Sinaloa camina al primer mes con menos de 100 asesinatos en el año y medio de guerra entre Chapitos y la Mayiza
La violencia sigue presente en el Estado, como el presunto enfrentamiento de marinos con civiles que dejó 11 muertos la semana pasada, pero la inflamación criminal muestra los primeros signos de remisión


La estadística delictiva muestra una inercia positiva en Sinaloa, la primera en año y medio, tímida, naciente, pero tendencia al fin y al cabo: los asesinatos se inclinan finalmente a la baja. La guerra entre facciones criminales en el Estado ha subyugado a la población durante los últimos 18 meses, tiempo en que las autoridades han contado cada mes entre 110 y más de 200 homicidios intencionados. Marzo podría romper a la baja la cifra de los 100, situación que no se ha visto desde agosto de 2024. Según el informe diario del Gabinete de Seguridad, hasta el 22 de este mes, el Estado contaba 56 víctimas de asesinato.
Parece algo menor, pero visto el pasado reciente en la zona, las cifras son para celebrar. Desde principios de septiembre de 2024, Sinaloa sufre las consecuencias de la cruenta batalla que mantienen las facciones de los Guzmán y los Zambada, antiguos integrantes del implosionado Cartel de Sinaloa, antaño una de las organizaciones delictivas más poderosas del país con una fuerte participación en el negocio de la producción y el tráfico internacional de drogas. Culiacán, Navolato y las comunidades y municipios de alrededor han sido los más afectados, sin olvidar la joya turística del sur, Mazatlán.
La guerra ha dejado picos altísimos de violencia homicida, caso de junio de 2025, que concluyó con 212 asesinatos en el Estado, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que emplea las cifras que le mandan las fiscalías estatales. Por contraste, el mismo mes del año anterior, antes de que iniciaran las hostilidades entre facciones, Sinaloa contó 46 víctimas de asesinato. Desde que empezó la guerra y hasta el 22 de marzo, el Estado cuenta 2.680 víctimas de asesinato, según datos del secretariado –de septiembre de 2024, a febrero de 2026– y del informe diario del Gabinete de Seguridad para las tres primeras semanas de marzo.
A lo largo de este año y medio, la inseguridad en la región ha trascendido a la violencia homicida. Es el caso de las personas desaparecidas, otra de las tragedias de esta guerra entre criminales. Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, de la Secretaría de Gobernación, Sinaloa cuenta 1.518 víctimas desde el 9 de septiembre de 2024, personas desaparecidas no localizadas, la mayoría en Culiacán, Mazatlán y Navolato. El registro muestra una tendencia a la baja en el número de casos registrados desde el verano pasado, acentuada a principios de este.
Las cifras de personas desaparecidas, objetivos del crimen por venganza, trata o simplemente para que pasen a integrar sus filas, permanecen, sin embargo, en cuarentena. El Gobierno que dirige Claudia Sheinbaum ha anunciado la presentación de una nueva base de datos de carpetas de investigación de personas desaparecidas, una versión supuestamente mejorada del registro, herramienta que tomará los casos directamente de las pesquisas que abran las fiscalías, una manera de ordenar el caos burocrático que ha supuesto esta tragedia en el país.
Más allá de los delitos contra las personas, la violencia en Sinaloa ha apuntado también al patrimonio de los ciudadanos. En el caso del robo de vehículos, disparado desde septiembre de 2024, la tendencia apunta igualmente a la baja. Aunque los datos que maneja la Fiscalía de Sinaloa en su página web difieren de los del secretariado, ambas cuentas reflejan una incidencia a la baja de este delito. Según el secretariado, Sinaloa contó 224 robos de vehículo de cuatro ruedas en febrero, la menor cifra desde 2024.
El problema de la estadística es que a veces no refleja del todo la situación de una región. Mazatlán y alrededores, por ejemplo, han sufrido casos de violencia de alto impacto en los últimos meses, como la desaparición de un grupo de cuatro turistas del Estado de México, en febrero, o de un grupo de 10 trabajadores mineros, en enero. Los primeros no han aparecido. De los segundos, solo han sido localizados siete cuerpos en unas fosas. Además de estas situaciones, los bloqueos y enfrentamientos en las carreteras que comunican la ciudad con el sur y con el vecino Estado de Nayarit, han puesto a las autoridades en alerta.
En Culiacán y Navolato la situación es parecida. La estadística refleja un cambio a la baja en la violencia del crimen, pero año y medio de guerra, que se ha sentido especialmente fuerte en la ciudad, exige un cambio sostenido para que la población sienta que el peligro queda finalmente desterrado. Situaciones como el enfrentamiento entre marinos y civiles la semana pasada al sur de la ciudad, que dejó al menos 11 muertos, abonan una dirección distinta.
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