Morras Chidas, la gran apuesta de una joven potosina para impulsar el arte femenino
Carolina Leija fundó en San Luis Potosí el proyecto que busca plasmar la obra de mujeres artistas emergentes en un calendario anual


Una idea cruzó la mente de Carolina Leija (San Luis Potosí, 27 años) cuando la pandemia confinó al mundo y convirtió las redes en una especie de ciberrefugio. La estudiante potosina subía sus trabajos a Instagram y veía cómo otras artistas hacían lo mismo. Esa situación fue una tierra de cultivo para que surgiera Morras Chidas, un proyecto para difundir los trabajos más allá del soporte digital. “Quisimos hacer algo que apoyara a artistas emergentes para que pudieran mostrar su trabajo. Había proyectos o concursos que buscaban gente con más trayectoria, pero, ¿cómo vas a tener trayectoria si nunca se te da la oportunidad de participar?”, explica al otro lado de la pantalla. El proyecto ha mantenido desde entonces el desarrollo de un calendario con trabajos de artistas emergentes como eje central de la iniciativa, aunque también han apostado por los talleres creativos y exposiciones. La idiosincrasia de Morras Chidas pasa por tres principios: la originalidad, el respeto y el rechazo a los discursos de odio o sexuales.
En aquellos inicios, Leija dedicaba una parte de su tiempo a enviar mensajes por Instagram a artistas de San Luis que no conocía, pero admiraba. Les planteaba la idea del proyecto, pero admitía que todavía no sabía el margen de ganancia que podría tener en el futuro. Unas seis artistas participaron en la primera edición del almanaque. Este año, asegura, ya han sido 12. Leija coordina ahora el pequeño proyecto junto a su compañera Mayra Castillo, de 24 años, a la que conoció en la universidad. Cuentan que es complejo compaginar el proyecto de Morras Chidas con sus trabajos y con los últimos años de universidad. “Es algo complicado, pero que se hace igual desde el cariño al proyecto”, dice Castillo.
La también potosina entró al proyecto hace unos dos años (“yo admiraba mucho su trabajo”, reconoce Leija), tras un tiempo de idas y venidas por otras compañeras. En esos años realizaron talleres y actividades como las drink and draws (para beber, dibujar y convivir). “Queremos sacar otras actividades, que no sea nada más el calendario, que se extienda a lo largo del año y que así la comunidad pueda hacerse más fuerte”, cuenta Castillo. Es parte de la idea con la que buscan transformar Morras Chidas en una especie de comunidad. “Queremos que el proyecto vaya todavía más allá. Normalmente tenemos chicas jóvenes [en la última edición participaron mujeres de 20 a 30 años, con alguna de 40], pero queremos también llegar a otros grupos, como a mujeres de la tercera edad o a niñas […] Siento que el proyecto ha madurado y ha crecido, pero todavía podría expandirse mucho más”, añade la artista.
El impulso de los proyectos femeninos en Morras Chidas trata de combatir la invisibilidad que han sufrido “en muchísimos sentidos” durante la historia. “También en las mujeres emergentes. Si bien hay espacios ya definidos para mujeres que a lo mejor tienen su carrera más consolidada –aun así es difícil–, considero que es todavía más complicado para las mujeres que apenas estamos dando como nuestros primeros pasos en el arte, el diseño o la ilustración”, explica Leija. Es por ello que apuestan por una red horizontal en la que pueden apoyar a otras para sacar el trabajo a flote.
Aunque las jóvenes han barajado nuevas iniciativas, el calendario sigue ocupando un lugar central y ya ha estado presente en algún evento de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Leija explica que supone una apuesta a una mayor visibilidad constante: “Siento que crea presencia. Implica que, si están buscando una diseñadora gráfica, saben que ahí tienen como esta pequeña sección amarilla donde pueden encontrar, al menos, el trabajo de 12 ilustradoras”. El pequeño proyecto solo ha tropezado en su andanza con algunos problemas menores, como el atraso en los tiempos por la entrega tardía de algún trabajo o por la ubicación de San Luis Potosí, una ciudad en pleno altiplano mexicano, que, expone Leija, limita el presupuesto. “Hacer impresiones acá es más caro que en otros estados de la República. Eso afecta, implica que tenemos que vender el producto más caro”.
Las coordinadoras de Morras Chidas anuncian en los últimos meses del año el nombre de las ilustradoras que participarán en el calendario; luego, inician la preventa. Las ventas han logrado ir en aumento desde el arranque del proyecto, hasta llegar al centenar en años anteriores. Este año –por el momento y tras una segunda preventa completa– llevan alrededor de unos 80. “Esta vez nos pasó que cuando entregamos las ventas, las personas nos preguntaban: ‘Van a sacar más, es que yo quiero otros dos’. Una chica nos pidió otros seis”, concluye Leija.
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