Un estudio en pacientes mexicanos revela detalles inéditos del melanoma acral, el subtipo de cáncer de piel más común en Latinoamérica
La investigación revela que la ascendencia de una persona influye directamente en el tipo de mutaciones que desarrolla y evidencia la brecha en investigación clínica en poblaciones no europeas ni estadounidenses


Durante décadas, el melanoma acral, un cáncer de piel agresivo que aparece en las palmas de las manos, las plantas de los pies o debajo de las uñas ha sido considerado raro en la literatura médica por su baja incidencia en Estados Unidos y Europa. Sin embargo, se trata del tipo de melanoma más frecuente en Latinoamérica: en México, este cáncer para el que no existe un tratamiento específico, es responsable de la mitad de los 3.500 diagnósticos anuales de melanoma, la mayoría en etapas avanzadas debido a la localización atípica de las lesiones y su crecimiento silencioso. Este fue el escenario que en 2015 llevó a Daniela Robles-Espinoza, coordinadora del Laboratorio Internacional de Investigación sobre el Genoma Humano (LIIGH) de la UNAM, a embarcarse en una investigación a largo plazo sobre los misterios genéticos detrás del melanoma acral. El resultado, un estudio pionero realizado con muestras de pacientes mexicanos, revela detalles inéditos sobre los genes y las mutaciones responsables de este cáncer y sienta la bases para el desarrollo de tratamientos efectivos.
Un melanoma se origina cuando los melanocitos —una clase de células que producen el pigmento natural de la piel— sufren mutaciones genéticas y se multiplican de forma descontrolada. A diferencia de otros cánceres de piel, el acral no está ligado a la radiación ultravioleta y por lo tanto, no aparece en las zonas del cuerpo más expuestas a la luz solar. En su lugar, las lesiones aparecen en forma de lunares asimétricos, con bordes irregulares y de más de una tonalidad. “El retraso en su diagnóstico suele asociarse con su localización atípica y con errores diagnósticos iniciales. La mayoría de pacientes han consultado previamente a varios médicos y recibido tratamiento para otras patologías”, explica a EL PAÍS Héctor Martínez Said, oncólogo y subdirector de cirugía en el Instituto Nacional de Cancerología, cuya participación en el estudio fue clave para pasar de la medicina clínica al análisis genómico. Actualmente, el melanoma acral se trata de forma similar a otros tipos de cáncer de piel, a pesar de que posee características que lo hacen particular.

El estudio publicado en Nature revela que el origen genético de una persona influye directamente en el tipo de mutaciones que desarrolla su cáncer. “Como la población mexicana es mixta, tenemos distintas proporciones de diferentes ancestros, principalmente ancestría amerindia, europea y africana”, afirma Patricia Basurto, primera autora del estudio. La investigación demostró que los pacientes con mayor proporción de ancestría europea presentan con mayor frecuencia mutaciones en el gen BRAF, un gen clave en otros cánceres, mejor estudiado y para el que existen terapias específicas. En contraste, los pacientes con una alta ancestría amerindia (el común denominador en la mayoría de mexicanos) suelen desarrollar mutaciones en otros genes que aún no han sido investigados a fondo, un factor que explica porqué algunas terapias actuales contra el melanoma acral resultan menos efectivas en los pacientes latinoamericanos.
El artículo también sugiere que, a diferencia de lo que se creía hasta ahora, los tumores de melanoma acral pueden originarse a partir de dos tipos de melanocitos distintos, un factor que puede resultar decisivo en el desarrollo de terapias efectivas. “Sabemos que los diferentes tipos celulares responden mejor a tratamientos distintos y conocer el origen celular de ciertos tumores podría ayudar a encontrar estrategias de tratamiento”, dice Robles-Espinoza al respecto.

Los estudios genómicos son claves para conocer a detalle cómo evoluciona cada tipo de cáncer e identificar las mutaciones específicas que provocan su replicación. “Estudiar la genética de los tumores no solo nos puede enseñar cómo evolucionan, también qué genes están siendo afectados y generar fármacos dirigidos especialmente contra el efecto de esas mutaciones”, explica Basurto mientras ejemplifica los avances en el melanoma cutáneo —el más estudiado entre los melanomas— y cómo a partir del hallazgo de una mutación común en más de la mitad de los tumores fue posible desarrollar tratamientos especialmente dirigidos con muy buenos resultados. “Se trata de un proyecto clave para comprender las diferencias biológicas y clínicas del melanoma acral en comparación con otros subtipos de melanoma, que son precisamente aquellos para los que se han desarrollado las terapias actuales”, añade Martínez Said.
La investigación, resultado de una colaboración entre la UNAM, el Instituto Nacional de Cancerología, el Instituto Nacional de Medicina Genómica y otros organismos de Brasil e Inglaterra, es una contribución para entender cómo se desarrolla el cáncer en la población mexicana. Robles-Espinoza la define como “un atlas de un cáncer poco estudiado en una población poco estudiada, algo que resulta muy escaso”. Los resultados también evidencian la brecha de representatividad en la investigación clínica mundial, un sesgo presente en estudios, ensayos y pruebas que concentra las muestras en poblaciones de las regiones con redes de investigación consolidadas, como Europa y Estados Unidos, y excluye datos de grupos como latinoamericanos, africanos o asiáticos. “Prácticamente todos los estudios que había de este tipo de cáncer estaban hechos en poblaciones europeas y había un hueco en la investigación que podría tener implicaciones en el tratamiento para ayudar a conocer más sobre esta enfermedad en mexicanos”, argumenta Robles-Espinoza, al mismo tiempo que hace un llamado a impulsar la ciencia colaborativa en la región: “Hay que cerrar la brecha en investigación clínica en este país y en Latinoamérica. Es difícil por muchos factores, pero hay que trabajar juntos para lograr estudiar nuestras poblaciones y poder desarrollar terapias que sean útiles aquí, que tengan un impacto en los pacientes de aquí”.
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