4 de marzo y votada una semana después en la Cámara de Diputados. Después, han tenido que tolerar una nueva insurrección del PT, su socio más pequeño, que rechazó la intención de empatar la consulta de revocación de mandato de Sheinbaum para empatarla con las elecciones federales y locales de 2027.
El acuerdo construido por el coordinador de los senadores de Morena, Ignacio Mier, consistió en aprobar en lo general el plan B, para salvar la reducción presupuestal en Congresos locales, ayuntamientos y percepciones de funcionarios electorales, y reservar lo relativo a revocación de mandato para desecharlo en una votación en lo particular que los senadores de Morena -proclives a adelantar el ejercicio- tuvieron que acompañar.
Lo que estaba en juego la noche del pasado miércoles en la sesión del pleno del Senado no era solamente una reforma electoral mínima que la presidenta apenas pudo celebrar con un lacónico “estamos avanzando en reducir privilegios”. Lo que en realidad se decidía era la supervivencia de la coalición oficialista, y por eso el senador Alberto Anaya, líder histórico del PT, dedicó cinco minutos de elogios a Sheinbaum en su discurso, y apenas 40 segundos para anunciar que su grupo se separaría de la reforma en lo relativo al revocatorio. “La coalición está más fuerte que nunca”, se esforzó en aclarar.
En un país donde la política se hace a gritos y tuitazos, la oposición celebró la aprobación del plan B sin revocatorio exclamando “sí se pudo, sí se pudo”, como si se tratara de un adelanto mundialista. Y el oficialismo respondió con una imagen en redes sociales, la de los coordinadores parlamentarios de Morena, Verde y PT tomados de la mano y levantando las brazos. “Quienes soñaban con la división de nuestro movimiento otra vez se quedaron con las ganas”, escribió Mier como pie de foto.
Lo que vino en los días posteriores se resume en: mensajes tersos entre los líderes partidistas, llamados a la unidad y reuniones informales para comenzar a pactar lo que sigue; en primer lugar, la aprobación del plan B en la Cámara de Diputados, donde Ricardo Monreal tendrá que contener los ánimos de más de 250 diputados de Morena que quisieran ver a la presidenta en las boletas en 2027. La confirmación del plan B en San Lázaro depende de una mayoría calificada, imposible sin los 64 diputados del PT, por lo que es indispensable replicar el acuerdo que descafeinó la propuesta original de Sheinbaum. Monreal ha publicado un mensaje este fin de semana en sus redes, en el que augura una votación favorable en la sesión del 8 de abril, regresando de Semana Santa.
La agenda legislativa volverá a poner a prueba la cohesión en el oficialismo, con el nombramiento de tres consejeros del Instituto Nacional Electoral, previsto para votarse en el pleno el miércoles 22. Hace tres años, cuando la Cámara nombró a Guadalupe Taddei, actual presidenta del INE, y tres consejeros más, tuvo que recurrir a la tómbola para sacar adelante los nombramientos, pero entonces el oficialismo no tenía la mayoría calificada. Este año, basta con que Morena, PVEM y PT se pongan de acuerdo, para nombrar a tres consejeros que arbitrarán las elecciones de 2027 y las presidenciales de 2030.
Después de los nombramientos en el INE, todo se conjugará en clave 2027. El Verde y el PT necesitan a Morena para mantener sus posiciones en la elección intermedia, y Morena los requiere para sostener su mayoría legislativa en Diputados -que le permitiría a Sheinbaum aprobar sus presupuestos y sus reformas de la segunda mitad del sexenio-, pero sobre todo, para las elecciones en los 17 estados que renuevan sus gubernaturas y los 32 donde se juegan municipios y Congresos locales. A la muestra de unidad que escenificaron en enero las dirigentes Luisa María Alcalde (Morena), Karen Castrejón (PVEM), y el líder del PT, Alberto Anaya, se sucederán varios eventos más en las semanas y meses por venir.
De cara a la elección de 2027, Morena movió la primera ficha al anunciar las reglas y las fechas de selección de sus candidaturas; un proceso adelantado que nuevamente desafía las reglas electorales, que arranca a partir del próximo 22 de junio. El Verde lo secundó, anunciando 17 perfiles que podría postular en 2027, de los cuales solo la senadora Ruth González Silva, esposa del actual gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo, podría ganar sin ayuda de Morena. Y el PT comienza a presionar
Para el oficialismo, y para la oposición, el 2027 está a la vuelta de la esquina.
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