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México genera cada año 9.000 albercas olímpicas de agua contaminada con hidrocarburos

El declive petrolero duplica en 25 años la cantidad de agua con metales pesados que se inyecta en la tierra, de acuerdo a un análisis de una organización ambiental

Refinería Olmeca en Tabasco, el 23 de marzo.Luis Manuel Lopez (REUTERS)

Del año 2000 a la fecha, el agua contaminada resultado de la extracción petrolera se duplicó, pasando de 12 a 23 millones de metros cúbicos. Esto supone que México genera actualmente cada año más de 9.000 albercas olímpicas de agua contaminada con elementos como hidrocarburos, salmuera y metales pesados, que en su gran mayoría es inyectada a la tierra en los llamados pozos letrina. La autoridad responsable, la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente, prepara una nueva norma para regular este tipo de desechos, poco analizados por la academia y que crecerán si, como todo apunta, el Gobierno mexicano vuelve a usar el fracturamiento hidráulico para extraer hidrocarburos.

El informe Pozos Letrina: Residuos petroleros inyectados en las profundidades, elaborado por CartoCrítica, una asociación civil mexicana dedicada a la investigación ambiental, expone los riesgos. “Un pozo letrina es un pozo de inyección profunda que se usa para disponer residuos o desechos tóxicos de la extracción de hidrocarburos”, explica Carla Flores Lot, una de las autoras del estudio. “Cuando los yacimientos están maduros tienen cada vez menos recursos, menos petróleo o gas, y existe un fenómeno donde por presión, se filtra más agua en el pozo, por lo que aumenta la cantidad de aguas cuando el yacimiento es más pobre”, añade.

El trabajo usa como base los reportes de sostenibilidad que Pemex publica desde hace 26 años, que tienen datos del volumen de “agua congénita generada”, que incluye tanto el agua congénita en sí —el líquido atrapado en la roca del yacimiento desde su formación en específico y que se libera cuando hay extracción—, como el agua producida, que es la que sale a la superficie junto con los hidrocarburos durante la extracción de petróleo y de gas, y el agua de retorno, el fluido inyectado para estimular la producción durante procesos como la fracturación hidráulica. Ya se da por hecho que México volverá a usar este grupo de técnicas petroleras, que necesita de enormes cantidades de agua combinada con químicos, tras los años del veto impuesto por la Administración de Andrés Manuel López Obrador. De acuerdo con el actual Gobierno, el regreso del fracking pretende insuflar nueva vida a las exiguas reservas mexicanas de gas.

En el año 2000, conforme a los datos de Pemex y de la extinta Comisión Nacional de Hidrocarburos, el total de las aguas congénitas era de 11,9 millones de metros cúbicos, equivalente a 11.900 millones de litros de agua contaminada. En 2010, se producía un volumen similar, pero a partir de ahí se dispara hasta los 23 millones de metros cúbicos de 2023, los últimos datos publicados, con un pico en 2020 de 30 millones. En paralelo, la producción petrolera de México fue cayendo, bajando de los 3.000 millones de barriles diarios en el año 2000 hasta los 2.000 millones en 2023. La mayoría de la producción petrolera del país viene de campos en una etapa madura, con una producción en declive.

Del último año, el 77%, sobre 18 millones de metros cúbicos, fue reinyectado al subsuelo en pozos letrina, mientras el resto se descargó a ríos, lagos y mares, supuestamente tras recibir un tratamiento. Este tipo de desechos contienen “hidrocarburos, salmuera, metales pesados y diversos elementos potencialmente tóxicos”, siendo problemáticas las “consecuencias ambientales de la disposición inadecuada de estos desechos, pues la filtración de contaminantes puede llevar a la contaminación del suelo y de acuíferos, afectando la calidad del agua potable y los ecosistemas circundantes”. Una de las grandes dificultades que se encontraron en la investigación fue una opacidad institucional sistemática, ya que por razones de seguridad nacional y secreto comercial, las autoridades no permiten que se sepan datos como la ubicación y composición química de estos vertidos y pozos.

En este contexto petrolero, con el declive de los campos, la búsqueda de nuevas reservas y la vuelta del fracking, la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente prepara una nueva norma, llamada Manejo de agua producida y/o fluido de retorno asociado a la exploración y extracción de hidrocarburos, que sustituirá a la vigente, promulgada en 2003. Flores Lot, que con CartoCrítica presentó comentarios a la convocatoria de consulta pública del proyecto, arguye que aunque es una mejora, sigue teniendo muchas deficiencias.

Entre ellas, destacan “diversos vacíos regulatorios, asimetrías en los estándares de protección entre medios receptores, excesiva remisión a permisos administrativos sin parámetros vinculantes y ausencia de criterios técnicos mínimos en apartados clave como análisis de riesgos, límites de descarga, evaluación de integridad e inyección en formaciones receptoras”. Esta nueva regulación, como una nueva pista del camino que ha tomado el Gobierno de México, ya incluye apartados específicos para fracturamiento hidráulico.

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