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Los malabares de Ignacio Mier para contentar a Sheinbaum sin renunciar al PT

El plan B electoral fue la prueba de fuego del nuevo coordinador de Morena en el Senado, quien destaca como un logro mantener la alianza con unos socios que frustraron el proyecto del Ejecutivo

Adán Augusto López e Ignacio Mier durante la discusión del Plan B en el Senado, el 25 de marzo.Daniel Augusto (Cuartoscuro)

Ignacio Mier lleva poco más de un mes como coordinador de la fracción de Morena en el Senado, pero su primera gran prueba llegó apenas esta semana, cuando el Ejecutivo de Claudia Sheinbaum puso en sus manos una nueva versión, menos agresiva, de su proyecto de reforma electoral, el llamado plan B. Tras el fracaso de la propuesta inicial en la Cámara de Diputados, Mier apareció ante el Ejecutivo como un facilitador que podría conducir a buen puerto el nuevo proyecto, sobre todo en lo referente a la revocatoria de mandato presidencial, el tema más espinoso. Si bien se aprobó un cúmulo de cambios constitucionales, ese no pasó gracias a la resistencia del Partido del Trabajo (PT). Algunos sectores del oficialismo acusan a los petistas de insubordinación y apuntan a una derrota de Mier como operador político. El entorno del coordinador, por el contrario, considera que este contuvo al Ejecutivo y evitó una fractura en la coalición gobernante de cara a los comicios de 2027. El propio Mier preconizó, tras la votación en el Senado: “Quienes soñaban con la división de nuestro movimiento, otra vez se quedaron con las ganas”.

La piedra angular del plan B concernía a la revocatoria de mandato, que Morena quería hacer coincidir con los comicios intermedios el próximo año. El objetivo era conseguir votos aupándose en la robusta popularidad de Sheinbaum. La oposición ―formada por el PAN, PRI y MC― señalaba ese juego doble y el uso electoral de un instrumento ciudadano que, en teoría, tendría que servir para obligar a los malos presidentes a rendir cuentas, no a ir a la caza de votos. El PT, un partido histórico de izquierda y viejo aliado de movimiento obradorista, respingó por un punto del proyecto que le afectaba indirectamente. Dado que, conforme a la iniciativa de reforma, Sheinbaum tendría permitido promocionar el ejercicio de revocación frente a la ciudadanía, existía el riesgo de que esa aparición llevase todos los votos únicamente a Morena, no así a sus aliados, el PT y el PVEM, que podrían quedar desfondados.

Los petistas fueron intransigentes en ese asunto. Sheinbaum ha comentado este jueves, tras la aprobación de un plan B descafeinado en el Senado, que los partidos aliados tuvieron “temor” a perder votantes con ella en la boleta y afirmó que la decisión de no avalar ese y otros cambios es “malo para el país”, cargando la responsabilidad en las fuerzas que se opusieron. A decir de algunos senadores del bloque gobernante, las exigencias y dudas del PT eran razonables, pese a lo cual, hubo un intento de Morena de arrollarlos. “Los aliados no pueden ser vistos como entes subordinados; en un movimiento tan diverso y plural como lo es la Cuarta Transformación, no tiene cabida el pensamiento único”, destaca el senador morenista Javier Corral, que estuvo cercano a las negociaciones. “No somos grupo cerrado que oye, calla y obedece. Ahí, el cálculo y el trato hacia los aliados fue brutalmente equivocado. Atemperar ese ánimo, y reconstruir los puentes del entendimiento fue la tarea de Mier”, agrega.

Luego de que la propuesta original de Sheinbaum (el plan A) naufragó en la Cámara de Diputados ―también por la negativa de los petistas―, el Ejecutivo cambió sus objetivos, no así sus métodos. Perdido el primer lance en un intento por recortar el financiamiento a los partidos y reducir los escaños plurinominales, la nueva apuesta de Morena se centró en la revocatoria de mandato. Pero la estrategia de presionar a sus socios se mantuvo, al grado de que el Ejecutivo obligó al PT y al PVEM a firmar un documento en el que comprometían sus votos al plan B. El partido dominante estaba torciendo demasiado el bastón, a riesgo de romperlo. “Ni el PT ni el PVEM son Morena, ni son sucursales o franquicias”, señala el senador Manuel Huerta. “Son partidos políticos con identidades y con historias diferentes. Son sus decisiones, sus visiones, y cada uno va a tener que asumir sus responsabilidades históricas”, añade.

Este jueves, Máximo Allende, un influencer de Morena, colgó a sus redes un video en el que se le ve afuera del edificio de la dirigencia del PT, cambiando con un letrero sobrepuesto el nombre de la formación a “Partido de los Traidores”. Otras cuentas de bots vinculadas a Morena han hecho llamados a votar contra el PT en 2027 para “desaparecerlo”. “Yo no considero que sea motivo para estigmatizarlos o señalarlos”, difiere Huerta. “Al contrario, con ellos hemos logrado muchos de los cambios y del andamiaje institucional. Y el PT en particular fue muy solidario con la transformación en momentos muy difíciles”, puntualiza. El senador Corral incide en que la coalición gobernante “estaba tocada seriamente y al borde de la ruptura” cuando se llegó a la votación en el Senado, debido al trato de Morena a sus socios. “Esencialmente, el PT está pagando la ira de la 4T”, señala, y destaca el oficio político del jefe de la bancada. “Mier supo convencer de que nada del plan B valía la pena, so pena de la ruptura”, refiere. “Operó con inteligencia, colocando con claridad los escenarios (riesgos y desafíos) de la revocación. Y supo plantear: ¿revocación o coalición?”.

Mier sustituyó en enero al influyente Adán Augusto López como coordinador de la fracción morenista en el Senado. López tenía reputación de ser un habilidoso operador político, aunque con métodos a veces cuestionables, de la persuasión a la presión sobre los opositores y disidentes. Los allegados de Mier hacen un buen balance de la gestión del jefe de bancada: se mantuvo la alianza y, sobre todo, se logró “no convertir el revocatorio en un instrumento electoral de Morena”, a decir de Corral, y “se mantuvo un diseño constitucional y legal que no siga inquietando mercados e inversionistas”.

Con información de Ernesto Núñez

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