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Helen Álvarez: “Me niego a que los feminicidios sigan siendo señal de disciplinamiento hacia las mujeres”

La madre de Andrea Aramayo, una joven asesinada por su pareja en Bolivia, y Nina Carrasco, directora del documental ‘Me niego rotundamente’, hablan sobre la violencia machista, romper el silencio y la colectividad como un camino para sanar

Fotograma del documental 'Me niego rotundamente' de Nina Wara Carrasco Estación Marte Films

Helen Álvarez aún habla en presente de su hija Andrea Aramayo. “Lo bailarina que es mi hija”, dice con una sonrisa. La joven fue asesinada por su pareja en Bolivia hace ya 11 años. Para Álvarez, feminista y activista desde los años 90, no ha habido consuelo pero sí esperanza de que un día se pueda decir que “no fue en vano” la lucha que ha librado en los tribunales y en las calles de Bolivia para que haya justicia. Primero, para que se reconociera lo ocurrido como un feminicidio, luego contra la indolencia del Estado que pretendía que su asesino, William Kushner, cumpliera una condena en libertad y sin custodia policial.

La historia de Aramayo es el punto de partida de Me niego rotundamente (Estación Marte Films, 2025), el documental de la cineasta mexicana-boliviana Nina Wara Carrasco Gómez, que se estrena el 10 de marzo en la Cineteca Nacional dentro del festival Ambulante. La directora, prima de Aramayo, encontró en esa historia una forma de explorar su propia identidad a través de la reconexión con su familia materna en Bolivia, de la que creció distanciada al vivir en México.

Trailer de 'Me niego rotundamente'
Vídeo: Estación Marte Films

Durante la película, Carrasco explora cómo la violencia contra las mujeres rara vez es un hecho aislado, sino parte de una genealogía de abusos normalizados que atraviesan a las familias y a la sociedad. El documental sigue ese rastro, pero también el poder de romper los silencios heredados y cómo el acompañamiento entre mujeres puede abrir un camino para sanar.

Pregunta. Helen, después de más de una década de lucha, ¿qué sintió al ver la película por primera vez?

Respuesta (Helen Álvarez). Ha sido muy fuerte, sobre todo porque recupera una historia familiar cargada de violencia. No es cosa de una ciudad, una familia o un país, sino algo socialmente muy invisibilizado: toda la violencia que hay sobre las mujeres en las familias, en el entorno que debería ser el más seguro.

Eso por un lado y, por el otro, durante 11 años, los medios y el aparato judicial te meten en una morgue permanente, en un espacio donde todo lo que se dice de tu hija está en función de ella muerta, de una autopsia, de lo más descarnado. La película hace lo contrario. Nina ha sabido recuperar de una manera superlinda toda la alegría y fuerza de mi hija.

P. La decisión de contar esta historia nace de un proceso personal de búsqueda de identidad entre Bolivia y México. ¿Cómo conectó tu propia historia con el caso de Andrea?

R (Nina Wara Carrasco). La película partió de querer entender quién era mi familia materna. Porque yo me fui a vivir a México cuando era muy chica y de alguna manera me exilié. Mi relación con Bolivia es compleja, también porque mi relación con mi abuela era muy difícil. Pero cuando murió decidí preguntarme quién era esta mujer y también quién soy yo a partir de la relación con ella. Descubrí que fue producto de una violación y que mi tatarabuelo fue un hombre tremendamente abusivo.

Un día mi mamá me llamó para contarme que habían matado a Andrea. En un viaje a Bolivia, conocí a Helen, la cité para vernos. Hablando con ella sobre lo que le ocurrió a mi prima pensé en la cercanía y la probabilidad que yo tuve para también morir en esas circunstancias. En México hablamos del violentómetro y nos dicen que la violencia escala de verde a rojo. En el caso de Andrea, nunca llegó al rojo; se quedó en el verde —el gaslighting, el control psicológico— y en el verde la mataron. Entendí que la violencia no es una progresión lógica, es un esquema mucho más complejo.

Una pregunta que me surge con esta historia es ¿qué podemos esperar del resto de las mujeres cuando Andrea murió después de tener una educación como la que tuvo? Porque Helen ha sido feminista desde los años 90. Es una mujer que crió a su hija en otro esquema, rompiendo paradigmas.

P. Una parte conmovedora de la película es el papel que tienen otras mujeres. Helen, ¿qué ha significado para ti el acompañamiento y la lucha con otras mujeres?

R (HA). Sin el respaldo de Mujeres Creando, que lleva 30 años en esta lucha, yo no habría aguantado. El sistema judicial está estructurado para aislarte, para decirte que ‘solo tú eres la víctima’ y separarte de tu entorno. El colectivo ha sido mi coraza. Cuando mataron a Andrea yo ya había comenzado a ver temas de violencia contra las mujeres y feminicidio en Bolivia, y sabía que este tipo de casos traen consigo la condena social, la criminalización y la descalificación de la víctima muerta. Esa es la materia prima de la defensa de los feminicidas. Entonces, lo que hemos logrado como colectivo ha sido transparentar, mostrar todo lo que pasaba en el proceso y denunciar. Si bien el caso de Andrea ha tenido su curso en los tribunales, también ha tenido una presencia muy fuerte en las calles. Gracias a esa movilización, la gente me reconoce en la calle y me dice “estoy contigo”. Eso es la justicia feminista, que tiene que ver también con enfrentar esa impunidad social que culpabiliza a las mujeres de la violencia que sufren, o a las madres por no saber criar a nuestras hijas.

P. Nina, ¿de dónde viene o qué significa el título del documental?

R (NWC). Surgió de un poema que me mandó una amiga y de una carta que me escribió mi madre. Pero al final se quedó porque es una negativa rotunda a que sigan pasando estas cosas, a que todavía culpen a las mujeres de su propia muerte por irse de fiesta, a que sigamos viviendo con miedo.

P. ¿A qué se niegan rotundamente?

R (HA). Yo me niego rotundamente al manoseo de la justicia, a permitir la impunidad: la jurídica y la social. Me niego rotundamente al olvido. Me niego a que los feminicidios continúen siendo una señal de disciplinamiento hacia las mujeres. Cuando Andrea murió, muchas madres veían el encierro de sus hijas como una forma de evitar violencias. Yo me niego a que nos arrebaten la libertad, la alegría y nuestra locura.

R (NWC). Yo me niego a que sigamos siendo cifras. Espero que la película rompa los silencios que solo protegen a los abusadores. Que Andrea sea reconocida como la mujer que tuvo una vida y una historia, no como un número en un reporte policial. Que las mujeres que la vean puedan preguntarse sobre sus violencias vividas y pensar en colectividad cómo romper con eso.

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